La esperanza: tan dura y tan frágil

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1. Defraudar la esperanza se torna imperdonable en la Venezuela de hoy. Este es el drama: la pérdida de credibilidad en una porción importante de la dirigencia política del país. A veces conforta el saber que a Maduro y su pandilla no les cree nadie; pero poca atención se presta al hecho de que a la mayoría de los dirigentes opositores tampoco.

2. Estos veinte años han sido un trapiche que ha molido sin piedad una sucesión de líderes. Han ofrecido y no han cumplido. En oportunidades sus ofertas fueron sinceras: creían en lo que decían; sin embargo, la agonía ciudadana no perdona. Hay una especie de Decreto de Guerra a Muerte: dirigentes, contad con la muerte (política), aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad (ya, de Venezuela).

3. También hay la sospecha de que unos cuantos no quieren la salida del régimen, no porque les guste sino porque saben que ahora son la cola del león y luego no tienen siquiera la opción de ser cabeza de ratón, dado su deterioro en –y ante– la opinión pública.

4. Dentro del liderazgo nacional hoy está en primer lugar Guaidó, proyectado por la torrentera abierta en enero; y María Corina en segundo lugar, por su indesmayable coraje y su consecuencia. También hay estudios que colocan en segundo lugar a Leopoldo López y luego a María Corina, o al revés. En el caso de Leopoldo logró acrecentar un capital político importante, ahora mermado significativamente, pero existente debido a “la salida” y luego a la narrativa sobre las torturas y privaciones en Ramo Verde.

5. Los partidos políticos aparecen en los estudios con diferencias, pero se destacan AD, Primero Justicia, Voluntad Popular y más recientemente Vente. Todos con cifras bajas. Partidos que por razones obvias no pueden crecer en el tóxico ambiente de un país controlado por la Corporación Criminal.

6. Debido a la ausencia de estructuras partidistas sólidas el rol de las personalidades es más relevante de lo que sería en una sociedad democrática. En cambio, a los partidos apenas los sostiene la fotografía congelada de la AN electa en 2015.

7. No hay que engañarse. Guaidó viene de una popularidad de más del 80% a algo cercano a la mitad. María Corina viene en un crecimiento sostenido pero pausado y Leopoldo con zigzags propios del poder secreto que se le atribuye sobre los eventos de este año.

8. Lo más apreciable no son esas cifras, todas relativamente sobrias, salvo las de Guaidó ahora en ruta de colisión, sino el descreimiento del ciudadano. La cifra que crece es la de los que no se identifican con liderazgo o partido político alguno, los que se distancian del régimen y de la oposición, los que, por ahora, perdieron la esperanza. @carlosblancog

Carlos Blanco