Rómulo Gallegos, víctima de Doña Barbara

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Este 24 de noviembre se cumplen 72 años del derrocamiento del gobierno democrático de Rómulo Gallegos. Ese día Venezuela comenzó a transitar por un oscuro túnel de diez años, signado por supresión de libertades, cárceles, torturas, exilios y fraudes electorales. ¿Qué Pérez Jiménez hizo obras de infraestructura? Innegable y dejemos a los analistas determinar si su gobierno trajo o no desarrollo para el país. Lo que sí es indiscutible es que esas obras se han podido hacer en clima de libertades y sin necesidad de rociarlas con sangre y tormentos de tanto perseguido.

Hoy intentamos recordar el golpe a Gallegos con la idea de, como me decía mi padre – el querido e inolvidable Rafael Gallegos Ortiz, preso y exiliado de esa dictadura- tenemos que conocer la historia para no repetirla.

“NO SOMOS SUIZOS”

El dirigente sindical y secretario general de Acción Democrática (AD), Manuel Peñalver dijo “No somos suizos”, para dar a entender que las reformas que se requerían para mejorar la eficiencia democrática de Venezuela, se hacían cuesta arriba por chocar con nuestra manera de ser incivilizada, muy diferente a la cultura suiza.

Juan Pablo Pérez Alfonzo, cuando le instaron a luchar por la candidatura presidencial de AD en 1963, expresó que no aceptaba porque los venezolanos no éramos suizos.

Seguramente los facinerosos que derrocaron a Don Rómulo Gallegos también habrán pensado en lo imposible de la suizidad, muy diferente a la venezolanidad (a menos que sustituyeran la z por la c).

A los golpistas les enceguecía un país democrático, con un presidente novelista, un canciller poeta (Andrés Eloy Blanco) y un Embajador en Estados Unidos de muy altos quilates (José Rafael Pocaterra). Tal vez los consideraban sobre calificados para los cargos en un país como Venezuela. El mismo fenómeno de cuando derrocaron al eminente científico venezolano José María Vargas. En esa ocasión Pedro Carujo, que previamente había participado en el intento de asesinato del Libertador en 1828, le dijo a Vargas que el mundo no era del hombre justo sino de los valientes. Puro juancharrasqueadismo político.

Los golpistas de 1835 y los de 1948 imitaron al generalote Millán Astray, el de aquellas tétricas frases Muera la inteligencia y, Cuando oigo la palabra cultura desenfundo el revólver, pronunciadas nada menos que en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca y en presencia de su rector el gran Don Miguel de Unamuno.

Sucede que como dijo el Libertador la libertad es un alimento suculento pero de difícil digestión, y tal vez esa digestión comience por líderes que estén a la altura y no se deslumbren con la luz del conocimiento.

¿TÚ TAMBIÉN HIJO MÍO?

Según el escritor Alfredo Tarre Murzi (Sanín), ante los crecientes rumores de golpe, el presidente Rómulo Gallegos convocó al Ministro de la Defensa Delgado Chalbaud. En la conversación éste le expresó infinita lealtad y lloró mientras decía que prefería suicidarse antes de participar en un golpe. “Ese no se va a suicidar nada”- le comento al Presidente su secretario Gonzalo Barrios.

En 1932 Delgado tenía 25 años y estaba recién casado. Él y su esposa vivieron bajo el mismo techo con Don Rómulo y su esposa Doña Teotiste, en Barcelona España. Compartieron la vida un buen tiempo.

Por ello Rómulo Gallegos confiaba plenamente en Delgado. Lo quería como a un hijo. Es de imaginarse que el día del derrocamiento el sorprendido novelista ha podido imitar a Julio César y decirle, como éste a Bruto, ¿Tú también hijo mío?

Y pensar que Delgado Chalbaud, que en la Junta Militar de facto se volvió molesto al empeñarse en una salida electoral, fue asesinado dos años después en un crimen no resuelto, porque el gobierno tenía interés en que así fuera.

PANTUFLAS PARA CORRER

Cinco días antes del golpe, Delgado Chalbaud, Pérez Jiménez y Llovera Páez visitaron al presidente Gallegos. Le impusieron un ultimátum que contemplaba entre otras condiciones la expulsión de Rómulo Betancourt de Venezuela, la desvinculación de Gallegos de AD, y evitar el retorno del teniente coronel Mario Vargas (murió poco después de tuberculosis). Gallegos les expresó que no podía aceptarlas. En esos días Miguel Otero Silva, entrevistó al Presidente, y cuando le preguntó al novelista si no estaba preocupado por los insistentes rumores de golpe, Gallegos le respondió: “Ni estoy caído, ni en plan de huida, amigo mío. Usted mismo me ha encontrado en pantuflas. Y las pantuflas no se usan para correr…”

Realmente el Maestro no quiso correr. Tuvieron que sacarlo del país el 5 de diciembre, once días después del golpe.

