El payaso perdió la gracia

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La mayor tragedia de un payaso es perder la gracia; entonces, el público no se ríe de sus chistes, no cree sus trucos, el elefante y el viejo tigre lo compadecen, desconsolados saben que llegó el inevitable momento de la despedida. Sucede igual con los gobiernos: cuando pierden la majestad, cuando las mentiras no engañan a nadie, cuando el truco es conocido por todos, cuando nada les sale bien, llegó el momento de cambiar.

Este gobierno de Maduro entró hace rato en esta etapa, el circo está triste, no tiene público, ni el tigre, ni el elefante le creen. Al principio, tenía a su favor el recuerdo del pasado glorioso, cuando las luces iluminaban la actuación de actores de primera calidad; trapecistas, bailarinas, presentadores agradaban a un público que abarrotaba alegre las gradas. Con el tiempo la imitación se descoloró, el maquillaje no pudo ocultar más la verdad, este circo era sólo simulación.

El payaso no aceptó la realidad, no rectificó, al contrario, escogió el camino de la mentira, de atribuir a otros sus culpas. Al principio fue Obama y la comparsa hizo coro: "Obama, deroga el decreto", fue la consigna y millones de firmas de todo el continente se perdieron en las grietas de la cobardía, nunca tuvieron destino. Luego se aplicó el miedo: "ahí viene el coco", "los gringos nos invadirán", "todos a ramplar"; y ahora no son los gringos, son los colombianos. El fiscal, poeta antes, que destruyó a Pdvsa, terminó persiguiendo a unos pobres diablos que hacen honor a su nombre, "los rastrojos", y no ve el rastrojo en su propio país que tiene ya cerca de veinte mil penas de muerte extrajudiciales. Cada vez que el payaso se ve arrinconado por la realidad, cada vez que no puede explicar sus tortas arremete contra Chávez a través de su mejor Ministro: Rafael Ramírez.

No es necesario defender a Ramírez, sería entrar en la distracción con la que el gobierno pretende recuperar la credibilidad perdida. Es suficiente que hablen los números: tres millones de barriles diarios en la gestión chavista, prosperidad total, contra menos de medio millón de barriles de petróleo de la gestión madurista y de Quevedo el triste, miseria total. El resto, diremos junto a Chávez: "el que tenga oídos que oiga, el que tenga ojos que vea".

El circo se marchita, corre el peligro de desaparecer en manos del payaso que perdió la gracia. Tres medidas son necesarias para salvar al país: una, la salida del payaso; la otra, la recuperación de PDVSA, volver a ser un país petrolero ¡con petróleo!, otra, el retorno al camino de Chávez. No caben dudas, el momento es de grave peligro y, simultáneamente, es propicio para recuperar la prosperidad, ya el gobierno está develado como un impostor, esto no es Chavismo. Sabemos que los factores reformistas, tal como lo advirtió el Comandante, se agrupan en los llamados diálogos, intentos de estabilizar la rapiña capitalista; es evidente que Guaidó, Maduro, los minoritarios, todos son en esencia y en apariencia los mismos oportunistas de siempre, instrumentos políticos de los empresarios. Sabemos lo que hay que hacer.

Venezuela no se perderá en manos de estos traficantes, de eso estamos seguros, volverá la alegría… @elaradoyelmar

Toby Valderrama aporrea.org