Auge y caída de la sexta República

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Dios, dice la Biblia en el Génesis, escribe recto en líneas torcidas. Si Falcón no existiera, hubiéramos tenido que inventarlo. Introdujo el chavismo de contrabando en las filas de la MUD, como en su momento lo hiciera Arias Cárdenas de la mano de Teodoro Petkoff en la Coordinadora Democrática, y contribuyó, de la mano esta vez de Henrique Capriles, a dividirla entre halcones y palomas. Se sumó finalmente, consciente o inconscientemente a los esfuerzos de la dictadura por hundirse ella y llevarse por delante al llamado Frente Amplio. Sirviendo como un iceberg al naufragio de lo peor que sobrevive de la vieja politiquería de la Cuarta República: de AD a COPEI y del MAS a la ultra izquierda. Tenían que ser desalojados junto con el tirano, tarea ingrata y compleja facilitada por el último fogonazo de la tiranía cubana: ofrecerles compartir los despojos del festín y rastrojear entre los manteles para agarrar manque sea fallo. Han creído posible la última salida in extremis del tirano, sobre la plataforma de una sexta república: Maduro en la presidencia, Falcón en la vicepresidencia, Eduardo Fernández en la cancillería y así sucesivamente. Fue atribuirle demasiada astucia a los cubanos y su hombre en Caracas. Fueron a por todas, y saldrán trasquilados.

Falcón no compartirá con Maduro otra cosa que la derrota y saldrá de esta mala tragedia, acompañado por sus alabarderos, por la puerta de servicio. Ya reconocen algunos electoreros y dialogantes que lo empujaron al escenario que Falcón ha sido desplazado del coprotagonismo por Tibisay Lucena al tercer lugar. Y que, con ello, él y todos los que lo han avivado: Fermín, los Fernández y Hernández, los Márquez y ese jolgorio de noveleros, teatreros, comunicadores y abajo firmantes que se sumaron a la banda serán arrasados del panorama político venezolano. Tant mieux! El lastre debe ser desprendido de la carga de la República si queremos reflotarla. Y si flotan en la república del futuro, cada vez más próxima y cercana, será como la maroma en el mar de los sargazos. Plomo en el ala de un pájaro muerto.

Obama creyó que pasaba a la historia aferrándose a los Castro. Se hundió entre los restos de los cadáveres devorados por los tiburones. No lo recordará ni su familia africana. Trump sabe que ya está ingresando a la historia por enfrentarse, cual San Jorge, a todos los dragones: le ha bastado estirar la cuerda para despacharse a Kim Jon Un, se está despachando a los iraníes, tiene empachados a chinos y rusos y ha puesto en la mira de sus iracundias a Venezuela, Nicaragua y Cuba. Que caerán en los tiempos que restan en el mismo orden de preminencias.

No es una simple amenaza. Actúa, como diría Parménides, el presocrático, “según el orden del tiempo”. En Colombia vencerá Iván Duque, que conformará junto con Donald Trump, Pompeo y Mike Pence la tenaza que estrangulará a Maduro. Si llegara a ganar López Obrador en México, se cuidará de avivar el fuego de la xenofobia antimexicana rompiendo lanzas por el nuevo gobierno cubano y saliendo en defensa de Maduro. Su política exterior será moderada e irá a lo suyo: atraer inversiones y desarrollar su economía. Políticamente, el terreno está llano para el despeje. La próxima década verá un gobierno democrático en Cuba y el luminoso renacimiento de Cuba como en sus mejores tiempos. Renacerá el Caribe “y pagarán su culpa los traidores…”

Venezuela debe aprontarse para un gobierno de transición, preparar su milagro económico – apuesto a Miguelito Rodríguez en el papel del Ludwig Erhardt venezolano – y coronar el gran empuje hacia la Segunda Independencia: el predominio hegemónico del liberalismo político e ideológico en la región.

Será una tarea de las nuevas generaciones. Sin el sargazo de partidos esclerotizados ni trasnochados líderes de pacotilla. Presagio un futuro luminoso. Justo pago a dos décadas de sufrimientos y torturas. Que Dios nos escuche. @sangarccs
Antonio Sánchez García