Un oprobioso muro visto por el cine

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Símbolo y frontera de la Guerra Fría, de cuyo derribo se están cumpliendo 30 años, el Muro de Berlín inspiró a no pocos cineastas a realizar todo tipo de películas, en diversos géneros y propuestas estéticas, algunas de ellas convertidas en auténticos clásicos.

Billy Wilder fue uno de los primeros que abordó cinematográficamente el drama del Berlín ocupado y luego dividido. Para ello se inspiró en la obra teatral “Un, dos, tres”, que el húngaro Ferenc Molnár escribió en la década de los cincuenta. La historia es la de un ejecutivo comercial de la Pepsi Cola, que se empeña en introducir su producto en los países del Este, mientras la hija de su jefe se enamora de un honesto funcionario comunista.

El mismo Wilder ya había realizado, en 1948, “Berlín Occidente”, con Marlene Dietrich, una comedia dramática sobre la terrible situación de la Alemania de posguerra, que satiriza la ayuda norteamericana. Muestra el mercado negro y la miseria de la población berlinesa, la economía del trueque y la corrupción en las ruinas de una ciudad espectral.

En los sesenta, el estadounidense Martin Ritt adaptó a la gran pantalla “El espía que vino del frío” (1965), basada en el libro del mismo título del escritor británico John Le Carré, que narra las peripecias de un agente secreto, encarnado por Richard Burton, que se hace pasar por desertor en el Berlín Oriental. El filme resultó nominado a dos Oscar.
Al año siguiente, se estrena “Funeral en Berlín” (1966), del británico Guy Hamilton, basada en la novela homónima de Len Deighton.

Aquí Michael Caine hace su segunda interpretación del espía Harry Palmer, que repetirá en tres películas más. La Guerra Fría está en su esplendor y Berlín es un escenario más que adecuado para representarla. La misión del protagonista es ayudar a huir a un desertor del servicio de espionaje soviético.

El tema es muy similar al que Alfred Hichtcock desarrolló ese mismo año en “La cortina rasgada”. Paul Newman interpreta a un reputado físico que finge estar traicionando a su país, Estados Unidos, y se desplaza a la ciudad epicentro de la Alemania controlada por los soviéticos para robarle a un colega una fórmula atómica secreta. La cinta no está considerada entre las mejores del genio del suspenso.

En “Fuga de noche” (1981), de Delbert Mann, se narra la historia real de las familias Strelzyk y Wetzel, que el 16 de septiembre de 1979 escaparon de Alemania Oriental (RDA) a Alemania Occidental (RFA) en un globo aerostático de fabricación casera.

Con “El cielo sobre Berlín” el laureado realizador germano Wim Wenders sitúa el muro como elemento principal de su película. Narra la historia de dos ángeles que sobrevuelan la ciudad sin, en teoría, poder intervenir en las vidas de los humanos. La impotencia y la separación son los ingredientes que sazonan esta producción.

Wenders recurrirá a los mismos personajes y temática cuatro años después del derribo del muro, con “¡Tan lejos, tan cerca! ” (1993), una secuela que ganó el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes de ese año.
Otro director alemán, Volker Schlöndroff, hace “La leyenda de Rita” (2000), la historia de unos terroristas arrepentidos de la Alemania capitalista, que son cobijados y luego traicionados y entregados de nuevo a su país de origen por el régimen comunista de la RDA.

Entre las películas más recientes que ofrecen protagonismo al muro que separó Berlín por casi treinta años destacan tres. Una de ellas es la excelente “Good bye Lenin” (2003), de Wolfgang Becker, que narra con humor y no pocas dosis de ternura la historia de una mujer, ferviente comunista, que despierta de un coma durante el cual el Muro ha desaparecido. En estado de convalecencia, su hijo hace lo imposible para convencerla de que continúa viviendo en una Alemania que sigue inmersa en el llamado “socialismo real”, ante el temor de que una fuerte impresión acabe con su vida.

La vida de los otros” (2006), con guión y dirección del debutante Florian Henckel von Donnersmarck, transcurre en el Berlín Este durante los últimos años de la Alemania sometida por los soviéticos. Muestra el férreo y ominoso control de la Stasi, la tenebrosa policía política, sobre los círculos intelectuales. La cinta fue ampliamente reconocida: ganó el Oscar estadounidense y el Bafta británico a la mejor producción cinematográfica de habla no inglesa; el César francés a la mejor película extranjera; y los Premios del Cine Europeo al mejor filme y al mejor actor.

En “El puente de los espías”, la película de Steven Spielberg estrenada en 2015, Tom Hanks encarna a un abogado de Brooklyn contratado por el gobierno estadounidense para negociar la liberación de un piloto capturado por las fuerzas soviéticas en plena Guerra Fría, quien ha sido condenado a cumplir diez años en prisión. Por eso, viaja a Berlín para proponerle a los rusos un intercambio de espías. El británico Mark Rylance ganó e Oscar como actor de soporte por su muy convincente interpretación del espía soviético.

Aquilino José Mata/ Informe 21