Esquizofrenia en la historia política venezolana

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Coinciden la historiadora norteamericana Barbara Tuchman y el sabio germano judío Albert Einstein en considerar que la locura es, posiblemente, el ingrediente más entrañable y tenaz que determina la marcha de la historia. Tuchman, por considerar que la locura es la acción auto mutiladora emprendida por la inmensa mayoría de los gobiernos para actuar con saña y alevosía contra sus propios intereses. Einstein por llamar la atención por la reiteración de los errores cometidos por los hombres esperando que, mágicamente, los resultados de tales acciones no sean el fracaso y la devastación de siempre, sino la conquista y el predominio de la razón y la sensatez.

Bolívar, el más insensato de los hombres de su generación, inmerso en el caos y la desintegración llevada por él a los últimos extremos de la devastación, la Guerra muerte, reclamó luego y con desesperación el auxilio de los hombres sensatos. Yendo al extremo de solicitar poderes dictatoriales y entregarles las Repúblicas independizadas a norteamericanos y europeos, capaces de volver a estabilizarlas. Fue demasiado tarde, cuando al mirar retrospectivamente comprendió que nada ni nadie devolvería a la América española la paz, el bienestar y el provecho dejados por tres siglos de implantación colonial: todos estaban muertos. Y ni Europa ni los Estados Unidos estaban dispuestos – como lo siguen estando hasta el día de hoy - a entramparse en el complejo mundo hispanoamericano, como el mismo Bolívar lo comprendiera con dolor. Era demasiado el peso del legado de esos tres siglos destruido por acción de su mano armada y su delirante extremismo a todo evento. No habían nacido repúblicas, que llevarían bajo sus esfuerzos al mayor de sus sueños, jamás cumplido: la América unida en una sola nación, sino sociedades caotizadas, desencajadas por ejércitos impotentes, empeñados en luchas fratricidas, seducidas por aspiraciones delirantes, macondianas. La mitología griega encontró la representación perfecta de esa porfía de los hombres por empeñarse en desbaratar sus propios esfuerzos: Sísifo.

Ese sueño bolivariano, convertido en pesadilla, como supo presagiarlo el propio Bolívar al final de sus días, no sólo no se ha cumplido. Usurpado y ultrajado por quienes se reclaman de sus ideas, se ha convertido en la tea de la desunión, la ruptura y la desestabilización de todo un continente, que tiene al hemisferio al borde de la mayor crisis vivida desde el nacimiento de las repúblicas. Y en el provocador y causante, a la única nación que le negó todo respaldo al gigantesco esfuerzo independentista y sirviera con abyección y servilismo de última plataforma del esclavismo y el sometimiento de la corona española a cambio de unos ultrajantes y absurdos títulos de nobleza: la isla de Cuba. Cabe señalar que en los mismos años en los que Venezuela sacrificara a trescientos mil de sus ciudadanos en la lucha por liberarnos de la sumisión y el esclavismo español, la sacarocracia cubana, como llamara el historiador cubano Manuel Moreno Fraginals a la servil y arribista burguesía azucarera cubana, importó la misma cantidad en esclavos africanos. Mientras Venezuela se desangraba en los campos de batalla, llegaban a Cuba henchidos de esclavos los barcos del comercio esclavista hispano cubano. Hoy, sus herederos de ametralladoras en bandolera, los visten de médicos para seguir explotándolos en aquellos países dispuestos a seguir la farsa sangrienta.

Que el gobierno cubano, uno de los últimos sobrevivientes del mercantilismo esclavista del Siglo XIX, se haya apoderado de Venezuela, la patria de Bolívar, y, desde allí, uno de sus agentes coordine las acciones de desestabilización de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile, sin que en ninguno de esos países se alcen sus legítimos gobiernos, expulsen a los invasores y rompan relaciones con los gobiernos promotores de su ruina y su devastación, es confirmación de la teoría de Barbara Tuchman: El curso de la historia latinoamericana de estos últimos tres siglos está signado por lo que ella llamó “the march of folly”, la marcha de la locura.

¿Cómo interpretar si no el aberrante hecho de que Venezuela, la patria del Libertador, tenga a dos siglos de su Independencia, dos gobiernos, dos parlamentos, dos pueblos? Unidos por la violencia, la represión y el crimen, bajo la complaciente observancia de ejércitos impotentes, voraces y carentes del más mínimo sentido patriótico, Venezuela optó, libre y conscientemente, bajo ninguna otra presión que la de sus enloquecidas, irresponsables y traidoras élites – Rafael Caldera, Luis Alfaro Ucero, Arturo Uslar Pietri, José Vicente Rangel, y las dirigencias de todos sus partidos políticos – sumarse a la marcha de la locura, bloqueando en el parlamento los extraordinarios proyectos de Carlos Andrés Pérez, presentados por su ministro de economía, Miguel Rodríguez, y empujándolo a la cárcel, el exilio y la muerte a él y a algunos de sus colaboradores.

Es la esquizofrenia que ha signado la historia de nuestros últimos veinte años. No existen casos de locura que curen sus desvaríos con los mismos medios que la causaran. La esquizofrenia venezolana no será curada mediante artilugios homeopáticos. Llegamos al punto del desvarío en que la razón sólo sirve a la sinrazón. Llegó la hora de la fuerza. @sangarccs

Antonio Sánchez García