Editorial: Cuba en crisis, pero no por el embargo

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Cuba no alcanzará la meta de crecimiento del Producto Interno Bruto al cerrar este año, admitió el lunes pasado el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, al inaugurar la Feria Internacional de La Habana (Fihav 2016).

Es posible que la economía ni siquiera crezca el uno por ciento, indicó Malmierca.

El funcionario echó la culpa del fracaso a varios factores: la crisis económica mundial, la dificultad de hacer negocios con empresas de otros países y, sobre todo, el “endurecimiento del bloqueo”, es decir, del embargo que Estados Unidos mantiene contra Cuba desde hace más de cinco décadas.

Pero el gobierno norteamericano no ha endurecido ningún “bloqueo”. En realidad el presidente Barack Obama ha socavado el embargo permitiendo más viajes y dando facilidades al intercambio económico que antes, hace solo unos años, eran impensables. Entre esas facilidades: los ejecutivos estadounidenses pueden ir a Cuba y discutir negocios que actualmente están prohibidos por la ley del embargo, con vistas al momento en que Estados Unidos elimine esa ley. Y desde mediados de octubre, los viajeros que regresan de la isla pueden traer todos los productos cubanos de alcohol y tabaco que deseen para su uso personal.

El régimen cubano ha usado el embargo norteamericano como una coartada para justificar sus fracasos. Y continúa empleando la gastada fórmula. Entretanto, a pesar de las oportunidades que el deshielo en las relaciones con Estados Unidos genera, el régimen sigue aferrado a una retórica que parece más apropiada para la época de la Guerra Fría y la penosa construcción del socialismo, una obra tan inacabada como llena de defectos.

Mientras empresarios y políticos norteamericanos visitan Cuba con frecuencia en busca de oportunidades de inversión y de posibles colaboraciones en proyectos comerciales, el régimen castrista responde con negativas a propuestas de negocios importantes.

El caso de la empresa de cruceros de recreo Royal Caribbean, que lleva meses esperando que el gobierno cubano le dé autorización para operar una ruta a la isla, es un ejemplo entre muchos otros de la renuencia de La Habana a abrir las puertas a empresas norteamericanas que llevarían un necesitado alivio económico.

Entretanto, en el plano interno, el régimen impone controles asfixiantes a las pequeñas empresas privadas. El mes pasado, por ejemplo, el gobierno anunció que no concederá permisos para abrir nuevos paladares, los restaurantes del sector privado cuyo renombre trasciende los límites de la isla, mientras acosa con más restricciones a los que ya existen. “Dueños de 129 paladares o cafeterías recibieron advertencias sobre “tendencias negativas” en esos establecimientos”, indica el artículo La economía cubana se estanca, mientras el gobierno cierra puertas a negocios con EEUU, de Nora Gámez Torres, publicado en el Nuevo Herald el 1 de noviembre.

El gobierno cubano se niega a implementar medidas como, por ejemplo, autorizar que los cubanos puedan comprar productos a través de Internet, y que los cuentapropistas puedan recibir insumos directamente, sin pasar por las manos del Estado. Esas trabas que pone a la actividad privada son obstáculos al desarrollo.

Cuba no alcanzará el objetivo de crecimiento planificado, como admitió Malmierca. Pero no por culpa del embargo, sino por la incapacidad de su gobierno de reconocer que es hora de cambiar su caduco sistema económico e implementar reformas genuinas. El régimen cubano debe admitir que su modelo fracasó.
Junta Editorial de El Nuevo Herald

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/en-nuestra-opinion/article112157...