Recordando a la Guillot

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La legendaria cantante cubana Olga Guillot, fallecida en el hospital Mount Sinai de Miami Beach el 12 de julio de 2010, como consecuencia de un ataque cardíaco, había dicho pocos días antes a sus allegados, en una reunión familiar, que entre los dolores que había pasado en su vida, el mayor había sido el de no ver a su país liberado. Aún el más caro deseo de la gran bolerista sigue sin cumplirse y sus compatriotas del exilio continúan rindiéndole devoto tributo, razón por la cual le preparan varios homenajes para conmemorar su desaparición hace una década, así como los 75 años de su debut como solista.

Nacida el 9 de octubre de 1922 en Santiago de Cuba, siendo aún muy niña se trasladó con su familia a La Habana donde, en 1938, debutó en el famoso programa radial de aficionados “La corte suprema del arte”, como parte de un dúo que integraba con Ana Luisa, su hermana mayor. Ya en los años 40 era una de las componentes del Cuarteto Siboney, dirigido por Isolina Carrillo, la compositora del bolero Dos gardenias, cuyo pianista, Facundo Rivero, le facilitó el debut como solista en el exclusivo Zombie Club de la capital cubana en 1945, hace 75 años.

En los años siguientes, tras el éxito de su versión al español del tema Stormy Weather, de los estadounidenses Harold Arlen y Ted Koehler, que grabó bajo el título de Cielo gris, se situó en el mapa musical de la isla.

Pero nadie duda que el bolero “Miénteme”, del mexicano Chamaco Domínguez, grabado en 1954, le dio la consagración definitiva. Más adelante convertiría en éxitos otros emblemas de su repertorio, títulos como “La gloria eres tú” (José Antonio Méndez) “Contigo en la distancia” (César Portillo de la Luz) y “Tú me acostumbraste” (Frank Domínguez).

El éxito internacional no se hizo esperar. A su paso por Nueva York y Latinoamérica, se convirtió en la consentida de compositores de la talla de Juan Bruno Tarraza (su pianista en numerosas giras durante muchos años), José Sabre Marroquí y Alvaro Carrillo, entre muchos otros. Su muy personal estilo interpretativo cautivaba por su contundente impacto.

Tras romper con el régimen de Fidel Castro en 1961, vino a Venezuela a cumplir un contrato con Venevisión, donde el mismo día de su debut, en el programa Show de Shows, hizo pública una feroz denuncia contra el régimen castrista y dio a conocer que no regresaría jamás a su país mientras existiera la tiranía comunista. Aquí en Caracas se enteró que el gobierno había confiscado el edificio de su propiedad en el cual vivía en La Habana. Desde nuestro país viajó a México, donde fijó su residencia durante cinco décadas, compartida con un apartamento que tiempo después compró en Bal Harbour, Miami Beach.

Grabó más de 60 álbumes, que le valieron 20 discos de oro, 10 de diamante y uno de platino. La Academia Latina de las Artes y Ciencias de la Grabación le otorgó en 2007 un Grammy Latino, uno de los últimos galardones de la larga lista que recibió a lo largo de sus más de 60 años de fructífera carrera artística.

Su muy particular forma de interpretar aquellos boleros que le calzaban como un guante a su estilo vocal, la convirtieron en una figura fundamental en la historia de la música popular. O para decirlo más exactamente: en la mejor bolerista femenina de todos los tiempos.

Aquilino José Mata / Informe 21