El bolívar es la moneda más golpeada del mundo

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En Venezuela, la ciudadanía está obligada a dedicar horas y horas de su tiempo productivo para poder retirar dinero en efectivo de los bancos en donde están depositados sus ahorros. El motivo es que el desorden fiscal y monetario promovido desde las instancias públicas, ha terminado engendrando la destrucción del signo monetario, el bolívar, y haciendo posible que el país sea víctima y pasto de un incontenible déficit fiscal, como de un proceso hiperinflacionario de dimensiones inestimables.

Pero si eso sorprende, lo hace mucho más el hecho de que los llamados a hacerle frente a las causas de dicho problema, las autoridades y sus asesores, dedican también su tiempo productivo en procurar que los venezolanos, por miedo y desconfianza, retiren más dinero de instituciones financieras privadas.

Es decir, unidas “el hambre con el deseo de comer”, y promovidas por los mismos burócratas que visten y calzan al mejor estilo de funcionarios que no comprenden lo que necesitan sus administrados, es comprensible que los observadores del macro hecho insistan en afirmar que lo que aquí se está viviendo, es insólito e incomprensible.

El país de características excepcionales, internacionalmente conocido como lugar en la Tierra bendecido por la naturaleza, gracias al hecho de disponer de cuantiosas reservas y yacimientos de insumos y materias primas de enorme demanda en el medio industrial, además de voluminosas reservas de hidrocarburos, ha terminado convirtiéndose en un petroestado signado por los efectos de una crisis humanitaria.

El lugar del mundo poseedor de estas bondades y bendiciones naturales sufre unas condiciones económicas nunca antes vistas en ninguna parte del mundo. Es el mismo país al que sus administradores de entonces, decidieron desvirtuarle y torcerle los propósitos del Banco Central de Venezuela durante la década de los setenta, hasta hacer posible que comenzara a gestarse la aparición de la inflación más elevada a escala mundial. Imposible evitar, entonces, que su moneda sufriera una pérdida de valor con relación o referencia al Dólar como moneda, a partir de devaluaciones inspiradas y amparadas en controles de cambio, además de una irracional expansión del Estado convertido en promotor de empresas con fines clientelares.

Durante 131 años, incluyendo los 104 del agitado y activo hecho de lo petrolero, el bolívar ha sido el protagonista de un proceso histórico que le ha permitido transitar desde el momento de su innegable poderío, hasta el instante de su inevitable destrucción, por no llamarlo antesala de su desaparición.

En el año 1879, nace el bolívar como moneda nacional. Lo hace con una paridad cambiaria de uno por uno en relación al Dólar. Así sucede hasta 1929, cuando sufre su primera devaluación durante el período presidencial del General Juan Vicente Gómez. Entonces, fue devaluado a Bs. 3,19 por Dólar, lo cual da pie a un valor que se mantiene hasta 1941, cuando fue devaluado otra vez a Bs. 3,35 X $.

Pero en 1964 pasa a Bs. 4,30 X $ y se mantiene estable hasta el 18 de febrero de 1983, en pleno mandato del Presidente Luis Herrera Campíns. Fue el día cuando se hizo presente el “Viernes Negro". Se produce una devaluación de casi el 300% que causa asombro y grandes desajustes, y más al quedar en esa oportunidad en Bs. 11,40 X $. Desde esa fecha hasta 1998, cuando se produce la culminación del período del Presidente Rafael Caldera, comenzó el derrumbe del valor del bolívar, llevándolo a Bs. 575,86 X $. Se hacen presentes desajustes en toda la economía, el populismo se apuntala, y se hace presente la fertilización de la posterior “siembra” de la fractura social venezolana.

Con Caldera en rol de “salvador político y económico de Venezuela”, sin embargo, lo que cosecha la historia venezolana es el inicio de un descalabro económico que convierte a Hugo Chávez en una necesidad gubernamental. Y es así como el citado militar llega a la Presidencia de la República en 1999, gracias a un proceso electoral que se desarrolla con base en reglas democráticas y civiles.

Y lo hace -¿por qué desconocerlo o no admitirlo?- capitalizando dos fracasados intentos golpistas, que más adelante terminarían funcionando como justificación sustitutiva de partidos políticos supuestamente fracasados, y convirtiendo al país en un espacio para improvisar administrativamente desde las instancias públicas. 0, mejor dicho, en un laboratorio político continental, después que se entrecruzan fines individuales y grupales nacidos al amparo del Foro de Sao Paulo, como del Juramento del Samán de Guere, y teniendo a Cuba en rol de epicentro promotor de una teórica transformación política, económica y social regional.

