Coronavirus: Alarmante pandemia mediática

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La Tecnología, especialmente la cibernética, ha avanzado a tal ritmo que, exponencialmente, ha rebasado al ser humano. Tanto lo ha hecho que éste se ha quedado corto en su capacidad de asimilar tal cúmulo de avances e informaciones.

La forma de hacerlo ha sucedido con tales detalles que ha surgido una avasallante cantidad de especializaciones que la diversidad de las mentes universales de antes, convencidas en su momento de saber de todo, ya no existen. De igual manera, han surgido tantas especialidades para reducir el campo del aprendizaje, si bien lo que se pretende es poder concentrarse eficientemente en un campo o materia más reducida. ¿Un buen ejemplo?: sin duda alguna, el campo de la medicina humana. Antes los médicos, eran médicos de familia, intentando saber de todo. Hoy los médicos y la medicina humana, por el contrario, se desenvuelven respondiendo a una especie de alianza de cientos de especialidades.

Las redes cibernéticas de la comunicación y de la información ponen a disposición de la sociedad el saber de lo que uno quiera, y, además, el avance y las posibilidades de comunicarse o informarse en tiempo real. El resultado es que eso le permite al ciudadano reducir el mundo al alcance de sus manos. Cualquier acontecimiento que suceda en el Planeta, le llega a la sociedad, indistintamente sea el sitio de ubicación, al momento y en pleno desarrollo de los sucesos.

Son muchos los intereses mundiales que se aprovechan y le dan uso a este enorme y poderoso poder comunicacional, muy especialmente en los campos político y económicos. Es lo que se puede apreciar, cuando el análisis humano se refiere al tema que ha conmocionado al mundo: el tal "Coronavirus".

Con base en una bestial campaña comunicacional global, sus promotores han logrado aterrorizar al mundo, aislando poblaciones y ciudades; incomunicando continentes; paralizando industrias y comercios, además de eventos, como de espectáculos. De igual manera, desplomaron la Bolsa de Valores, pero también agotaron los insumos médicos y hecho posible que el precio del petróleo se haya caído drásticamente. En conclusión, han hecho posible que la tierra se haya convertido mundialmente un total caos.

Sin duda alguna, todo esto no tiene otra finalidad que no sea económica, política y dominio de poder. Lo único que no se puede esconder, son los números. Y más adelante se sabrá quién sacó provecho de todo esto, quién compró o perdió qué. El tema del supuesto y temible “Coronavirus”, obviamente, es un problema de consideración y al que hay que prestarle atención.

¿Pero es realmente algo tan grave, como para que los medios mundiales de comunicación armaran tal escándalo aterrorizando –y sin clemencia ni dudas- al mundo entero?. Adicionalmente, ¿quién paga eso y quién se beneficia del caos? Se afirma que el virus habría nacido en China, concretamente en un laboratorio de armas biológicas, y que por fallas técnicas o humanas ¿quedó liberado?.

Lo cierto es que hay conocimiento público de cifras relacionadas con el número diario de fallecimientos humanos en la tierra, y que es oportuno citarlo, sobre todo en momentos cuando se está haciendo sentir el peso de las decisiones gubernamentales sobre las situaciones de emergencia sanitaria que estarían viviendo tales países por el caso del virus.

Lo que dicen tales cifras, es que –sencillas y realistas- afirman que hoy mueren DIARIAMENTE en el mundo: 49.315 personas por enfermedades Cardiovasculares, 22.465 por Cáncer, 2.109 por VIH Sida, 356 por Mordeduras de Serpientes y 89 por la temible "Coronavirus". Sin duda alguna, al hacer esta comparación, el propósito no es restarle importancia a una epidemia, porque, desde el punto de vista humano, siempre hay que preocuparse, aun cuando sea una sola vida la que se pierda.

Sin embargo, se insiste, aun cuando la vida de un ser humano es importante, lo inaceptable y cuestionable es que, en razón de ciertos intereses oscuros, es que se permitir que la alarma generada sea más dañina que la causa de la misma. Es fácil pronosticar que la desmedida campaña de alarma por el efecto del “Coronavirus”, identificado de ser el causante de aislamiento, inamovilidad, angustias, escasez y pérdidas materiales de todo tipo, han causado más daño y muertos a nivel mundial que los causados por esta epidemia a la que le atribuyeron condición de pandemia.

El tema y sus posibles verdaderas razones imponen la necesidad de asumir una fría y seria meditación sobre hechos, escenarios, protagonistas y eventuales consecuencias. Antes que pánico, obviamente, hay que también ocuparse de la realidad, pero también dedicarse a entenderla a partir de aquello en lo que pueda traducirse la eventual y posible multiplicación de la diaria desaparición de más humanos.

Es que si eso no se asumiera en esos términos y condiciones, incluso con lo que demanda una preocupación de humanos por la vida de humanos, lo que hoy estaría imponiéndose es la vocación y pasión a favor de no atender con responsabilidad el concepto de la verdadera preocupación por la obligación de velar por la vida humana.

Desde luego, mientras tanto y se despejen las abundantes y mortificantes dudas alrededor del tema, es oportuno sumarse a quienes se suman a la idea de tomar medidas de preocupación, pero haciéndolo con calma y que no permitan que la angustia dañe más el ya paupérrimo presupuesto familiar.

En cuanto a las autoridades y el desempeño de las mismas, a partir de la reedición de lo que lideran otros que dicen gobernar, tampoco gobernar equivale a almidonar expresiones para la ocasión y formular anuncios científicos sin soportes humanos ni alcances sanitarios. Reflexionando coloquialmente y acerca de lo que está planteado, innegablemente, el asunto consiste en que “el gobierno se amarre los pantalones”, cumpla con su obligación constitucional de defender el derecho de vivir que tienen los ciudadanos, y, si lo deseara, tiene a su alcance la opción estelar de actualizar el moribundo sistema de salud venezolano.

Egildo Luján Nava