La Asamblea debe plasmar la voluntad de los venezolanos

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En ese glorioso grito por su preciada libertad que brotó de la consulta popular del domingo en Venezuela, el pueblo, permeado de ideales de progreso y justicia, dejó cristalino su anhelo imperioso de trabajar por el rescate nacional y el renacer de la institucionalidad democrática.

La jornada representó una gran manifestación pública de queja por parte de unos 7.5 millones de ciudadanos quienes, no obstante el amedrentamiento de los radicales chavistas, las amenazas contra empleados públicos, la falta de recursos y la censura a los medios, articularon su condena al proyecto de la Asamblea Constituyente citada por el régimen de Nicolás Maduro y, consecuentemente, su rechazo a la dictadura que se ve asomar por todos lados en un laberinto de incógnita salida.

Fue una aspiración unánime encomendar a los parlamentarios de la Asamblea de mayoría opositora la defensa de la patria y, en esa dirección, han procurado también los participantes en la consulta que se renueven los poderes públicos, se cite a elecciones anticipadas y se establezca un gobierno provisional.

La mejor forma –y la más fiel– de no dejar evaporar en vanas afirmaciones dicho entusiasmo, es acatar el mandato expresado por el pueblo venezolano en el plebiscito, formando a la brevedad un gobierno transitorio, desmontando autoridades ilícitas como los magistrados del Poder Judicial serviles del Ejecutivo, e impulsando un proceso de reconciliación liderado desde y para la sociedad civil como principal motor de la construcción de la paz en Venezuela.

Exhortada por la masiva votación contra el chavismo, la oposición en el Parlamento adquiere ahora la obligación moral de intensificar las protestas y la presión con miras a forzar a Maduro a retroceder en su intento por reescribir la Constitución. Que nada los distraiga de la meta en este momento de lucha por el todo o nada.

El presidente del Parlamento, Julio Borges, reiteró el lunes el deber de “materializar ese mandato que nos dio la gente acá, que no haya la Constituyente que una minoría quiere imponer, una renovación de los poderes públicos y la realización de elecciones”. La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) también anunció la activación de la llamada “hora cero”, una hoja de ruta aún no clara enrumbada hacia la recuperación del hilo democrático, la cual baraja manifestaciones callejeras más persistentes.

La primera actividad de protesta será un paro cívico nacional de 24 horas convocado para el jueves. La Asamblea, además, asignará nuevos jueces para el Tribunal Supremo de Justicia, lo que presume la formación de una corte paralela.

Los diálogos en el pasado han demostrado con creces la insinceridad del oficialismo, cuyo objetivo siempre fue afincar más en el poder a Maduro. La tiranía que oprime nunca cambia. Por eso la juventud venezolana, haciendo gala de un espíritu indomable y libertario, continúa corriendo riesgos mortales en las calles, afrontando a un brutal aparato policial.

Llegó la hora de la verdad en Venezuela, un país empobrecido y hambriento donde la inmensa mayoría abriga en su pecho el rechazo categórico y activo al régimen, a saber que en una democracia no puede haber nada ni nadie por encima de la ley. El pueblo se encuentra en estado de rebeldía. El plebiscito lo demostró contundentemente. Es el turno de los líderes demócratas de respaldarlo.
Junta Editorial El Nuevo Herald

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/opinion-es