Y VENEZUELA PARECÍA FELIZ

El pueblo, ese mismo pueblo que aplaudió a Páez hasta el delirio y después le arrojó orines cuando lo enviaron preso al Castillo de Cumaná, el mismo que amó a Mussolini y después lo colgó al revés junto a su amante; el mismo pueblo, porque es el mismo en todos los tiempos y todos los sitios, que había electo a Rómulo Gallegos con más del 70 % de los votos hacía nueve meses, se mantuvo ante la caída de su Presidente… impávido, como si nada.

La iglesia, muy molesta por disidencia en materia religiosa y educativa, tampoco expresó inconformidad con el golpe.

Dirigentes como Caldera y Villalba, reconocieron sin protesta al nuevo gobierno. Ellos creían que era una dictablanda con salida electoral. Como que no conocían el cuento del alacrán y la rana. Y realmente la Junta Militar desarrolló una feroz represión luego del asesinato de Delgado Chalbaud.

Tal vez esas reacciones fueron consecuencia de la incomodidad del sectarismo de que se acusaba a los adecos. Todos los ministros civiles de Rómulo Gallegos eran miembros de Acción Democrática. Eso generó mucho descontento y es posible que se reflejara en poco respaldo de las mayorías a la hora de la insurrección.

Por otra parte el 11 de noviembre el Congreso aprobó el fifty- fifty, que incrementaba los impuestos petroleros y trajo reacciones negativas en las transnacionales y en los Estados Unidos. Don Rómulo Gallegos, cuando llegó a La Habana exiliado, expresó que la Embajada de Estados Unidos estaba metida en el golpe. Sin embargo Rómulo Betancourt en su libro “Venezuela, Política y Petróleo”, planteó lo contrario.

Lo cierto es que los Estados Unidos… tampoco expresó inconformidad en 24 de noviembre. Hay silencios muy ruidosos.

VÍCTIMA DE SUS PERSONAJES LITERARIOS

En 1950 Gabriel García Márquez escribió que todo parecía indicar que el Nobel de Literatura de ese año se lo darían a Don Rómulo Gallegos. Eso hubiera sido un golpe moral para la dictadura. Por ello elucubraron maneras para impedir tamaño premio a un Presidente derrocado. A Llovera Páez, miembro de la Junta Militar, se le ocurrió contratar a Camilo José Cela para que escribiera una obra que opacara a Doña Bárbara. ¡Qué barbaridad!

Le ofrecieron 40.000 dólares. El español escribió La Catira, que resultó por decir lo menos una mala imitación, donde los “llaneros” casi que hablaban madrileño. Finalmente abortaron el proyecto que incluía varias novelas tipificando regiones de Venezuela. Gallegos fue candidateado varias veces y jamás recibió el Premio Nobel, y a Cela, se lo otorgaron años después. Cosas veredes Sancho.

A Don Rómulo Gallegos, pacifista desde sus novelas, le aplicaron la violencia de un golpe. Tan pacifista que en La Trepadora, Hilario Guanipa desiste a última hora de su intención de asesinar en una emboscada a Nicolás de Las Casas para que no se case con su hija. Así la novela en lugar de plantear una lucha de clases, se convierte en un símbolo del mestizaje.

En la novela Doña Bárbara, la doña cuando apunta con su arma al corazón a su hija Marisela (hasta rima con Venezuela), ve en sus inocentes ojos reflejada la inocencia que ella tenía años atrás cuando la violaron y acabaron con sus sueños. El amor materno la hace verse en ese espejo, y decide dar a Marisela la oportunidad que ella no tuvo de materializar sus sueños. Y Doña Bárbara escogió perderse en lontananza. Así de manera pacífica se resuelve la gran novela y Santos Luzardo vence a la barbarie.

Pero los golpistas del 24 N, le cambiaron el final a la novela e hicieron al Maestro Gallegos (para muchos el Shakespeare venezolano), víctima de su personaje Doña Bárbara.

BARBARIE

La Barbarie hoy es hambre, abuso de poder, destrucción de las instituciones, elecciones que no reflejan la voluntad del pueblo, eternización en el poder, violación de los derechos humanos, improductividad, populismo, abuso, destrucción de la economía. Algún parecido….

Es que los pueblos están condenados a repetir y repetir y repetir la historia… hasta que se la aprendan. Pueblo repitiente solicita Maestros.

Rafael Gallegos