El Socialismo del Siglo XXI: Totalitarismo, Corrupción, Caos e Ineptitud

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Si hay algo que en Venezuela cuesta perder en estos tiempos es la capacidad de asombro, el gobierno neo-totalitario que dirige Nicolás Maduro con el beneplácito de una Fuerza Armada corrompida por el poder político se ha encargado de demostrar que el venezolano siempre puede estar peor, tanto como ellos lo deseen. Los anuncios realizados el pasado viernes corroboraron que con esta tiranía los ciudadanos están destinados a estar cada vez más sumergidos en la miseria.
Un gobierno que desde 2003 implementó un control de cambio que solo ha servido: como arma de control político, para desatar la corrupción más grande en la historia del país y manifestar el despilfarro del erario público. Posteriormente impuso un control de precios para seguir cercenando el libre mercado, durante 20 años ha destruido el aparato productivo que se encontraba en Venezuela, hoy decide realizar unos ajustes sin importarle las graves consecuencias que estas decisiones tendrán sobre los ciudadanos de a pie, esos que con un discurso demagógico decían proteger.

Devaluación, Aumento de Salarios e Hiperinflación: ¿Más desempleo?
Con los anuncios realizados por Nicolás Maduro, hay un reconocimiento del mercado negro –ese por el que incluso llevaron a la cárcel a gente por opinar que existía–, dada la mención de la paridad del bolívar con el susodicho Petro, hubo una devaluación a Bs 6.000.000 por dólar (600 Bolívares Soberanos), adicionalmente se anunció un extraordinario incremento del salario mínimo, y a las pensiones lo que consecuentemente tendrá un costo fiscal importante y una carga fuerte sobre el sector privado sin dejar de un lado el impacto en la estructura de costos y, por ende, en los precios.
¿Cómo podrá sostenerse un negocio como una panadería por ejemplo? Donde sus dueños deberán aumentar los salarios a 1800 bolívares soberanos (Bs 180.000.000), es decir, 60 veces el sueldo mínimo anterior; aunado al hecho de que en los anuncios se mantiene la retórica de sostener un control de precios que de por sí nunca se ha cumplido porque en economía al mercado no le sirven las camisas de fuerza por ello surgen los mercados paralelos.
Así las cosas, habría que preguntarse si un simple pan ya costaba Bs 1.000.000 la semana pasada ahora con estos “ajustes” ¿Cuánto tendrá que costar un pan para que el dueño de la panadería pueda saldar los costos operativos y obtener ganancias? La opción más lógica a la que llegarán los pequeños comercios (que decidan seguir) será la de reducir nómina, el aumento de la tasa de desempleo es seguro.

¿Este caos es consecuencia de la ineptitud del gobierno o es planificado?
Quien crea que el gobierno no sabe lo que hace, lo sigue subestimando. Es evidente que el neo-totalitarismo que vive el país no es fácil de comprender, pero todas las acciones que realiza el ejecutivo nacional forman parte de una estrategia cuyo único fin es sostener el poder político el mayor tiempo posible. Evidentemente no se trata de que sus acciones sean para beneficiar a la población, o cambiar la percepción que hoy tiene la mayoría de ciudadanos sobre el régimen que preside Nicolás Maduro. No, su único objetivo es seguir llenando de desesperanza a los ciudadanos para que dejen de aspirar a un cambio de gobierno.

¿Está jugando solo el gobierno en este tablero político?
La clase política que hace oposición en Venezuela está muy devaluada, consecuencia de que sus objetivos nunca han sido cónsonos con los del país. El divorcio que hoy tienen con la sociedad es producto de sus múltiples errores, los cuales dicho sea de paso nunca han querido asumir como propios y eso empeora la falta de credibilidad en el liderazgo. Forzar una “unidad” nunca ha tenido ningún sentido esencialmente porque los partidos y las personas no tienen claro la idea de lo que quiere realizarse. Así que esa visión de “liderazgo colectivo” hasta el día de hoy en 20 años no ha servido de mucho.
Y es que durante los 20 años del régimen se ha tenido la misma clase política tratando de hacer oposición y venderse como alternativa, si hoy no han logrado llegar al poder político en estricto sentido práctico tendrían que reconocer que han sido ineficientes en cumplir con el objetivo general de convertirse en gobierno.
Adicional a ello hay que decir que hacer algo “por no dejar de hacer” generalmente ha salido mucho peor que no hacer nada. Así pues, por ejemplo un llamado a huelga general debe ser planificado, consultado con los pocos sectores productivos que aún quedan y tener objetivos claros. Mientras que la clase política que desea ser alternativa a este régimen no sea siempre sorprendida por la ofensiva del gobierno, no tenga un liderazgo claro que se conecte con la gente, la credibilidad en ellos seguirá disminuyendo. @edderferreira
Edder Ferreira Pérez