Con Chávez como Presidente, y actuando desde la administración del Estado en obediencia a los fines internos y foráneos que nunca fueron aceptados por los venezolanos como un hecho posible y factible, desde 1999 hasta el 5 de marzo del 2013, cuando el cargo es asumido por Nicolás Maduro Moros hasta 2018, el bolívar pasa a ser una caricatura monetaria. Y todo porque después de 20 años de mandato de lo que denominan período Chavista o de la Revolución del Siglo XXl, el signo monetario sufre una pérdida de valor, a extremos tales que lo lleva a transitar de Bs.575,86 por $, a Setecientos cincuenta y siete millones de Bolívares( 757.000.000,oo) por Dólar, y luego de registrar un proceso devaluacionista que sigue avanzando entre anuncios de nuevos conos monetarios, y, más recientemente, de nueva reforma monetaria.

Sobre utilidad de la última reforma, por cierto, sólo se encuentra asidero y justificación en las instancias públicas que, por motivos políticos, no se atreven a dar el gran paso del ajuste que impone una reforma monetaria integral. Mientras tanto, el Gobierno convive con una hiperinflación que se expande incontrolable, y la ciudadanía lo hace entre hambre, empobrecimiento y la destrucción de su sistema de vida.

En cifras redondas, en abril del 2018 millones de ciudadanos, dentro y fuera del país, registran en su sistema de vida los efectos de una espeluznante devaluación de ciento treinta y un millón por ciento (131.000.000 %). Es decir, de un porcentaje proyectado como un fenómeno negativo que no cabe en ninguna posible proyección económica. Pero, además, que comenzó a darse y desarrollarse durante un corto período en el que ingresó más de un billón de dólares, sólo por concepto de venta de hidrocarburos, sin incluir otros como ingresos fiscales tributarios, además de haberse endeudado en más de 200.000 millones de dólares.

La bandeja del hecho, sobrecargada de evidencias y de responsabilidades, como de obligaciones financieras, comienza a convertirse en motivo para que en los mercados internacionales, Venezuela sea vista en otras comprometedoras situaciones. Es decir, el problema ya no es sólo hiperinflación, crisis humanitaria por carencia de alimentos y de medicinas para la mayoritaria y empobrecida población del país. También se ha hecho presente el surgimiento de un nuevo escenario en el que los “bonistas” defraudados por la ausencia de pagos de intereses y de capital, anuncian estarse organizando para comenzar a reclamar respuestas y debidas cancelaciones. ¿ Incluyendo embargos en momentos de default?.

Las autoridades, exigidas por una campaña electoral que no termina de posicionarse entre una población votante que no sabe cómo satisfacer sus necesidades básicas, insisten en idear e inventar bonos y más bonos rebosantes de bolívares con más valor simbólico que otra cosa. Es lo que se les ocurre y tratan de impulsar, mientras insisten en minimizar la otra cara de lo peor en momentos de fracaso. Y es que Venezuela ha terminado convirtiéndose en una verdadera vitrina de servicios públicos en proceso de colapso, especialmente, después que los presupuestos de dichas instancias operativas se secaron y ya no alcanzan para pagar nóminas, prestaciones, bonificaciones y, mucho menos, alternativas para evitar que sigan las renuncias laborales en masa.

Con un bolívar destruido, sin voluntad administrativa y política para evitar que la hiperinflación se siga haciendo más fuerte cada día, después que en Venezuela se extravió la lógica del valor de las paridades entre el rosario de tipos de cambio, el asunto de fondo trasciende la torpe creencia de que a la población se le convence haciéndole creer que la solución de sus problemas particulares y familiares se harán presentes persiguiendo bancos privados. Tampoco multiplicándole obstáculos a las pocas empresas que funcionan, cuando tratan de subsistir apelando a su salvador costo de reposición.

El complejo momento que vive el país, sin duda alguna, se agrava aceleradamente cada minuto que transcurre. Y el hecho hiperinflacionario, como consecuencia de errores presentes e históricos -si es que aún la burocracia estructurada para hacerle frente sigue sin percatarse- es la verdadera causa de cada problema de hoy, y la responsable de los peores problemas que se harán sentir durante los venideros días. Lo inquietante, desde luego, es que se sigue imponiendo la tesis histórica continental ante experiencia similares: no hay solución posible si la respuesta proviene de una parte de la población. Tiene que darse a partir de una conjunción de esfuerzos entre gobierno y gobernados. A no ser, desde luego, que se pretenda hacer que el país funcione sobre escombros, miseria y violencia.
Egildo Luján Nava

Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso (IPP)