Este 23 de Enero

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¿Quién iba a imaginarse hace sesenta y un años que en otro 23 de enero, pero del 2019, el mismo pueblo que empujaba a la caída del General Marcos Pérez Jiménez e invocaba el respaldo de las fuerzas armadas libertadoras, con el apoyo y consentimiento de comunistas, socialdemócratas y socialcristianos, volvería a la carga, pero en un sentido diametralmente opuesto? ¿Quién iba a imaginarse que como producto de la perversión de esas mismas fuerzas armadas esos soldados y esos comunistas de entonces asaltarían el poder y sumirían a la Venezuela liberada en la peor pesadilla de toda su historia, devastándola hasta sus cimientos, expoliándola en toda la amplitud de sus riquezas, humillándola a los pies de los tiranos cubanos y ultrajando su esencia hasta hacerla irreconocible?

Ha corrido desde entonces mucha, demasiada agua bajo los puentes. Tanta, que muchos de quienes irán hoy a manifestarle su respaldo al nuevo presidente interino de la República, el joven diputado de Voluntad Popular Juan Guaidó, lo harán con la esperanza de que resurja en él y con él el patriotismo, el empuje, la ambición y el desarrollo propiciado durante esos diez años de dictadura comisarial perezjimenista. No son ni esa dictadura ni esa figura las temidas amenazas que nos acechan desde los cuarteles. Es el castro comunismo, enquistado en nuestras fuerzas armadas y en vastos sectores del pueblo como secuela de la expulsión de Pérez Jiménez del Poder. Es la lacra de impostura y maldad corporeizada en su comandante en jefe y su presidente usurpador.

Es, si se quiere, un gesto de disculpa y perdón por no haber comprendido que por aspirar a una libertad imaginaria y sin condiciones rechazando a saco una década de progreso, desarrollo y avance material, se le abrieron las puertas de la República a sus peores asaltantes, que acechaban desde la clandestinidad escudados en la engañosa utopía del socialismo. Lo comprendió a plenitud en su momento Rómulo Betancourt. En noble autocrítica a sus errores de 1945, cuando por montarse en el Poder sacrificó la mejor herencia del gomecismo en las figuras de López Contreras y Medina Angarita. No lo comprendieron los jóvenes de su partido, que en lugar de respaldar el renacimiento de su Patria uniendo a todas las fuerzas de la República se plegaron a su futura devastación fundando el MIR y desatando una guerra de guerrillas contra sus propios camaradas de partido, queriendo agarrarse del empuje del 23 de enero para imponer ya entonces la tiranía castro comunista que tardaría otros cuarenta años en imponerse, y sesenta para demostrar el brutal error que cometían. ¿Lo habrán comprendido?

Son las dos caras del 23 de Enero. Yo espero y quisiera que este 23 de enero, además de contribuir a erradicar a fondo las taras ancestrales que nos han traído a este trágico vertedero – el militarismo, el caudillismo, el populismo – propiciara la emergencia de una conciencia liberal democrática, emprendedora, plenamente capitalista. Que el cáncer de la mendicidad política y la indisciplina social sea extirpada de la conciencia del pueblo y el orgullo y la dignidad del emprendimiento conduzcan a nuestros ciudadanos por la senda del progreso.

Hagamos de este 23 de enero motivo de cambio y transfiguración, para que Venezuela renazca de sus ruinas y desechando vicios y taras del pasado y del presente nos convierta en el gran país del futuro que nos merecemos. Es la hora del cambio. A asumirla. @sangarccs

Antonio Sánchez García