Editorial: Maduro cada vez más aislado

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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se salió con la suya y llevó a cabo la elección para la Asamblea Constituyente el domingo pasado.

Hizo oídos sordos al clamor del pueblo, que lleva cuatro meses protestando prácticamente todos los días contra el intento del gobernante chavista de redactar una nueva Constitución a su medida. Los venezolanos saben muy bien que la nueva Carta Magna eliminaría los pocos resquicios de democracia que quedan en el país, y permitiría a Maduro gobernar a su antojo, sin una oposición que salga al paso de sus medidas arbitrarias. Por eso han salido a la calle, desafiando la represión de las autoridades y manifestando claramente su afán de cambiar las cosas y salvar a Venezuela de la hecatombe.

Maduro realizó la elección, pero el tiro le ha salido por la culata. Ya el gobierno norteamericano ha congelado todos los activos del mandatario venezolano que están bajo jurisdicción estadounidense, y ha prohibido a los ciudadanos de Estados Unidos hacer negocios con él. El Departamento del Tesoro aclaró que la medida se debe a la alteración del orden constitucional venezolano perpetrada por Maduro al empeñarse en la formación de una Asamblea Constituyente.

El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, dijo que la elección del domingo pasado era “ilegítima” y que confirma que “Maduro es un dictador que hace caso omiso de la voluntad del pueblo venezolano”.
Mnuchin también señaló que cualquier persona que participe en la Asamblea Constituyente puede ser blanco de las sanciones del gobierno norteamericano.

Estados Unidos dijo que desconocerá los resultados de la votación del domingo, y lo mismo anunciaron España y varios países latinoamericanos, entre ellos Argentina, Brasil, México, Perú y Paraguay. Entretanto, la Unión Europea manifestó su “preocupación” por el futuro de la democracia en Venezuela.

En las protestas populares durante la jornada electoral del domingo, fallecieron 10 personas. Desde que comenzaron las manifestaciones contra Maduro, el 1 de abril, más de 100 personas han muerto. Es un saldo muy trágico, y solo un gobernante empeñado en mantenerse en el poder a toda costa es capaz de ignorar las consecuencias de su empecinamiento.

La redacción de una nueva Constitución borraría la misma Constitución promulgada por el antecesor de Maduro, Hugo Chávez, que el presidente actual juró defender. Es una arbitrariedad y una paradoja de desastrosas secuelas.

Pero Maduro se muestra decidido a seguir adelante sin que le importe el clamor del pueblo exigiendo un cambio de rumbo en el Palacio de Miraflores.

La imposición de una dictadura en el país sudamericano solo puede generar una catástrofe. El rechazo de la mayoría de los países del hemisferio, y de muchos gobiernos al otro lado del Atlántico, aísla cada vez más a Venezuela en el escenario internacional. Las enérgicas sanciones de Estados Unidos agravan las tensiones del régimen de Maduro con un importante socio comercial.

En vez de una elección para una Constituyente que no va a mejorar en lo absoluto la penosa crisis política y económica que sufre Venezuela, Maduro debió haber aceptado la voluntad popular y convocar a elecciones generales anticipadas. Esa habría sido la única solución salvadora. Pero Maduro no lo hizo ni da señales de que lo hará. Por ahora mantiene su rumbo errado y desastroso, aunque se quede solo frente a su pueblo y frente al mundo.
Junta Editorial El Nuevo Herald

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/en-nuestra-opinion/article164629...