“Adú” y el drama de los refugiados

Aquilino José Mata's picture

En una pista de aterrizaje en Camerún (África Central), un niño de seis años y su hermana mayor esperan la oportunidad para colarse en la bodega de un avión y, así, llegar a Europa. Cerca de allí, un activista medioambiental se enfrenta no sólo a la caza furtiva, sino también a su rebelde hija, recién llegada de España. Mientras, en Melilla, un grupo de guardias civiles se prepara para una avalancha de refugiados subsaharianos que va a saltar la valla que los separa de la Península Ibérica. Los destinos de todos ellos están a punto de encontrarse.

Todo esto forma parte de “Adú”, drama cinematográfico de historias cruzadas , que a solo dos semanas de exhibición en España (el mismo tiempo que se autorizó la apertura controlada de las salas de cine), ya es la película más taquillera de aquel país, con una recaudación de más de 3 millones 350 mil euros .

El filme, dirigido por Salvador Calvo (1898. Los últimos de Filipinas) y protagonizado por Luis Tosar, Anna Castillo, Álvaro Cervantes y Nora Navas, aborda la crisis de la inmigración y la caza furtiva en el continente africano. Se trata también de uno de los más visionados estrenos actualmente en la plataforma Netflix, donde ha venido captando una muy apreciable audiencia.

El realizador pone rostro, voz y nombre a las historias reales de millones de personas que huyen de la miseria y la violencia en sus países de origen y buscan un mejor porvenir en las llamadas naciones desarrolladas. Las tres tramas entrelazadas, protagonizadas por dos niños africanos, el activista contra la caza furtiva y su hija, y un grupo de guardias civiles fronterizos, a medida que los caminos de cada una de ellas se encuentran, inducen al espectador a reflexionar sobre las crisis migratorias y los problemas humanitarios o ecológicos a los que se enfrenta África.

En su segundo largometraje, tras “1898. Los últi­mos de Filipinas” (2016), Salvador Calvo vuelve exponer, de un modo muy dis­tinto, las relaciones entre España y un mundo aparentemente más allá de sus fronteras natura­les. Las tres historias intentan dar cuen­ta del drama que han de vivir millones de emigran­tes subsharianos en nuestros tiempos, al viajar hacia Europa sin garantías de futuro.

En estos días de pandemia y confinamiento, y si se tiene la fortuna de ser suscriptor de Netflix, vale la pena no perderse esta película, que además de sus méritos cinematográficos, es un valioso incentivo para la reflexión.
Aquilino José Mata - Informe 21

Aquilino José Mata - Informe 21