El cese del cese de la usurpación

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Es obvio que el tema del “cese de la usurpación” se volvió una papa caliente en las manos de Guaidó y de su interinato. Ha sido sustituido por el tema de las elecciones libres y justas. Cuando se les reclama, dicen que esas elecciones suponen algo parecido al “cese de la usurpación” porque cuando se pregunta cómo puede haber elecciones con Maduro allí, responden que con Maduro no, sino con un gobierno de emergencia nacional en el cual los personeros del régimen podrían estar o algo así.

Como he sostenido en otros momentos, es posible que los representantes del interinato consideren que el objetivo no pudo ser logrado, por ahora, y se hayan desplazado hacia otros menos claros y más aburridos. Se sabe que esto es lo que han estimado: que no hay condiciones para el logro de la principal de las metas fijadas a comienzos de 2019.

Lo curioso es que se haya abandonado como al hijo expósito cuyo recuerdo persigue a sus inicuos padres. No dieron cuenta de las razones, del por qué se cambió el objetivo, de cómo los nuevos sustituyen a aquel. Se le dejó de invocar; se le hundió en los recuerdos; se hizo ruido con nuevas propuestas destinadas a hacer olvidar aquella que anda por allí, realenga, ya crecidita y demandante.

Este abandono es un error grave. Guaidó y sus asesores se equivocaron al pensar que él había sido escogido por sus méritos (que sin duda tiene) y que, por tanto, una vez seleccionado como presidente de la AN y en consecuencia como interino, podía alzarse con el santo y la limosna para desarrollar cualquier política que él, su entorno y su partido, estimaran pertinente. Falta de comprensión histórica sobre la concatenación de los procesos; exceso de voluntarismo (“con este título puedo hacer lo que sea”) y confundidos por un poder tan precario en sus fundamentos como holgado en sus recursos.

Guaidó se juramentó como presidente interino en el marco de la política que planteó desde el primer minuto de su encargo: la del mantra conocido que comienza con “el cese de la usurpación”. Es decir, Guaidó fue juramentado, respaldado y celebrado internacionalmente dentro de una política específica y no fuera de ella. Se juramentó para encabezar el cambio de régimen y dirigir una transición que culminara en elecciones libres y limpias; así recibió su cargo, con un mandato empaquetado. No es un presidente elegido por el pueblo con un programa de gobierno en el cual se contemplan todas las políticas públicas; su mandato fue concreto, específico y no intercambiable.

Después de casi dos años de interinato, no se ha concretado “el cese de la usurpación”. No es solo responsabilidad de Guaidó y su gente sino que, al lado de sus graves errores, está el hecho de que el régimen también “juega”, tiene aliados, dinero, fuerzas, represión y carece de cualquier escrúpulo o límite ético. Al sol de hoy los objetivos no fueron alcanzados. Debemos preguntarnos si no habiendo sido conquistados, el interino puede cambiar los objetivos hacia otros que estime posibles de lograr. Creo que no; precisamente el haberlos cambiado en sucesivos zigzags es lo que ha producido una merma muy importante en el apoyo ciudadano que fue inmenso hasta febrero de 2019 y poco más.

Esa decadencia del interinato es lo que ha hecho que ni siquiera con apoyos externos tan poderosos como Estados Unidos y Colombia, en primer lugar, al lado de decenas de otros países que lo reconocen, se haya podido sostener internamente como alternativa real para provocar la salida del régimen. La maniobra de Maduro con un sector de la oposición que procura la cohabitación –sea porque la goce o porque no vea otra salida- para instalar una Asamblea Nacional que la mayoría desconoce, no es inocua: debilita a la AN legítima y hace que algunos gobiernos que ven hacia este lado comiencen a hacer guiños hacia allá, no porque les guste Maduro sino porque apelen al “realismo” en política exterior.

Desde esta perspectiva es que hay que ver la continuidad o no de la AN legítima más allá del 5 de enero. ¿Están dispuestos Guaidó, el G4 que controla la AN y esta institución en su conjunto a encabezar “el cese de la usurpación” otra vez? Si así lo hacen quizá tenga algún sentido su prolongación en el tiempo; de lo contrario, solo sirve para mantener un tinglado de gobierno (casi todo) en el exilio, tan oneroso como poco representativo.

El interinato está marcado por el 5 de enero. Se abandona lo que ya entonces será una ficción constitucional por aquello de la continuidad administrativa y se asume el liderazgo para recuperar la consigna inicial de 2019, “el cese de la usurpación”, con cargo o sin cargo de “presidente interino”; o, por el contrario, se deja paso a una opción diferente que recupere esas banderas. @carlosblancog

Carlos Blanco