Cambridge, la semilla de otro momento

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Al principio de la segunda novela del escritor español David Jiménez Torres uno de sus protagonistas conjetura acerca de los acontecimientos que lo han llevado hasta la ciudad universitaria de Cambridge: “…le fascina la idea de que todo momento contiene entre sus pliegues la semilla de otro momento, aunque nadie lo sospeche o pueda hacer algo para impedirlo”.

Al leer dicha reflexión no pude evitar pensar en el propio autor de la recién publicada Cambridge en mitad de la noche (Editorial Entre Ambos), cuya trayectoria he seguido desde que era un adolescente con voraz curiosidad intelectual y evidente vocación literaria. Ya a los 17 años escribió su primer libro, Salter School, que de algún modo iniciaba el periplo interior de un joven inquieto que decidió marcharse de España en busca de su propia voz y cuyo exilio voluntario se prolongó algo más de una década. Nuevamente ha recalado en Madrid, la Ítaca particular de este novelista y profesor universitario que, a los treinta años, asentado en sus orígenes y a gusto en la piel del que retorna con los ojos y el alma llenos de vivencias, ha publicado una historia de desarraigos, conocimiento y también desilusiones. Es Cambridge en mitad de la noche un manual de educación sentimental y académica que parte de la experiencia propia para armar un universo de ficción que arranca su propio vuelo.

Grosso modo, cuatro estudiantes de doctorado en una de las mejores universidades del mundo coinciden una noche en un pub: un español, Alejandro, que cursa estudios hispánicos; Germán, un economista mexicano preocupado por buscar salidas económicas para un país en el que el narcotráfico se ha convertido en una importante fuente de ingresos; la inglesa Jane, un espíritu bohemio que coquetea con los movimientos antisistema, interesada en la poesía vanguardista; y la estadounidense Beth, distanciada geográfica y afectivamente de su familia, y cuya obsesión por el estudio del cáncer parece aliviar sus propias carencias del corazón.

A partir del encuentro fortuito de este cuarteto que retrata la diversidad de estudiantes de todo el planeta unidos por el riguroso microcosmos académico de los doctorandos que habitan las calles medievales de Cambridge, sus vidas se rozan y hasta llegan a mezclarse en el transcurso de una semana. No obstante, la burbuja de orfandad de cada uno los condena a un deambular solitario, amparados en el estruendo de la música en los bares donde los jóvenes sacian sus apetitos carnales para escapar de la servidumbre de los papers, los exámenes finales, las tesinas. Esa carrera por llegar a la meta del muy En Cambridge en mitad de la noche David Jiménez Torres no sólo bucea en el desarraigo de esta comunidad internacional que, en muchas ocasiones, se dedica al estudio de la tierra que dejaron atrás desde el extrañamiento que produce vivir en el extranjero. También es una lectura crítica (y por momentos amarga) de lo que sus personajes llaman el “proletariado intelectual”: esa legión de graduados con doctorados que van de universidad en universidad si consiguen becas, para ser los eternos asistentes de catedráticos endiosados, a expensas de obtener en un futuro lejano un puesto vitalicio.

Alejandro, Germán, Jane y Beth, cada uno a su manera, luchan por procurarle sentido a tantas horas de investigación y estudio para que su esfuerzo intelectual tenga un peso real más allá del eco de la torre de marfil que habitan. Y en el trasfondo de su propia angustia vital se mueven otros personajes en una convulsa historia contemporánea donde los principios de la aldea global chocan de frente con movimientos ultranacionalistas como el Brexit, los populismos de izquierdas y derechas, la peligrosa marginalidad de bolsones yihadistas en el corazón de una urbe moderna como Londres. Este cuarteto de Cambridge (que no de Alejandría), se curte con los desamores, las frustraciones profesionales, el azar maldito. Son los golpes de la vida del gran César Vallejo, que tanto supo de exilios.

En un momento dado otro estudiante, descreído de un mundo académico que para tantos acaba en el desempleo, le dice al grupo con cinismo, “…lo importante en esta vida no es transformar tu disciplina, sino poder pagar un alquiler e irse de vez en cuando con los colegas a tomar unas Guinnes”. Sin embargo, de Cambridge en mitad de la noche se desprende que todo momento, por fútil que parezca, es la semilla de otro que está por venir. La literatura de David Jiménez Torres es la demostración de que el conocimiento y las vivencias transforman. Su viaje de ida y vuelta bien mereció la pena. @ginamontaner
Gina Montaner

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