Editorial: Desde su hogar, Leopoldo López prosigue la gesta por la democracia

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Las primeras imágenes de Leopoldo López en su hogar con sus dos risueños hijos, recién salido del penal militar Ramo Verde para cumplir arresto domiciliario, exponen la alegría de un gran maestro de la moral, del intelecto y de la política; un hombre de convicciones puras que, no obstante los vejámenes padecidos durante tres años y cinco meses de prisión, jamás perdió su cordura ni dejó que fuera vulnerada su integridad.

Para los niños finalmente había llegado a casa su verdadero héroe, un quijote de la democracia venezolana para multitudes que, desde los cuatro puntos cardinales del globo, han seguido el calvario de su familia —y de su país— en una odisea por conseguir su libertad, aún no plena.

Sujetando una bandera venezolana tricolor sobre el pecho, el líder del partido Voluntad Popular, vestido de blanco como el día de su detención, saludó a la multitud de gente apostada frente a su casa. “¡Sí se puede!”, exclamó, en señal de su determinación a continuar la lucha por la paz y el progreso, librando a la patria del yugo del régimen actual. “¡Aquí nadie se cansa, el que se cansa pierde!”

Sin resentimientos ni miedo, y pese a las medidas cautelares que le prohíben expresarse en público, exhortó al pueblo a continuar las protestas en las calles y a votar contra la Constituyente de Nicolás Maduro en el plebiscito convocado por la oposición a celebrarse el domingo 16 de julio. Según sus colegas, salió de la cárcel con más bríos contra sus victimarios y con la meta de edificar la mejor Venezuela, donde las manifestaciones se han cobrado más de 90 vidas desde el 1 de abril.

Ni los barrotes, ni las mordazas, ni las torturas, ni la propaganda en su contra, lograron opacar a López en la prisión. Sucedió lo contrario: su figura se proyectó contundente, obteniendo su mayor timbre de gloria en su bien ganado título del “Nelson Mandela venezolano”.

El estallido social, el alarmante índice de violencia, la hiperinflación y una precariedad material inconcebible en uno de los países con más reservas comprobadas de petróleo en el mundo, plantean una tenebrosa realidad. Y con la Asamblea Constituyente en el horizonte, el país se asoma al abismo de la dictadura.

En ese contexto político, el aguardado retorno de López a su hogar —después de una ola solidaria a la que se sumaron organismos multilaterales y gobiernos de la región exigiendo su libertad— no debe ser usado por el oficialismo radical como maniobra para manipular a la población en su esfuerzo por anular las competencias de la Asamblea Nacional, la única institución en manos de la oposición.

Por el contrario, este acontecimiento tendría que marcar el comienzo de un proceso más abarcador de liberación de unos 430 presos políticos y abrir un nuevo canal de diálogo con los dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática por parte del régimen de Maduro.

Desde el calor de su hogar, López continuará dando lo mejor de sí, al igual que cientos de miles de venezolanos deseosos de recuperar la patria que les fue hurtada. Por la justicia, la libertad y la dignidad humana, el mundo demócrata ha de tender una mano útil y apoyar la voluntad del pueblo en su anhelo de cambio en el timón político.
Junta Editorial: El Nuevo Herald

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/en-nuestra-opinion/article160430...