Venezuela sumergida en aguas profundas

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El caso y la situación actual venezolana se han constituido en un hecho inédito en la historia mundial contemporánea. Por ser el único país que ha logrado captar la atención de los continentes; también por haberse convertido en un motivo individual que ha generado la atención de un universo de países que han asumido posiciones activas y participativas en cuanto a la terrible tragedia que agobia al pueblo venezolano.

Lo más notorio y lamentable es que el destino del país está dependiendo de una correlación de fuerzas internacionales. El concierto de naciones democráticas, en su mayoría del mundo Occidental, y liderado por Estados Unidos de Norte América, Israel, Canadá, la Unión Europea y la mayoría de los países de toda América, están a favor de un cambio de rumbo en el país. Todos coinciden en que debe producirse un cambio con obediencia estricta a la Constitución, elecciones libres y debidamente supervisadas para evitar fraudes.

Asimismo, también plantean que se debe propiciar el ingreso de una ayuda humanitaria de emergencia paliativa del hambre y la escasez existente de medicinas. De igual manera, recuperar el orden y la economía del país que otrora fuese el más rico de Latinoamérica. Del único país petrolero que se jacta de ser el poseedor de las reservas petroleras más grandes del mundo. Pero que, sin embargo, se encuentra sumido en una miseria catastrófica. Mientras que el mundo Occidental de naciones desarrolladas propugna por un cambio, y exige su retorno a la democracia, a la justicia y a la prosperidad.

La otra parte del mundo, liderado ante esta demanda por Rusia, China, Turquía e Irán, como principales potencias del bloque, defienden y proponen la continuidad al frente del mando del actual régimen venezolano. Ellos, sencillamente, no toman en cuenta que Venezuela ha ido de más a menos. Tampoco que en 20 años continuos del actual Gobierno, la Nación ha quedado en ruinas, llegando a extremos de propiciar una diáspora de más de 3 millones 500 venezolanos de todas la edades, que han abandonado el país en busca de una alternativas para superar sus condiciones económicas y sociales. Y creando un serio problema de alojamiento, servicios sociales y condiciones de sobrevivencia a los países receptores de esa enorme masa humana venezolana.

Lo irracional de esta situación no es que pueda haber diferencias entre los planteamientos de los dos bloques de naciones acerca de cómo recuperar el país, tampoco de cómo beneficiar a los ciudadanos en su tragedia. Eso sería comprensible si ambos bandos estuvieran aportando soluciones positivas para emprender una recuperación. Sí que mientras el Bloque Occidental de naciones libres y democráticas pide y propone contribuir con la recuperación del país, el otro Bloque, liderado por Rusia y China, lo que propone es la continuidad del régimen por 6 años más, para culminar otro período de Gobierno.

Sin entrar en rebuscadas disquisiciones sobre esa diatriba, pero sí en los alcances de la destrucción constante y permanente del que el país ha sido objeto, tampoco se puede ignorar el balance internacional que se hace sobre lo que ha sucedido en el país durante los últimos 20 años consecutivo. Se trata de: alarmantes casos de corrupción; del insólito monto de dinero que se habría movilizado en el territorio nacional como producto del narcotráfico, entre otras tantas irregularidades.

Tal situación ha causando una conmoción financiera negativa a nivel mundial, a tal extremo que se han producido procedimientos jurídicos, políticos y administrativos para poder detectar, bloquear y congelar enormes fortunas de dudosa procedencia en la banca internacional. Especialmente, porque se les ha relacionado con nombres de exfuncionarios del actual régimen o familiares de los mismos. Muchos de los cuales han caído presos o están siendo juzgados en distintos países.

Es absurdo que, tercamente, se insista en que el régimen actual continúe, sin tomar en cuenta la destrucción del país, los escándalos por corrupción a nivel mundial iniciados en Venezuela, ni la opinión negativa mayoritaria del Soberano venezolano. De ese pueblo aguerrido que, valientemente, sin recursos, hambre y afectado por las incidencias de la miseria, ha reaccionado pacíficamente. Y, estimulado por la fuerza de la esperanza, se ha manifestado en contra, pudiendo un cambio. De hecho, últimamente, lo ha asumido a todo riesgo, incluso en concentraciones públicas de calle con millonaria asistencia ciudadana a nivel nacional e internacional.

Esa concurrencia es la expresión del soberano venezolano que tiene derecho a elegir a sus gobernantes. Y si mayoritariamente pide ir a unas elecciones libres para escoger a sus mandatarios, a la vez que plantea hacerlo disipando toda duda, por lo que solicita que se realice un referéndum, si ese fuera el caso, el régimen no puede negarse. Mucho menos si la demanda popular lo que demanda, adicionalmente, es que se haga con un Consejo Nacional Electoral totalmente imparcial, supervisado por organismos internacionales, y que genere las condiciones para que se desarrolle a nivel nacional e internacional, toda vez que en el exterior hoy habita más de un 15 % o más de la población registrada para ejercer su derecho al voto, para determinar si el pueblo quiere ir a unas elecciones libres o no.

Por otra parte, no se le puede negar a ningún pueblo que elija su propio destino y menos amedrentado por sus propias Fuerzas Armadas. Y es eso lo que hoy priva en una curiosa situación venezolana que ha provocado el recuerdo general a nivel popular de lo que alguna vez dijo el Libertador Simón Bolívar: "Maldito el soldado que use sus armas en contra de su propio pueblo".

Avanzan los días. Se intensifican las diferencias. Y la mayoría de los venezolanos, a la vez que ratifica su legítimo derecho a demandar cambios, aboga por una solución cónsona con su determinación de elegir su destino. Después de todo, se trata de un derecho consagrado en la Constitución vigente, y sustentada en principios que hablan de la autonomía de los pueblos. De continuar la tensión y la indeterminación que prevalece actualmente, sólo se logrará un irremediable avance hacia una explosión social que pudiera profundizar una tragedia en el país, y un dolor de dimensiones infinitas en la gran familia venezolana.
Egildo Luján Nava