El catire le arrugó la cara a Putin con Rosneft

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La reciente gira que realizó el Presidente Interino de Venezuela, Ing. Juan Guaidó, por Europa y Norte América, ha causado un impacto político mundial muy importante, en relación con la muy lamentable situación geopolítica y social que está sufriendo el pueblo venezolano, a la par del Continente Suramericano.

Con esa gira, quedó sembrada una expectativa muy significativa por el respaldo incuestionable que recibió por el Presidente de los Estados Unidos de Norte América, Donald Trump, en la Casa Blanca, como por el caluroso recibimiento y homenaje ofrecido al también Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela en su visita al Congreso Norteamericano con asistencia plena de ambas Cámaras, Senadores y Republicanos, habiendo sido ovacionando durante su discurso -todos de pie- en dos oportunidades, por la totalidad de los asistentes. Es decir, recibió el respaldo unánime del Gobierno Norteamericano, la nación más poderosa del mundo.

Ahora bien, sin entrar en el tema acerca de "Quién tiene la razón", entre el Gobierno o la Oposición, es importante analizar la situación desde un punto objetivo y pragmático. Esta lucha entre ambas partes está conduciendo a la destrucción del país, y lo lamentable es que ambas partes alegan que la causa es por salvar al país. Sólo que ya el país está diciendo, como expresaba el famoso y muy querido artista Mexicano Mario Moreno “Cantinflas”, "No me defiendas compadre". Porque esta lucha -o permanente diatriba en escalada peligrosa y contagiosa- arruinó al país. De hecho, el fantasma del hambre y de la miseria azota a sus ciudadanos y los ha puesto a huir en desbandada, afectando peligrosamente a todos los países vecinos y de otras latitudes.

Ambas partes deben entender que Venezuela tiene un solo dueño, que es el Soberano, los ciudadanos o el pueblo, el cual ya está cansado de reclamar con miles de protestas a diario y en todo su territorio. Todo está mal. El Gobierno, en sus declaraciones públicas, pareciera que se refiere a otro país imaginario, al pretender convencer de un inexistente bienestar.

Lo cierto es que ningún servicio público funciona. No hay transporte, luz, agua, gas, electricidad, ni combustible. Asimismo, todos los centros de salud están colapsados. Y mientras que el hampa está desbordada, no hay gestión pública que no esté teñida de corrupción o soborno. Por otra parte, los ingresos o salarios rayan en lo ridículo y el hambre es una consecuencia inevitable.

Lamentablemente, esa es la verdadera situación. Y con salarios míseros, bonos, dádivas, CLAP, chambas o Petros, además de otros regalos que no resuelven nada, con una moneda escasa devaluada y que nadie respeta, además de que no alcanza ni para comprar un cartón de huevos o un kilo de queso blanco, y mucho menos una medicina, todo se ha convertido en un motivo para huir del país.

Sin ánimo de entrar en polémicas o de señalar culpables, la verdad es que el país se equivocó: tomó un camino errado. El sistema comunista no funciona y, además, es contagioso: se propaga con su espejismo engañoso que sólo beneficia al cogollo gobernante. La historia del mundo está llena de ejemplos, como el que hoy afecta a Venezuela, y es motivo de rechazo mundial.

Hoy, ambas partes, Gobierno y 0posición, tercamente se rechazan y se empeñan en "Un todo o nada". 0bviamente, así no se logrará una solución. Lo cierto es que el Soberano quiere un cambio de Gobierno. Y en su reciente gira, el Presidente Interino Juan Guaidó logró el respaldo casi unánime del mundo occidental. Dicho respaldo se tradujo en toda clase de ayuda y colaboración, al igual que el sistema financiero mundial, además de haber logrado el compromiso formal de la nación más poderosa del mundo. Los Estados Unidos, el llamado Imperio, ratificó que no descansará hasta lograr un cambio de Gobierno en Venezuela.

El régimen venezolano tiene que entender que, en analogía con el boxeo, un campeón peso pesado no puede ser desafiado y mucho menos boxear con un peso mosca, quien correría el riesgo de morir en el primer asalto. Innegablemente, es una comparación que cualquiera la puede calificar de simplista, pero es muy pertinente.

Por otra parte, Rusia, el único país que se cree poderoso y respalda al régimen venezolano, sigue proyectando ser solamente un Oso de Papel: no aguanta un “templón de orejas” de parte de los Estados Unidos. En esas condiciones, desde luego, resulta difícil que pueda darle seguridad y apoyo al actual Gobierno venezolano.

Recientemente, el Gobierno de Trump sancionó severamente a la empresa bandera petrolera Rusa Rosneft por continuar colaborando con PDVSA en su producción y exportación de crudo. Obvia y lamentablemente, esto agravará aún más la situación de los venezolanos. Ahora: ¿es justo que los venezolanos, por caprichos o ambiciones de algunos, puedan ser privados de ejercer su derecho ciudadano a elegir en unas elecciones libres, un nuevo Gobierno y su propio destino, con un Consejo Nacional Electoral honesto, confiable e imparcial?

A título de información, la revista Forbes publicó unos datos comparativos sobre la economía Rusa y su fortaleza, versus la economía de Estados Unidos. Y se limitó a compararla por sus dimensiones, únicamente con la de uno de los 50 estados Norteamericanos (USA), el de Texas. El Producto Interno Bruto de Texas es de $ 1.7 BILLONES y cuenta con una población de 29,3 millones de habitantes. En su lugar, el Producto Territorial Bruto de Rusia es $1.3 BILLONES, es decir, menor que el de Texas, con una población de 145 millones, equivalente a casi 5 veces mayor que la de Texas.

Realmente, la economía Rusa es dependiente básicamente de su producción petrolera. En cambio, el estado de Texas únicamente depende en un 30% de su petróleo, teniendo obviamente una economía más diversificada y eficiente. ¿Conclusión?: es tan sólo un estado de los 50 que pertenecen al Estado Americano (USA). ¿Cuáles son las conclusiones?.

Es predecible que ningún ciudadano venezolano quiera una invasión o guerra y, menos aún, con semejante desventaja. Únicamente quiere y pretende una salida pacífica, democrática, limpia y ajustada a derecho. Es decir, unas elecciones libres y supervisadas por los Organismos Internacionales, garantizando pulcritud y eficiencia. Pretender hacer demostraciones de fortaleza militar y preparación de tropas, para pelear, no es más que un absurdo. Ningún venezolano aprobaría una guerra o confrontación con el o los países más poderosos del mundo.

Definitivamente, sólo se puede desear la Paz y el progreso de la Patria venezolana, contando con el esfuerzo participativo de la población, y del apoyo y ayuda de casi todos los países del mundo.

Egildo Luján Nava