Editorial: Trump comete un desaire al no ir a la Cumbre de Lima

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La Casa Blanca anunció este martes que el presidente Donald Trump no asistirá a la octava Cumbre de las Américas, que se celebra en Lima el 13 y el 14 de abril. En su lugar irá el vicepresidente, Mike Pence. En realidad, la decisión del mandatario no debería habernos tomado por sorpresa, teniendo en cuenta la forma en que se ha expresado de los latinoamericanos.

La excusa para la ausencia de Trump en la cita continental es que debe quedarse en Washington para hacer frente a la crisis en Siria. Débil excusa. Otros presidentes han honrado compromisos internacionales mientras manejaban situaciones de crisis desde el extranjero. Y el ataque químico presuntamente realizado por el gobierno sirio, aunque criminal y pavoroso, no es la Tercera Guerra Mundial. Trump puede ordenar una respuesta al régimen de Damasco y pasar dos días en la capital peruana sin que ocurra el fin del mundo.

Con la cancelación del viaje a Lima, Trump se convierte en el primer presidente de Estados Unidos que no participa en una Cumbre de las Américas, desde la creación de estos eventos continentales en 1994. Su ausencia suena a desaire. Sobre todo teniendo en cuenta los frecuentes ataques que ha dirigido a los latinoamericanos, empezando en el mismo inicio de su campaña presidencial, cuando afirmó que muchos inmigrantes mexicanos eran narcotraficantes y violadores.

Trump sigue empeñado en levantar un muro en el límite con México para que no entren inmigrantes latinoamericanos, a quienes acusa de traer drogas y crimen a Estados Unidos, a pesar de que los indocumentados, como señala el columnista Andrés Oppenheimer en su artículo La lamentable cancelación de Trump a la Cumbre de las Américas (Trasfondo, 10 de abril) tienen menores tasas de encarcelamiento que los ciudadanos estadounidenses. Hace unos días, Trump anunció que militarizará la frontera con el despliegue de miles de efectivos de la Guardia Nacional, en respuesta a una crisis migratoria que en realidad no existe. Y se ha referido con términos ofensivos a Honduras y a Haití.

A diferencia de los presidentes de las últimas décadas, Trump no visitó América Latina en su primer año en la Casa Blanca. Eso también suena a desprecio. El mandatario podrá afirmar que aprecia a los aliados latinoamericanos, pero su presencia en la Cumbre de Lima habría sido una buena forma de demostrarlo.

Trump también pierde una oportunidad de promover un apoyo continental para enfrentar la crisis en Venezuela y adoptar una posición común más enérgica contra el régimen de Nicolás Maduro. Las sanciones promulgadas en Washington pueden estar bien, pero las decisiones tomadas en conjunto con los líderes latinoamericanos habrían enviado un mensaje poderoso a Caracas.

Trump debió haber asistido a la Cumbre, conocer personalmente a los líderes del continente, compartir opiniones con ellos y aplacar los temores que su política radical y sus comentarios agresivos han despertado. No ir a Lima debilita el liderazgo de Estados Unidos en la región. Y refuerza la percepción de que el gobierno norteamericano desdeña a sus vecinos del hemisferio. Entretanto, otros países, como China, están dispuestos a llenar los vacíos que deja la política impredecible de la Casa Blanca en aspectos como los tratados de comercio internacional, mientras Trump amenaza con actitudes proteccionistas que aíslan a Estados Unidos.

Su decisión de no ir a la Cumbre es un error de política exterior y un acto de desprecio. Una ausencia injustificada que nos aleja, lamentablemente, de nuestros vecinos y aliados.
Junta Editorial El Nuevo Herald

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/en-nuestra-opinion/article208483...