¿La “revolución” de Alí Babá y sus ladrones quiere una nueva reelección?

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Venezuela lleva un poco más de 19 años con un pésimo gobierno, dos Jefes de Estado que han hecho del principal país petrolero de américa latina un modelo claro de lo que el populismo puede destruir en poco tiempo. El “Socialismo del Siglo XXI” promovido por el extinto presidente Hugo Chávez no ha sido sino la estafa más grande en la que se ha sumergido al país. El deterioro de la sociedad desde el mes de febrero de 1999 a la fecha ha sido significativo, los niveles de pobreza extrema hoy son tan notorios que en las calles de las ciudades se percibe a niños y adultos comer de los cestos de basura.
La implementación de políticas económicas erradas ha hecho que el país atraviese la crisis más grande de toda su historia, con una hiperinflación y una evidente pérdida del valor adquisitivo de la moneda, los constantes “aumentos” del salario mínimo y ahora el otorgamiento de subsidios a través de los famosos bonos otorgados por medio del “carnet de la patria”, no llegan ni siquiera a servir como paliativos al desequilibrio inmenso que hay entre el mísero poder de compra y los elevados precios de los productos. El abuso sostenido en el tiempo de los controles de cambio y de precios solo ha dejado en evidencia grandes casos de corrupción y un inmerecido crecimiento de la pobreza para los ciudadanos que habitan en el país.
La escasez generalizada de productos es evidente, basta con recorrer los supermercados públicos como los abastos Bicentenarios para constatar que en sus anaqueles los alimentos brillan por su ausencia, en las cadenas de supermercados privadas la cosa no cambia en nada. Ni hablar del estado de abandono en el que se halla el sistema de salud pública, donde la crisis es incuestionable pues no hay manera de que algún demagogo le oculte el estado en que se encuentran los hospitales públicos y Centros de Diagnóstico Integral (CDI) a los ciudadanos que viven y padecen las calamidades diarias de asistir a estos centros sin encontrar la atención óptima, irónicamente para un país que se vanagloria de poseer riquezas petroleras.
Sin duda en algún momento se harán las cuentas del dinero que entró al erario público durante estos 19 años y entonces se comprobará el despilfarro, la corrupción y el asalto al que se sometió a la República durante estos años de desgobierno, una estafa a la que llamaron “revolución” y de la que hoy millones de venezolanos viven sus consecuencias.

¿Qué justifica que el peor gobernante en la historia de Venezuela busque la reelección?

Seguro habrá quien no esté de acuerdo con mi afirmación de considerar que Nicolás Maduro es el peor gobernante que ha tenido Venezuela –confieso que yo mismo dudé en si él merecía ese puesto y no el ex presidente Hugo Chávez que fue quien sembró los cimientos de este desastre, incluso lo nombró su heredero–, pero basta con recorrer el país y sin con dicha imagen no es suficiente pues les invito a echarle un vistazo a los números que sirven como argumentos para soportar dicha afirmación. Si bien habrá quienes puedan objetar aludiendo que él sólo está recibiendo la crisis dejada por su antecesor, también es cierto que no hizo nada para enderezar el camino torcido, lejos de ello su administración se ha encargado de profundizar las políticas económicas que hoy tienen a Venezuela sumergida en un abismal atraso.
Así las cosas, en un país distinto quizás a ningún pésimo gobernante se le ocurriría buscar la reelección, pero es evidente que el neo totalitarismo que hoy gobierna a Venezuela tiene un sinfín de intereses que proteger, no les interesa el bienestar de su población, por el contrario la crisis ha sido planificada, no tienen nada distinto que ofrecer más allá de populismo, hambre y miseria a cambio de perpetuarse en el poder para salvaguardar todo el patrimonio que durante 19 años se han gestado a expensas de la debacle que hoy vive el país.

¿Debe participar la oposición representada en la MUD en las elecciones presidenciales convocadas para el 22 de abril?

Lo primero que hay que decir es que eso no son unas elecciones presidenciales, es un proceso viciado de inconstitucionalidad desde su convocatoria. La Asamblea Nacional Constituyente es un ente ilegitimo, aunado a ello aunque tuviera legitimidad jamás podría tener facultades para convocar ninguna elección porque su única función debería ser crear una nueva Carta Magna –que dicho sea de paso debe ser sometida a consideración de la voluntad popular a través de un referendo aprobatorio–; por lo tanto mientras eso no ocurra el poder constituido sigue vigente y debió ser el Consejo Nacional Electoral como ente ejecutor del Poder Electoral quien elaborara un cronograma electoral conforme a la Constitución y la Ley vigente.
¿Qué intereses hay de trasfondo para que se adelanten las elecciones presidenciales? El próximo periodo constitucional comienza el 10 de enero de 2019 ¿Qué sentido tendría tener un presidente electo esperando casi 8 meses para asumir el cargo? Esto sólo produce una enorme suspicacia en que el régimen jamás consideraría realizar esa votación si existiera la probabilidad mínima de perderla, está bajo su control y ya se conoce el resultado.
Ahora bien, la oposición representada en la MUD estuvo realizando unos diálogos con el gobierno con el fin de lograr alcanzar unas garantías mínimas para participar en unas elecciones que pudieran ser observadas y avaladas por la comunidad internacional, si en la última reunión decidieron que no se daban dichas garantías y por tanto suspendieron el diálogo ¿Cómo podrían siquiera estar pensando en participar en este evento? La coherencia les obligaría a abandonar esa idea, mucho más ahora que la comunidad internacional ha manifestado que no reconoce dicho evento ni el resultado que de él se desprenda.

¿Entonces qué debe hacer la oposición representada en la MUD?

Es lógico afirmar que la mayor responsabilidad del caos que hoy vive el país es gracias a los gobiernos de Hugo Chávez y su sucesor Nicolás Maduro, pero no es menos cierto que la mayor crisis que vive Venezuela es la falta de un liderazgo político alterno que haya estado a la altura de las circunstancias.
La oposición a estos años de gobierno “revolucionario” ha tenido muchos errores y muy pocos aciertos, su estrategia para llegar al poder político ha sido errada (si se analizan los resultados), la falta de claridad en comprender el tablero de juego los ha llevado a subestimar el carácter neo totalitarista del régimen. Persisten en sostener participación en eventos electorales cuya organización es absolutamente controlada por el régimen. Por un lado han llamado a la gente a la desobediencia civil, han declarado a Nicolás Maduro en “abandono del cargo”, han dicho que no reconocen la ilegitima ANC, y por el otro siguen sometiéndose a la institucionalidad que dicen reprochar pero acatan.
Esos vaivenes han hecho que los ciudadanos pierdan la credibilidad en ellos, no se puede pedir a la gente confianza cuando sus incoherentes actuaciones generan todo lo contrario. Tampoco se puede pretender menospreciar el intelecto del elector achacándole la eventual responsabilidad en los resultados porque en las próximas elecciones ha decidido ejercer su derecho abstenerse, lo que un político serio debería hacer es preocuparse por recuperar la confianza perdida, explicar la estrategia y promover con argumentos sus ideas; de lo contrario solo está fomentando que en Venezuela se siga esperando el resurgir de una nueva clase política que sirva como una tercera vía y supere a la actual. Hay un cansancio manifiesto, los ciudadanos anhelan un cambio porque Venezuela no puede seguir siendo el país gobernado por los personajes del cuento: “Alí Babá y sus cuarenta ladrones” que hoy se vanaglorian de riquezas de dudosa procedencia mientras el país está sumergido en una hambruna. @edderferreira
Edder Ferreira