El 2018 fue malo y el 2019 pudiera ser peor

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La mayoría de los venezolanos aviva la esperanza de poder reversar, corregir, recuperar la paz, seguridad, justicia y el bienestar social de todos los ciudadanos. Se trata de los que, además, propician el retorno de esos que llaman "la diáspora venezolana". De los que conforman grupos familiares y seres queridos, que han tenido que emigrar en búsqueda de una esperanza y poder ayudar desde afuera. En lo posible, a los que han tenido que quedarse en la retaguardia luchando y subsistiendo, a la vez que apuestan por el compromiso de abrigar la esperanza de que todo se traduzca en la posibilidad de un nuevo año en el venidero 2019.

Al igual que tantos connacionales buscando luz, fue posible identificar soluciones y, sobre todo, esperanzas. Y eso fue la alternativa de identificar en el "Quinto Congreso de Actualidad Económica" realizado por la Escuela de Economía de la Universidad Católica Andrés Bello, donde varios expertos ilustraron con sus respectivos análisis y pronósticos para lo que resta del año 2018 y el año entrante.

Entre tantos expertos expositores, en sus respectivas conferencias, ninguno asomó esperanzas de mejoras en el porvenir venezolano. Por el contrario, hicieron presente el máximo interés de comentar algunos de los más importantes señalamientos.

Venezuela, básicamente, depende para su sustento económico de su producción y exportación de petróleo, lo que aporta el 96% de los ingresos del país, según Informe de la Academia de Ciencias Económicas. Por el contrario, no hay cifras oficiales publicadas. Lamentablemente, durante los últimos 5 años la producción petrolera ha sufrido un retroceso persistente y permanente. Tomando como base el promedio de producción del año 2017 al día de hoy, ha descendido 587.000 barriles diarios.

A título de cuantificar lo que esto representa en pérdida de ingresos de divisas para la Nación y sus ciudadanos, calculando el barril de petróleo a un precio ponderado de $70, al anualizar la merma, implica una pérdida en ingresos de QUINCE MIL MILLONES DE DÓLARES al año, por tan sólo ese concepto. Adicionalmente, y como agravantes complementarios, se puede señalar que la corrupción, impericia y desvaríos administrativos, se trata de las razones por las cuales se está sufriendo una terrible contracción económica, de hiperinflación y pobreza colectiva.

El Fisco Nacional, al no contar con los ingresos necesarios y caer en situación deficitaria permanentemente, además de haber contraído una enorme deuda externa, no hay cifras oficiales. Y al tener que importar el 80% de todo el consumo interno, especialmente de medicinas y alimentos, como consecuencia de la contracción económica tanto del sector público como privado, donde este último ha anunciado el cierre de empresas o merma de producción en un 80% de las empresas privadas y una reducción de un 70% de la producción agroalimentaria, el efecto no puede ser otro que el ya conocido.

Mejor dicho, así como el gran número de empresas expropiadas o incautadas en manos del Estado todas en condiciones precarias, obviamente, todo ha causado lo que trágicamente se cataloga como una tormenta económica perfecta que azota a Venezuela, de continuar así, y acorde con los pronósticos del Congreso antes señalado.

Según Anova Consultores, ya para el año 2017 hubo 26,3 millones de pobres en la Venezuela de los 30 millones de habitantes, cifra ésta que aumenta sustancialmente día a día y a quienes los ingresos no le alcanzan ni para adquirir la canasta alimentaria. Hoy el costo para cerrar la brecha de la pobreza, es de 15,3 millardos de dólares por año, y es esta cantidad justa y la que hemos dejado de producir en petróleo por impericia, corrupción y falta de mantenimiento en la industria sectorial.

Como dato adicional, es oportuno recordar que para el año 1998, la industria petrolera producía 3.5 millones de barriles diarios, con lo cual actualmente Venezuela estaría gozando de una bonanza económica como cualquier otro de los líderes y ricos países productores petroleros. Hoy se producen escasamente 1.2 millones de barriles diarios, y la Nación continúa en un franco desplome de la producción, de los cuales, entre lo necesario para el consumo interno y lo que se entrega a China, Cuba y otros, como pago de deuda o colaboración a bajos precios y a plazos largos, nos deja un minoritario saldo para vender al exterior de los cuales el mayor comprador es Estados Unidos. Saque usted sus propias conclusiones.

El diagnóstico a futuro, en caso de no haber un cambio radical en la conducción económica, política y social del país, es de pronóstico reservado. De continuar incrementando el déficit fiscal, aumentando en forma desmedida la liquidez circulante, es decir, continuar produciendo dinero inorgánico sin respaldo, que según cifras no oficiales el circulante para el mes de agosto del 2018, antes de haber anunciado oficialmente el explosivo aumento salarial y la lluvia de bonos y remuneraciones adicionales, el monto de dinero circulante era de aproximadamente 64 mil millones de Bs. Soberanos. Y hoy en noviembre del mismo año, es decir, tres meses después, es de 200 mil millones de Bs. Soberanos.

Dicho de otra manera, se cuadruplicó el circulante, con lo cual se ha provocado la hiperinflación más alta y prolongada de la historia económica mundial, que para el año 2019 se habla de cifras que sobrepasan de millones por ciento.

Actualmente, el pronóstico final con estas perspectivas para los venezolanos no podría ser otra que pedirle a Dios que los hijos y habitantes del país se les agarre confesados. De igual manera, que la sindéresis contribuya a quienes tienen la responsabilidad de evitar que todo tienda a hacerse más complicado.
Egildo Luján Nava