Sólo el Hombre Comete el Mismo Error Dos Veces

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Muchas personas opinan que el caso cubano es análogo con la lamentable situación venezolana, lo cual es, según nuestra modesta opinión, totalmente equivocado.
En primer término, Cuba fue -y es- una isla del Caribe que difiere en mucho de las características y condición geopolítica de Venezuela. Una isla dependiente básicamente del turismo, que aprendió a lograr recursos y a subsistir obteniendo ingresos amañados de otras naciones, negociando el alquiler de seres humanos como materia prima exportable, calificándolos de mercenarios combatientes, y valiéndose de médicos profesionales de dudosa formación. Es decir, todo un paquete humano que se vende al mejor postor, como mercenarios o como activistas especializados en una supuesta ayuda humanitaria a países subdesarrollados con muchos problemas, especialmente en el sector salud.

El origen de la revolución cubana, iniciada por el dictador Fidel Castro Ruz a principios de los años 50 del siglo pasado, saltó a la palestra pública el 26 de julio de 1953, cuando asalto en Cuba al cuartel Moncada y cae preso, dándose a conocer como un líder noticia a nivel mundial.

Luego, liberado en el año 1956, reinició su revolución y, finalmente, en el año 1959 derroca al dictador presidente Fulgencio Batista. El 22 de diciembre de 1962, en la emblemática plaza de la revolución y frente al Memorial José Martí, se declara marxista-leninista. La historia y los hechos señalan como responsables de este cambio ideológico con sus terribles consecuencias a Estados Unidos, que, para la época, coqueteaba políticamente con el dictador Fulgencio Batista.

Se recuerda que, previamente, cuando Fidel Castro acudió en 1959, en visita oficial a Washington, solicitando solidaridad y ayuda, fue rechazado por el Congreso. Asimismo, el presidente para la época, el General Dwight D. Eisenhower, se negó a recibirlo en audiencia privada. Fue una situación que aprovechó la Unión Soviética, circunscrita hoy a lo que es Rusia, para captarlo y convertir a Cuba en un protectorado fiel y protegido país socialista (Comunista), para, por su intermediación, infectar a toda la América Latina con su devastador virus, y convertirlo en enemigo de los Estados Unidos de Norteamérica.

El caso Venezuela es distinto, pero es una consecuencia del oprobioso régimen cubano. El país era considerado un ejemplo de Democracia en la América Latina, con más de 40 años de tradición como tal. Considerado como el país más rico y estable de este lado del Continente, pero que, a partir de la década de los 80 en adelante, pierde su curso institucional democrático.

Entonces, el enriquecimiento fácil contamina a los partidos políticos, al sector empresarial y a gran parte de la sociedad pudiente, olvidándose de su función social y del apego y protección de sus instituciones. Entonces, se inicia una gran descomposición sociopolítica e incredulidad sobre la dirigencia partidista, que sólo demostraba ambición de poder y acceso a la riqueza.

La decepción y el desencanto ciudadano, la corrupción y el grave incremento de la pobreza aguda en el país, permitió que un advenedizo militar, con un falso discurso, pero esperanzador, aprovechándose de las bondades del régimen democrático, y ofreciendo el Cielo como objetivo, engañó al pueblo y a todos los factores de poder. Con ello, gana las elecciones en 1998, se apodera y destruye al país en 21 años consecutivos en el poder.

Es decir, el pueblo apático y desinteresado se convierte en una gran sociedad de cómplices, y permite la pérdida del país. No se trata de acusar individualmente a nadie, pero los hechos plantean que aquel que se crea inocente sencillamente que lance la primera piedra.

La situación venezolana es distinta a la de Cuba, pero el país ha terminado siendo un apéndice de ella. Incongruencias históricas, Venezuela es un gran país, de una gran extensión territorial, y una amplia disponibilidad de recursos naturales, además, es un pueblo de tradición libertadora y democrática, con una población interna y externamente bien preparada y valiosa. Asimismo, fue catalogado país petrolero importante, cuando llegó a poseer la segunda empresa más importante del mundo, PDVSA, y llegó a producir 3. 5 millones de barriles diarios de petróleo.

De igual manera, es el mismo país que dispone de grandes extensiones de tierras aptas para la producción agropecuaria, además de grandes recursos acuíferos y una ubicación geográfica sumamente importante, catalogados como la puerta de América del Sur. Sin embargo, con innegable apoyo interno, se dejó embaucar por un pequeño país, como es el caso de Cuba, y el soporte ideológico y estratégico apuntalado por el oso comunista.

Innegablemente, si Venezuela termina convirtiéndose en un apéndice rendido ante el sistema comunista, amén de los nuevos componentes globales en rol de aliados de China y de Vladimir Putín y su comandita bélica, todo el Continente Latinoamericano corre el riesgo de caer bajo la misma aureola. No sólo por contar con las mismas debilidades sociales y económicas regionales, sino también porque los propios Estados Unidos, movidos por los alcances de su dominio internacional, ayer desatendieron a sus aliados americanos de la región, y, lo peor, dieron como un hecho que a la zona le bastaba dispensarle un tratamiento de patio trasero.

Nadie discute que los Estados Unidos constituyen la gran potencia americana y mundial de las últimas décadas. Pero eso no los excluye de la obligación de tener que aprender de las enseñanzas de la historia, por lo demás, llena de costosos errores políticos, como de deudas sociales, económicas y hasta morales que todavía sigue pagando América Latina.

En atención a lo que hoy ocupa a Latinoamérica, basta con citar su equivocación durante 1959, al no querer recibir a Fidel Castro y tenderle la mano, y luego en el año 1963, al haberse negado a apoyar a los cubanos en el exilio durante la famosa invasión de Bahía de Cochinos en Cuba.

Entonces, no sólo permitió la siembra de una masacre con la sangre de los miles de cubanos que cayeron en ese fallido desembarco, sino que, además, a la Unión Soviética le cedió terreno político fértil de la región, para consolidar su influencia sobre la Cuba de Fidel Castro.

Dice el dicho que " El hombre es el único animal que topa con la misma piedra dos veces". Y lo que traduce tal expresión con tan profundo sentimiento, es que se confía en que los países americanos no cometan el mismo error. En cuanto al otro refrán sobre el que hay que llamar a la reflexión, es que "Cuando veas las llamas arder en tierras del vecino, pon tus barbas en remojo".

Y ambos sinceros, sentidos y serios sentimientos colectivos, definitivamente, no son manifestaciones superficiales e irrelevantes. Porque, de lo que se trata realmente es que este continente paladín de la Democracia mundial, ha puesto y entregado dolor y sangre para ser libre, vivir en libertad y con conciencia de lo que significa hacerlo en un ambiente de bienestar y progreso. Y sus países no pueden permitir que la pandemia comunista les arrebate su glorioso porvenir, a la vez que otras fuerzas de reconocido comportamiento bélico mundial, se hacen presentes en la cancha de los cambios inevitables regionales, mientras transan espacios de dominio con quienes se hacen del poder, incluso a expensas del hambre y de la miseria regional.
Definitivamente, no hay cabida para más errores. Hay que salvar las que ayer fueron y hoy siguen siendo nuestras patrias latinoamericanas. América para los americanos.

Egildo Luján Nava