Hablemos de la Asamblea

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Estamos a menos de un mes de la elección para la Asamblea Nacional que tiene pautada el gobierno de Maduro. Desde el chavismo ya se habla de nuevas leyes, del destino de la constituyente y de su claro intento por recuperar la única institución que se les había salido de su línea. Mientras, desde la oposición hay silencio, lo único que uno se encuentra es a Guaidó realizando algunos eventos y promocionando su famosa consulta popular que busca darle validez a la continuidad legislativa, pero fuera de eso hay un gran silencio que preocupa.

Fuera de Twitter, la realidad está en que el año que viene habrá dos asambleas, una con un destino incierto y conformada por una pequeña parte de los diputados que estuvieron en su inicio, llena de conflictos y sin un rumbo claro; y otra asamblea que no tendrá legitimidad de origen, pero estará legislando y con un rumbo definido dictado desde Miraflores. Todo esto en medio de una situación internacional donde ya no estará Trump, donde Maduro ha logrado mantener el poder y donde los países que en su día lo desconocieron ya no pueden seguir manteniendo la realidad ficticia del gobierno interino.

Sí, esto es una critica muy dura a Guaidó y a la oposición que lo apoya, pero la realidad es que estos tienen que cambiar de rumbo o se terminaran de hundir con una sola cosa que haga esta nueva asamblea.

Vamos a suponer que después del 5 de enero y la instalación de esta nueva AN del chavismo suceda lo siguiente: se anuncia una Ley de Amnistia que libere a todos los presos políticos. Maduro la firma, su equipo comunicacional vende la idea del nuevo mañana y por todos los periódicos del mundo aparecen las imágenes de madres besando a sus hijos liberados después de años incluso décadas.

¿Dónde queda la AN de Guaidó aquí?

Primero el chavismo le cumple una de sus peticiones a la oposición y a la comunidad internacional ya que desde hace años han levantado, con razón, la bandera de los presos políticos. A su vez le dice al mundo que la AN que legisla es aquella que Maduro apoya y la muestra dispuesta a realizar ciertas concesiones importantes.

Todo esto acaba con la narrativa de la AN actual. En términos prácticos, los que tienen el poder ya no son ellos y la realidad es que como oposición están mal porque no tienen capacidad de articular grandes movilizaciones, no están unidos y no tienen una estrategia clara. De hecho, hoy en día, no se sabe si Guaidó seguirá a la cabeza del gobierno interino porque ya se habla de que puede ser que Primero Justicia asuma dicha función.

Y la realidad es que el chavismo lo logró. Maduro pasó de tener problemas con el efectivo a que ahora el problema es que no haya cambio para el billete de 20 dólares; pasamos de las colas por la harina a los bodegones llenos de productos de Cost-Co. Pasamos de las empresas del Estado a que el Estado entregue los restos de ella a un privado porque ya no quiere asumir el costo. Han cambiado tanto que ahora aquellos que en su momento era la base política del chavismo ha pasado a ser enemiga del gobierno porque están decepcionados de la deriva que éste ha cogido.

El problema es que ya al chavismo no le importa ni el rechazo de su base ideológica ni sus contradicciones. Se dieron cuenta que el rumbo no debe ser la Cuba de los 70 sino la versión criolla de la Rusia actual. Ser un país donde el poder esté absorbido por el ejecutivo, donde la economía esté en mano de los aliados del gobierno y donde haya una aparente libertad económica que permita nuevas oportunidades de negocio para la elite gobernante.

Mientras, el pueblo también está apático. La gente está más interesada en tener luz, gasolina y agua antes que ir a votar en una supuesta consulta popular. Todo esto tiene un motivo y es simple: cuando la clase política se desconecta de la realidad y pone todos sus esfuerzos en una solución extranjera, se encuentra con la triste situación de que los tiempos del mundo son más lentos. No, Trump no iba a invadir ni Colombia ni Brasil iban a hacer algo. Las sanciones sin un plan para aprovecharlas terminan siendo un problema y si la oposición se encuentra dividida al punto donde ya es irreconciliable entonces la realidad es que dejan de ser una opción.

En definitiva, tenemos a un país absorbido por una elite gobernante que ha decidido entregar la ideología con la que llegó para poder vivir esa vida lujosa que siempre soñó, no importa si esto significa entregar el país a intereses extraños. Eso, frente a una oposición dividida, sin fuerza y acabada que no sabe qué hacer, y sin un liderazgo que pueda articular todos los recursos y comenzar un nuevo proceso que busque el cambio. Y sí, también tenemos a una AN que tiene menos de un mes de vida al menos que suceda un milagro. @dald96

Daniel Limongi