Louisiana, el pozo negro de los inmigrantes

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Durante años la imagen del inmigrante que cruzaba la frontera desde México era la de centroamericanos que huían de la violencia y la miseria.

Desafortunadamente, no siempre otros grupos de inmigrantes que se han asentado en Estados Unidos se han mostrado solidarios con quienes ingresan al país de forma irregular y sin estatus migratorio que los favorezca.

Bien, en los últimos tiempos, incluso desde antes de que Donald Trump llegara a la Casa Blanca y pusiera en marcha una política antiinmigrantes que pretende recortar drásticamente tanto la inmigración legal como la ilegal, el número de migrantes provenientes de México y Centroamérica ha disminuido.

Ahora, en el cuello de botella que se ha formado en la frontera sur, donde los albergues no dan abasto, llama la atención la cantidad de cubanos y venezolanos a la espera de poder cruzar para, eventualmente, darse de bruces con un futuro incierto en el país donde aspiran recuperar la libertad y la prosperidad que brillan por su ausencia en Cuba y Venezuela.

Como parte de una agresiva política migratoria que ha incluido la separación de familias y largas permanencias en centros de detención, en estos momentos ocho instalaciones concentradas en zonas rurales en el estado de Louisiana alojan aproximadamente a 8,000 migrantes, de acuerdo con datos del Departamento de Fronteras y Aduanas.

La mayoría de estos centros son cárceles o correccionales en desuso cuya administración y personal están a cargo de compañías privadas subcontratadas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en inglés). En estas facilidades muchos de los cubanos y venezolanos que soñaban con emprender una nueva vida hoy están estancados en un limbo que parece no tener fin.

Gracias a los reportajes que mi colega y amigo Rogelio Mora-Tagle ha emitido en la cadena Telemundo, aunque brevemente, se ha podido conocer más acerca de las condiciones que los migrantes están viviendo en estas instalaciones. El veterano reportero mexicano obtuvo permiso para filmar (con muchas restricciones) en el centro correccional de Winn, que tiene capacidad para unos 1,500 reclusos. Aunque no podía acercarse a los migrantes y entrevistarlos, hubo quienes se atrevieron a hablar en voz alta, pidiendo ayuda para que los saquen de ahí. La mayoría, tal y como me ha dicho Mora-Tagle, era de origen cubano y venezolano.

A partir de la serie de reportajes que ha sacado al aire, familiares de los migrantes presos han hablado con Mora-Tagle y los propios detenidos lo han contactado vía telefónica. En los audios se lamentan de que, a pesar de haber superado la entrevista de “miedo creíble” para solicitar asilo, sus casos no avanzan y sencillamente se pudren en unos centros cuyos empleados antes trabajaban para el sistema carcelario.

Los testimonios que salen a la luz señalan maltrato y hasta desatención médica. Un comentario que se repite: el temor que tienen de acabar encerrados en lo que denominan el “pozo”, una celda de castigo a la que supuestamente son confinados si protestan.

Bajo la administración Trump han proliferado los contratos de ICE con estas empresas privadas que ahora hacen su agosto a costa de los migrantes encerrados indefinidamente. Mora-Tagle me señala que han llegado a ganar el doble sólo en pagos que les otorga el gobierno. Se calcula que por cada inmigrante alojado reciben 70 dólares al día. Los inmigrantes tras alambradas de púa hoy representan un negocio rentable que se extiende en lugares apartados de Louisiana, con difícil acceso para familiares y abogados de inmigración.

La política de la Casa Blanca hacia los regímenes despóticos de Cuba y Venezuela es la de ahogarlos con sanciones con la intención de que colapsen. Entretanto, los cubanos y venezolanos que no consiguen llegar a Estados Unidos con visas (el mayor número de inmigrantes indocumentados entra legalmente por aeropuertos y se queda una vez vencida su estadía), se hacinan en estas cárceles que generan sustanciales ganancias.

Sus alegatos en defensa de huir de dictaduras ineficientes caen en el pozo negro de una política impasible frente a las desventuras de quienes buscan una mejor vida en una nación donde han sobrado las oportunidades para quienes han llegado antes que ellos.

No me cabe duda de que Rogelio Mora-Tagle seguirá recibiendo llamadas de inmigrantes encerrados. Nadie escuchaba. Hasta que un día alguien te escucha. @ginamontaner.

Gina Montaner

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