He venido a recoger tu imagen

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Ese es el nombre de la primera novela de la venezolana Angélica Alvaray, publicada por Lugar Común Editorial, Ottawa, Canadá 2016 ; fue la culminación de un postgrado en la Escuela de Escritores de Madrid, donde hizo la primera presentación.
El bautizo en Venezuela fue el 23 de julio de este año en la Librería Kalathos con Alicia Sergent y Miguel Delgado Estévez como presentadores.
Se trata de una novela de suspenso, en la que Adrina, la protagonista, vive “escondida en Nueva York” pero “seguía pensando en Venezuela, leía los periódicos locales todos los días, estaba más informada quizá que los que vivían aquí en el día a día”. En esa condición le informan que su mamá, quien sufre de alzhéimer, está perdida. Entonces decide regresar al país para ayudar a Héctor, su hermano, en la búsqueda.
La búsqueda es el inicio del suspenso porque Adriana comienza a develar una imagen de su mamá que para ella era desconocida. Descubre que como profesora de la Universidad Central de Venezuela colaboraba con la guerrilla de los años 60, cuando Fidel Castro era un héroe y sus alocuciones eran seguidas por Radio Habana: “!... El imperio nos obliga… fusilaremos a los gusanos… traidores… venceremos!!! ”.
Descubre que su padre muere víctima de una infección que contrajo mientras estuvo como preso político.
Adriana se encuentra con un país que también parece sufrir de alzhéimer: “… los guerrilleros de ayer son los gobernantes de hoy, varios de esos compañeros de mamá que estuvieron presos en el Cuartel San Carlos ocupan ahora importantes cargos. Lo peor es que seguimos con los mismos problemas, la misma pobreza acumulada como basura en las calles, sin tener claro cómo salir adelante. La violencia nos rodea, nos domina, nos secuestra”. (Pág. 175).
Adriana se refiere a la violencia policial de la Disip de ayer y parece existir poca diferencia con la que hoy aplica el Sebim: “La Disip estaba entrenada para aprovechar ese limbo en el que nadie sabe dónde estás, que se crea justo antes de permitirte llamar por teléfono; te quitan el celular y los reales, la correa y los documentos, y empiezas a ser un cuerpo, sólo un cuerpo sin nombre en una celda anónima, con gente que no sabes por qué estás ahí…” (Pág. 120).
Adriana logra el rescate de su madre en un estado avanzado de alzhéimer: “… no es más que una niña, con atisbos de un pasado que la inquieta, pues lo comprende cada vez menos.” Ante ese cuadro se pregunta lo que nos preguntamos muchos venezolanos en la actualidad: “… será también lo que nos pasa como país, que hemos perdido la memoria y no nos reconocemos en lo que ocurre a nuestro alrededor. Ahora renegamos del pasado y cada quien piensa en un futuro donde el otro no cabe, no existe. Me pregunto dónde está ese país de mi infancia, el que tengo en la memoria, ¿dónde quedó la alegría? ¿la confianza en los vecinos? ¿la certeza de que somos un solo país y no pedazos desgarrados de una sociedad que perdió el rumbo?”. (Pág. 180)

Enrique Rondón Nieto