Bachelet en Venezuela: ¿Cabe esperar algo positivo luego de su esperada visita?

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Al fin la tan esperada visita de la señora Michelle Bachelet a Venezuela se dio. No pocas organizaciones de la sociedad civil e individualidades nacionales e internacionales habían solicitado que se apersonara en nuestro país, a los fines de que in situ constatara horrendos hechos violatorios de los derechos humanos, que muchas veces fueron denunciados y también registrados con lujo de detalles tanto por el departamento de la NNUU que ella hoy dirige como por otras organizaciones internacionales.

Como se sabe, su cargo es el de Alta Comisionada para los Derechos Humanos; muy importante, sin duda, y sobre el cual pesa una gran responsabilidad por la materia tan sensible que debe manejar en un espacio que abarca el planeta entero.

Su figura, vinculada a una afiliación político-ideológica conocida, no ha estado exenta de polémica.

Para nadie es un secreto que es de pensamiento socialista/socialdemócrata. Sus relaciones cercanas y/o amistosas con importantes figuras mundiales de la llamada izquierda, como los hermanos Castro de Cuba, Ortega de Nicaragua, Lula en Brasil y Chávez y Maduro en Venezuela, le ha ganado la animadversión de muchos que se han opuesto o se oponen a los gobiernos que aquellos han presidido.

En su ejecutoria gubernamental -Presidente en dos ocasiones de Chile- se ha conducido en el marco del Estado de derecho liberal de su país, y adelantó, a mi juicio, políticas razonables y beneficiosas en el campo internacional. Obviamente, a su gobierno interna o externamente, se pueden formular críticas puntuales, pero, en definitiva, han sido gobiernos “normales”, sobre todo, no autoritarios, ni en ellos se ha pretendido establecer regímenes totalitarios, como los de sus amigos.

Sin embargo, sobre ella ciertos sectores políticos siguen manteniendo reservas.

Son las que observamos en Venezuela con su visita, que, por cierto, es la ejecución de un mandato de las NNUU emitido por el Consejo de los DDHH de las NNUU en septiembre de 2018.

Está claro que en una visita de un día y medio, prácticamente, no se puede palpar en toda su magnitud la dimensión de la tragedia nacional venezolana. Pretender que ella podría conocer de primera mano todos los problemas es ilusorio. Tendría que instalarse semanas enteras y viajar por todo el país. Porque el verdadero drama venezolano no se puede observar solo en la ciudad capital.

Sin embargo, el equipo de esa Comisión, que ya conoce la situación desde antes de que ella se posesionara del cargo, sí puede dar cuenta con amplitud y profundidad de ella.

El Informe preliminar que han preparado hace algunos meses atrás, es contundente. Casi todas las múltiples denuncias se han corroborado en campo. Son igual o más graves que las de los Informes previos.

Pensar que una individualidad como la señora Bachelet, por estar al frente de ese equipo, pudiera torcer o esconder evidentes y comprobados hechos es un despropósito.

Por otro lado, el hecho de que ella se haya reunido con los representantes de la tiranía no implica ninguna complicidad con sus representantes, ni un juicio de valor respecto del régimen. A ella le corresponde entrevistarse con todos los actores que protagonizan nuestro conflicto doméstico. Se reunió con el Presidente interino de Venezuela, reconocido como tal por más de 50 gobiernos democráticos.

No deberíamos prejuzgar nada sobre los resultados de esa visita, ni creer que ciertos “maquillajes”, al estilo de las aldeas Potemkin, pudieron ocultar la realidad.

Ha sido muy conveniente que la señora Bachelet haya venido al país. Esa visita subraya y confirma, objetivamente, lo que hasta ahora se ha dicho. Que hay una grave crisis política y social que requiere la atención de los organismos internacionales, de toda la Comunidad Internacional.

Bachelet pudo entrevistarse con familiares de víctimas y dirigentes de organizaciones sociales y defensoras de derechos humanos diversas con los cuales pudo compartir momentos muy emotivos. “Sus historias son desgarradoras”, afirmó.

Este viaje refleja una enorme preocupación y le dice al mundo que no es cierto lo que el régimen militar ha pretendido hacer ver acerca de que todo marcharía normalmente en Venezuela, que no existe tal crisis. Hasta Arreaza, conocido por su cinismo y su falta permanente a la verdad, con Bachelet se ha visto obligado a reconocer la violación a los DDHH en el país, cuando habla de “corregir” y “rectificar”.

Nuestra tragedia se agrava con los días. Sigue desbordándose peligrosamente sobre nuestros vecinos más cercanos y más allá.

Solo resta saludar la visita realizada por la señora Michelle Bachelet, y decir que ojalá que su corta estadía logre sensibilizar más al mundo sobre lo que ocurre en Venezuela y también acerca de la necesidad urgente de una pronta solución negociada antes de que sea muy tarde.

Su mensaje final al encontrarse con un grupo de venezolanos nos deja un buen sabor de boca: “Si algo puedo ayudar, estoy dispuesta”. Ya el 20 de Marzo próximo pasado había declarado: “las autoridades se han negado a reconocer las dimensiones y la gravedad de la crisis en materia de cuidados médicos, alimentación y servicios básicos, por lo que las medidas que han adoptado no han sido suficientes”.

El Informe definitivo que deberá presentar Bachelet próximamente sobre Venezuela, con seguridad no diferirá mucho de lo que los anteriores han reseñado.

Solo deseamos que por ahora, al menos, se obtenga del gobierno la libertad de los cientos de presos políticos injustamente encarcelados por el régimen dictatorial que agobia a la sociedad venezolana. Desde el escepticismo, a veces se puede aspirar a un milagro, sobre todo, cuando pensamos en esos venezolanos torturados y vejados salvajemente, y en sus familiares angustiados y sufriendo.

Emilio Nouel V.

Fuente: http://emilionouel.blogspot.com/