¿Estamos cerca de ver a una mujer ganar la presidencia de Estados Unidos?

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A vueltas con el dilema acerca de si una mujer puede llegar a ser presidente de Estados Unidos. A estas alturas de la película debería resultar incomprensible que todavía parezca improbable que los votantes elijan a una señora para ocupar la Casa Blanca.

Sin embargo, tal y como se ha podido ver estos días a raíz de la polémica entre los aspirantes demócratas a la presidencia Elizabeth Warren y Bernie Sanders, tan atávico prejuicio pervive en la conciencia colectiva.

Unos días antes del último debate celebrado en Des Moines, Iowa, Warren declaró a los medios que en 2018 el senador por Vermont le dijo en una cena que no era posible para una mujer alcanzar la presidencia. Sin perder tiempo, Sanders lo desmintió, asegurando que nunca le había dicho tal cosa a la senadora por Massachusetts y que siempre ha sido un defensor de la igualdad de sexos.

Como era de esperar, en el séptimo debate entre candidatos demócratas fue inevitable que se le preguntara a Warren sobre tan espinoso tema. Amigos hasta ahora y unidos en la línea más progresista del partido, ésta le quitó hierro al asunto, pero sostuvo su versión de los hechos.

Al final de un intercambio entre aspirantes presidenciales que no tuvo momentos cumbre, lo que acaparó la atención de todos fue una tensa conversación entre ambos en la que trascendió el reproche de Warren: Sanders la había llamado mentirosa en televisión nacional. De inmediato, el presidente Donald Trump se puso de parte de Sanders. Pueden ser enemigos en lo político, pero si se trata de poner a una mujer en su sitio, el primero de la fila es Trump, con un récord lamentable en lo referente al desprecio hacia las mujeres.

No tengo por qué dudar de que en un encuentro privado Sanders pudo darle su opinión a Warren sobre las posibilidades de que una candidata le gane a un hombre, sobre todo si esto ocurrió después de las elecciones de 2016, cuando quedó demostrado que una mujer mucho más dotada intelectualmente y con mayor experiencia política como Hillary Clinton, acabó siendo objeto de burlas y calumnias por parte de un novato millonario como Trump, el cual terminó por imponerse en la urnas aunque sin contar con el voto popular.

De ser cierto que Sanders llegó a decírselo a su hoy oponente, no tenía por qué ser su creencia particular, sino una valoración (discutible) ante hechos como los que se vivieron en la convulsa campaña electoral hace cuatro años, de la que todavía salen los trapos sucios de maniobras para socavar a Clinton que incluyeron las tenebrosas pezuñas del Kremlin para favorecer el triunfo de Trump, hoy envuelto en un juicio político.

¿Podría haberse referido el senador Sanders a una melancólica certeza? La convicción de que hoy por hoy en Estados Unidos, a diferencia de otros países occidentales, no hay mujer que consiga ganar unas elecciones. Porque más allá de la muy vilipendiada Clinton (quien todavía es víctima de campañas de difamación por parte de la derecha extrema Alt Right), sobran las mujeres con currículum y aptitudes que superan a un presidente capaz de anteponer sus intereses personales a los de la nación.

La empresaria republicana Carly Fiorina fue una aspirante meritoria en 2016 a la que Trump descalificó públicamente con comentarios groseros sobre su físico. Y en la campaña de 2020 tanto Warren como Amy Klobuchar tienen un récord como senadoras que dejan pequeño a un mandatario más interesado en broncas en las redes sociales que en leer un libro de historia.

En realidad, las dos candidatas demócratas no tienen nada que envidiarles a los hombres de su partido que compiten con ellas. En el debate del pasado martes Warren les señaló a Sanders, Joe Biden, Pete Buttigieg y Tom Steyer que tanto su trayectoria como la de Klobuchar han sido mucho más exitosas en las elecciones. La primera presenta una agenda más cercana a la socialdemocracia mientras que la senadora por Minnesota defiende un modelo centrista, pero ambas proponen proyectos de gobierno sólidos como alternativas viables y su capacidad dialéctica queda de manifiesto en los debates y declaraciones a la prensa.

Pronosticando el movimiento que encabezara Trump contra la gestión y el legado de Barack Obama, en una entrevista que el comediante Zack Galifianakis le hizo en 2014 al ex mandatario, le preguntó, “¿Cómo se siente ser el último presidente negro de los Estados Unidos?”.

Está por verse si llegará el día en que al menos se le pueda plantear la misma cuestión a una mujer. ¿Quién iba a imaginar que el elefante en la cacharrería seríamos las mujeres? A estas alturas de la película. @ginamontaner

Gina Montaner

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