Las clases online no son lo mismo

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Esta semana, la Universidad Católica Andrés Bello, UCAB, anunció que retomarían las clases en octubre con la modalidad de “presencial remota”. La notificación especifica que se comenzaría con las clases online como el semestre pasado, y se podría retornar a las aulas siempre que las condiciones y los organismos responsables lo permitan .

Debido a la crisis de la gasolina y a las previsiones de la Academia de Ciencias que indican que para diciembre habrá, por lo menos, 14 mil contagios diarios, todo parece apuntar a que el año 2020 cerrará con las clases online , algo que muchos estudiantes, por no decir todos, lamentarán.

Las clases online han sido tendencia a nivel mundial y en la mayoría de los países suceden los mismos problemas: fallas de conexión, problemas de los estudiantes y la perdida del desarrollo social de los estudiantes. Todos estos problemas se incrementan en un país como Venezuela donde se juntan una crisis sanitaria, de energía y de internet.

Y es que en un país donde más del 65% de la población dice tener problemas eléctricos diariamente. Donde la conexión a internet es la segunda peor a nivel mundial con un promedio de 3.64 megabits, según datos de la empresa Speedtest, solo superada por Turkmenistán. Y en donde se vive una crisis económica acentuada por la pandemia, pretender tener unas clases virtuales es un proyecto titánico .

Sí, hay formas y herramientas para que los alumnos puedan recibir sus clases. Las conferencias por Zoom y el poder dejar grabada la clase en YouTube y, en el caso de la UCAB, en plataformas como Modulo 7, han ayudado a los profesores, pero la realidad es que los problemas siguen presentes .

Sin luz los estudiantes y el profesor no pueden ni ver ni dar la clase. Sin internet sucede lo mismo y se atrasan los tiempos, y todo esto representa que la materia no se da como se debe, no hay la interacción alumno-profesor que genera desde una resolución de dudas hasta aportes en la clase . Desaparece el contacto humano que siempre es importante a la hora de enseñar y para las relaciones entre compañeros. En fin, no es lo mismo.

Y es que nunca será lo mismo ver una clase por YouTube, que fácilmente pudo haber sido grabada en formato podcast y no se notaría mucho la diferencia, a verla presencialmente. Nunca srá igual intervenir en un salón que desde la biblioteca de tu casa o, en algunos casos, desde la cama del alumno . Y es que nunca será igual una clase presencial a una online.

Personalmente veo con buenos ojos que las universidades en el país no bajen los brazos ante semejante crisis, que siga habiendo profesores que estén dispuestos a seguir y que siga habiendo la misma motivación en los alumnos, pero hay un hecho innegable y es que en estas circunstancias veo muy difícil que la mayoría de la población estudiantil pueda seguir sus clases normales, espero equivocarme . @dald96

Daniel Limongi