El cine censurado que Franco vio

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En su círculo más íntimo ya se sabía de la fascinación que Francisco Franco sentía por el cine de Hollywood, un episodio que es oportuno recordar ahora que en España el dictador vuelve a la estelaridad mediática, con motivo de su inminente exhumación del Valle de los Caídos para ser trasladado a un cementerio privado, atendiendo así una resolución del máximo tribunal de justicia de España, a instancias del gobierno en funciones, encabezado por Pedro Sánchez, del PSOE, que considera este hecho como “un hito para la democracia” de aquel país.

Mientras negaba a los españoles acceder a las producciones cinematográficas norteamericanas y de otros países que la férrea censura franquista prohibía, el Generalísimo y su entorno de familiares y amigos sí las disfrutaban en las sesiones privadas que en el palacio presidencial de El Pardo se habilitaban dos veces por semana, una de ellas fijada para los domingos.

Hace escasos años, hurgando en los archivos polvorientos de la residencia del dictador, el catedrático de Historia de Cine Josep María Caparrós descubrió documentos sobre los más de dos mil filmes para todos los gustos que se proyectaban allí, pero que estaban vedados para la inmensa mayoría de los españoles. Todo empezó en 1946, cuando ordenó colocar un proyector en el teatro de El Pardo, para así poder disfrutar de uno de sus hobbies, que cultivaría hasta su muerte en 1975.

Desde entonces pasaron por allí bobinas de películas de autor, cine comercial español, y hasta cintas críticas con el régimen, como “Muerte de un ciclista” y “Calle Mayor”, de Juan Antonio Bardem, ambas un retrato desolador de la España que Franco gobernaba con mano de hierro.

Entre las películas que el Generalísimo disfrutó casi en secreto, se encuentran la mayoría de las aventuras de James Bond, pero también títulos de culto, como “El manantial de la doncella” de Bergman, “Las noches de Cabiria” de Fellini y “K “, de Akira Kurosawa. Por entonces se decía que Franco había sido crítico de cine bajo seudónimo en una revista militar, un hecho que nunca se desmostró. Aquella historia se perdió por el camino, mientras sí se descubría hasta dónde llegó la afición por el séptimo arte que profesaba la misma persona que lo censuró durante décadas a millones de españoles.

Aquilino José Mata/ Informe 21