Sin liderazgo no hay ni purgatorio

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1. Venezuela ha reconocido y encumbrado líderes a lo largo de 20 años. Suben con extraordinaria velocidad y descienden con una mayor. En muchos de ellos se deposita tanta esperanza como, luego, desesperanza. Lo cual, por cierto, muestra que la búsqueda de una conducción para salir del desastre criminal del régimen no se abandona ni en las horas más tenebrosas.

2. El liderazgo no es un fluido misterioso que ciertas almas poseen y otras no. No es tampoco el “don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad” (DRAE). El liderazgo es capacidad de movilización alrededor de ideas y proyectos que enganchan con demandas de la sociedad o de algunos de sus sectores. No hay líderes por siempre; hay ejercicio de liderazgo que hoy puede existir y mañana no.

3. Chávez fue un líder. Irrumpió con una épica en su sangriento golpe de Estado; enlazó con una insatisfacción social; buscó alianzas con los poderosos de entonces y se lanzó desde su magro 2% hasta alcanzar el gobierno, luego el poder total y totalitario, más adelante en descenso hasta su muerte. Era inteligente sin ser culto; era un audaz sin escrúpulos; enlazó su propia ambición con alianzas impensables y enganchó con un vasto hastío social. Era el trovador de mala muerte que articuló su aventura con la que muchos querían correr.

4. En la oposición ha habido ejercicio de liderazgos. Uno de los más notables fue el de Henrique Capriles. Por distintas razones estuvo en el momento, con abundantes recursos y en la encrucijada en la cual había que definir una conducción electoral. Al margen de sus limitaciones y con un esfuerzo personal reconocido, encabezó una jornada inmensa al enganchar con lo que la mayoría creyó podía ser una solución electoral a la tragedia. Ganó las elecciones, según todos los datos y según sus propias palabras.

5. Por las razones que ha argumentado repetidas veces, Capriles no llamó a “cobrar” su triunfo. Este momento cortó los lazos entre su acción y lo que representaba para la sociedad. Nadie puede decir si los temores que él invocaba se habrían materializado o si era una gesta que no debía eludir. El hecho es que la sociedad lo sancionó gravemente.

6. Así ha ocurrido con otros liderazgos cuando se elevan, y más adelante descuidan las razones por las cuales lo hacen. Siempre es bueno atender aquellos versos sabios que dicen: “No te remontes tan alto/ prenda de tanto valor, que al árbol que más se eleva/ le tira el viento la flor…”.

7. En este trance se encuentra Guaidó. Dirigente joven, sin duda arriesgado, que asumió el compromiso de encabezar la defenestración de Maduro y su régimen, pero que comienza a ver desdibujada su imagen en maniobras, diálogos y tácticas diferentes a las que se comprometió. Su liderazgo está en riesgo. Una rectificación oportuna es imprescindible. @carlosblancog

Carlos Blanco