El sistema de corrupción… es el sistema

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El chavismo construyó una articulación de la mayor parte de los elementos del Estado y de la sociedad para hacerlos funcionales a su proyecto de dominación. Al principio Chávez tenía el gobierno, más adelante la Asamblea Nacional, luego el TSJ y el CNE. Después de 2002 se embutió Pdvsa, la Fuerza Armada y el Banco Central. Finalmente, gobernaciones, alcaldías y otros agentes del Estado, engullendo o neutralizando instituciones de la sociedad civil.

Para que este nuevo orden pudiera funcionar, el chavismo tenía la necesidad de controlar el sistema circulatorio de la sociedad, el financiero, proveedor de los recursos para hacer que marche –en la medida en que sea– el aparato económico. Para este propósito procedió, a comienzos de siglo, a seducir o amedrentar, según las necesidades y posibilidades, a empresarios de la vieja República. Sin embargo, una vez que los precios del petróleo escalaron niveles inimaginables se les hizo indispensable fabricar una “nueva clase”: la boliburguesía, con sus vástagos bolichicos.

Algunos de los integrantes de la nueva burguesía roja eran viejos empresarios menores reciclados; otros, realmente nuevos, enlazados con la mafia roja. Pero era imposible que coparan todos los espacios de la economía de una vez; por esta razón ha habido empresarios que no han formado parte de la mafia y que para seguir trabajando dentro del país bajaron su perfil, pasaron muchos por las horcas caudinas de Cadivi y sucedáneos, y han buscado sobrevivir. Algunos han hecho mucho dinero en medio de altos riesgos y muchos han perdido todo su capital al intentar continuar.

A esa economía roja se le sumó desde muy temprano el narcotráfico. El trasiego de droga a través de Venezuela tiene como contrapartida inevitable la circulación de miles de millones de dólares que necesitan ser lavados para luego circular en la banca internacional. Pdvsa, ciertas empresas y algunos bancos han cumplido esa misión. El resultado ha sido un revoltijo infernal que ha contaminado todos los estratos y actividades del país.

Se formó un sistema, un orden engranado, una manera de existir, que contaminó e incorporó a las nuevas élites del régimen y de sectores opositores, unos porque se rindieron a lo que pensaban era una evidencia (“o nos acomodamos o nos morimos”) y otros porque carecieron de valores y sucumbieron a la idea de que el fin justifica los medios, sin saber (¿o sabiéndolo?) que los medios pueden pervertir el fin.

La villanía se acentúa en la política porque está prohibido el financiamiento público; el privado proveniente de fuentes honradas es perseguido implacablemente; y el ilegal se ofrece para comprometer conciencias y sellar alianzas.

No es solo que hay corruptos sino que el sistema es la corrupción. La tarea es aún más difícil: quebrar el sistema. @carlosblancog

Carlos Blanco