Populismo doctrinario

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¿Tiene el populismo defensores? Después de 20 años del desastre chavista, debería sorprender que los hubiese. ¿O no? Por el contrario, el populismo cuenta hoy no solo con simpatizantes, sino con abiertos defensores intelectuales. For a Left Populism (Verso, 2018), de Chantal Mouffe, profesora de la Universidad de Westminster, es la más reciente publicación en su favor.

Mouffe evade la discusión sobre Venezuela. Su foco de atención es Europa occidental –cada región, advierte, exige un análisis especial en su contexto–. No se trata de un examen empírico de la experiencia europea, aunque la motiva “el momento populista” como oportunidad para articular una estrategia de “izquierda” con el fin de “radicalizar” la democracia.

Mouffe ha escrito un texto teórico (su especialidad) con afanes activistas. Más activismo que teoría: se aleja del “debate académico estéril” sobre la naturaleza del populismo y reconoce explícitamente que su libro tiene propósitos “partidistas”. Se basa en parte en sus trabajos anteriores, incluidos los escritos con Ernesto Laclau que parecen haber inspirado a Podemos, el movimiento populista español.

Viviríamos, nos dice Mouffe, en una “nueva coyuntura”, fruto de la crisis de la hegemonía neoliberal. “El momento populista” es el nombre que le da a esta coyuntura. A partir de la debacle financiera del 2008, el “modelo neoliberal” perdió su dominio mientras se multiplicaban las demandas insatisfechas del “pueblo”.

Se abrió allí un espacio que en algunas partes ha sido ocupado por los populismos de derecha a los que, Mouffe argumenta, habría que contraponer un “populismo de izquierda”.

Como en otros de sus trabajos, Mouffe busca mover la frontera tradicional de la división “derecha-izquierda” más allá de la ortodoxia comunista que por tanto tiempo dominó la discusión. Muchas de sus reflexiones tratan de resolver la crisis ya prolongada de las socialdemocracias. Hay en su obra un valioso esfuerzo por reconciliar el pluralismo con la democracia, por introducir las preocupaciones ecológicas en el debate y por distanciarse de “extremos”.

Sin embargo, su propuesta queda atrapada en esas fórmulas binarias y simplistas que siempre ven el mundo dividido en dos, en este caso populismo de derecha y populismo de izquierda. No habría otras alternativas. El “centro”, para Mouffe, es una imposibilidad. Su adversario (que termina siendo un enemigo) es el populismo de derecha. ¿Por qué el “populismo de izquierda” es el único remedio para revitalizar la democracia?

Para Mouffe, como lo era para Laclau, la democracia liberal es apenas una contingencia histórica; así como existió, estaría condenada a desaparecer. Quizá. Ello no significa que no tenga valores que deban precisamente defenderse para preservar sus conquistas.

El “populismo de izquierda” parece apostarle a la democracia, pero no así a su componente liberal. Aunque Mouffe acepta y defiende las instituciones del liberalismo político, frente a otros sectores de izquierda, no es claro cómo los derechos individuales, las libertades y la división de poderes estarían protegidos bajo un “populismo de izquierda”.

¿Por qué el “populismo de izquierda” en Europa occidental se comportaría distinto del chavismo? ¿O de los “populismos de derecha”, en sus adversidades contra las libertades y el pluralismo? La pregunta es pertinente, sobre todo cuando Mouffe destaca positivamente el papel del líder como conformador del demos y su defensa de la política emotiva.

Las amenazas del populismo, de derecha y de izquierda, contra la democracia liberal son serias. Y las defensas intelectuales del populismo deben por ello ser debatidas en serio.

Eduardo Posada Carbó

Fuente: https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/eduardo-posada-carbo/populi...