El TIAR, la OEA, Insulza y la Guerra Fría

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El socialista chileno José Miguel Insulza, apodado “el tanque” por su altísimo y destructivo poder de fuego en defensa de sus ambiciones de poder por sus congéneres de la política chilena, aunque angelical e intrascendente en su papel de Secretario General de la Organización de Estados Americanos, OEA, - se le recuerda obsecuente, servil e inútil al servicio de Hugo Chávez, los Castro, el Foro de Sao Paulo y su amigo uruguayo Tabaré Vásquez, sin olvidar su ominosa intervención a favor de Pinochet y el pinochetismo en el caso de su prisión londinense - acaba de declarar su inconformidad por el recurso al TIAR por parte de la oposición venezolana y su aprobación por parte de la Asamblea General. Le disgusta el recurso a un instrumento de tiempos de la Guerra Fría, pero le fascina gastar pólvora en los zamuros castristas, los propios herederos de esa misma guerra. Ve “el guatón Insulza” la astilla en ojos venezolanos, pero se niega a advertir la viga que carga en los suyos. Y no le avergüenza compararse con Luis Almagro, un ejemplo de probidad y coraje frente a su corrupta cobardía en favor del castro comunismo. Todo lo cual también sería intrascendente si los chilenos abrieran los ojos y vieran la realidad de ese tanque de cartón piedra. No parecen dispuestos a tal faena de higiene política, toda vez que hasta le permiten hacer de presidenciable. ¿Vergüenza mayor para un país bragado e intraficable en la defensa de sus tradiciones republicanas que verse presidido por un tartufo del más añejo y fétido socialismo latinoamericano?

Deben entender de una vez por todas los marxistas chilenos, en especial uno de sus prohombres, el ex presidente Ricardo Lagos, que pusiera a Insulza al frente de la OEA, como haría luego con otro ejemplar del mismo corral llevada a la ONU, la socialista Michelle Bachelet, que el caso venezolano ha adquirido la misma gravedad, o aún mayor, que la que alcanzara el caso Salvador Allende. De cuyo derrocamiento se acaban de cumplir 46 años. Que si debió salir aventado del Poder por la intervención armada del general Augusto Pinochet, fue por la práctica imposibilidad de una salida pacífica, constitucional y electoral, tras imposiciones en contra de todos los partidos de la Unidad Popular, con la excepción del Partido Comunista de Chile, más en razón de su alineamiento con la URSS y su política de coexistencia pacífica, que por otras razones tácticas o estratégicas dictadas por la realidad nacional chilena.

No es por honrar la Guerra Fría, como cree en su estúpida consideración José Miguel Insulza, que los venezolanos hemos recurrido al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca. Es por el fracaso contumaz al que el castrismo dominante ha llevado todos nuestros intentos de diálogo: los socios y aliados de Raúl Castro y del Sr. Insulza no piensan en dejar el poder que usurpan en Venezuela y quitarles a sus amos cubanos la gratuita mesada que le arrebatan a las bocas venezolanas. Pues saben que de terminar el expolio al que nos someten Raúl Castro y los comunistas cubanos, la mentada “revolución cubana” se desinflaría como un globo de goma, sus habitantes se morirían de hambre y volverían a los peores días del llamado “período especial”. Ya carecen de gasolina, gracias al bloqueo de las sanciones del gobierno Trump a los envíos petroleros de la narco dictadura venezolana. Y de seguir por este rumbo, volverá a masificarse la avitaminosis que encegueció a importantes sectores de la sufrida población cubana en los peores años del período especial, que hubieran acabado con la tiranía de no haber sido por la ominosa traición de un tropero venezolano que llegó a sacarles las patas del barro. Mientras nos hundía las nuestras.

No es una guerra fría, Sr. Insulza. Para los miles de venezolanos asesinados, encarcelados, perseguidos y torturados por el agente del G2 cubano, Nicolás Maduro, es una guerra lo suficientemente caliente como para poner en peligro sus vidas. Esa guerra de la que Ud. y la izquierda socialista chilena y continental que la respaldan son cómplices y alcahuetes. Si tendrá que implementarse la fuerza, la implementaremos. Jamás seremos esclavos y siervos de la tiranía cubana. Es hora de comprenderlo. @sangarccs

Antonio Sánchez García