Editorial: Los niños que mueren de hambre en Venezuela

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Un reciente y demoledor reportaje del New York Times denuncia el efecto letal de la crisis de Venezuela en el sector más vulnerable de la población: los niños pequeños.

El reportaje, escrito por Meridith Kohut e Isayen Herrera, expone el trágico impacto de la escasez de alimentos en el país sudamericano: cientos de niños muertos en pocos meses por desnutrición.

Durante cinco meses, las periodistas observaron los casos atendidos en 21 hospitales públicos, cuyos médicos confirmaron que la cantidad de niños con desnutrición severa no tiene precedentes.

El hambre no es un fenómeno nuevo en Venezuela. Pero según los médicos entrevistados, la cantidad de menores que pierden la vida a causa de la inanición ha alcanzado un nivel alarmante.

Al menos en los 21 hospitales públicos estudiados en el reportaje, las salas de emergencia están llenas de niños con desnutrición grave. Y muchos no sobreviven.

Sus padres también pasan hambre. La escasez devastadora en Venezuela hace que muchas familias no puedan comer lo necesario. Algunas incluso pasan días sin ingerir alimentos.

Muchas madres que no pueden amamantar a sus bebés tampoco pueden conseguir fórmula de leche para alimentarlos. No hay fórmula, o la hiperinflación la ha puesto fuera del alcance de las familias pobres. En medio de la desesperación, las madres tratan de alimentar a los bebés con leche entera o almidón de arroz con agua, lo que sea para llenarles el estómago y evitar que se mueran de hambre en sus brazos. Pero sus débiles estómagos no resisten, y terminan en el hospital, donde con frecuencia faltan suministros básicos como jabón, gasas, etc. Muchas veces, cuando los bebés llegan a la sala de emergencia, su organismo ya está tan deteriorado que no hay posibilidades de salvación.

El gobierno ha ocultado las cifras de muertes por desnutrición. En general da pocos informes sobre la salud en el país. Le da una mala imagen a los planes chavistas de llevar a Venezuela a navegar por los mares de felicidad de Cuba. Pero por mucho que el gobierno trate de ocultarlo, la devastadora realidad es visible. Su retórica se hunde en un mar, no de felicidad, sino de mentiras y tragedias, mientras el hambre está matando a cientos de niños.

El régimen de Maduro no acepta la ayuda internacional que se le ha ofrecido reiteradamente porque la aceptación equivaldría a reconocer que Venezuela sufre una crisis humanitaria.

Maduro dice que los problemas de abastecimiento se deben a la “guerra económica” lanzada contra el chavismo por los empresarios locales y el gobierno de Estados Unidos. Es verdad, hay contrabandistas conocidos como bachaqueros que compran productos subsidiados para revenderlos a precios más altos y obtener una ganancia. Pero achacarles la culpa de la desgracia nacional es una falacia.

La culpa recae sobre un gobierno que se ha dedicado a arruinar la iniciativa privada mientras reprime a la población y ha causado un aterrador desabastecimiento con sus medidas absurdas y arbitrarias. La culpa es de un régimen que no puede enderezar la economía nacional, que ha provocado una catástrofe en la nación y que es incapaz de salvar la vida de los niños que sufren el azote mortal del hambre. La culpa es del sistema que Maduro irresponsablemente insiste en mantener.
Junta Editorial El Nuevo Herald

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es