Nuestros muertos durante la pandemia del coronavirus

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Cuando el coronavirus comenzó a arreciar nuevamente en Estados Unidos como consecuencia de una desescalada apresurada en muchas partes del país, los expertos médicos advirtieron de que tarde o temprano casi todos tendríamos conocidos o personas cercanas afectadas por el virus.

En efecto, la propagación del covid-19, con cifras de contagio que producen verdadera alarma, ya no es una mala noticia que se lee en la prensa o se ve en los informativos, sino un episodio doloroso para muchos que tienen amigos enfermos o familiares hospitalizados y en malas condiciones. Es así cómo un sufrimiento que parece lejano se vive en carne propia .

El 1 de agosto mi tío moría en un hospital en Miami tras haber permanecido más de una semana ingresado víctima del COVID-19 . Alex trabajaba en el sector sanitario y a los 69 años y con una diabetes aguda continuó viendo pacientes en medio de la pandemia. Si alguien ha resultado duramente golpeado, han sido los médicos y enfermeros que cada día se juegan la vida en hospitales y clínicas.

Aunque la noche antes de fallecer estaba convencido de que superaría tan dura prueba, finalmente su corazón se rindió a los estragos de un virus que no sólo ataca las vías respiratorias; también puede afectar el sistema vascular.

Como tantas personas en estos momentos, aunque bien atendido, mi tío murió sin el calor humano de familiares que no pudieron estar con él en ese último trance . Posiblemente lo más doloroso de esta situación es que no sólo afecta a quienes se infectan con el virus. Hay enfermos de cáncer que agonizan aislados. Asimismo, muchos ancianos han pasado meses sin ver a sus seres queridos en residencias sitiadas y contaminadas. La soledad y la indefensión más absolutas son señas de identidad de estos tiempos tan desconcertantes .

No podemos resucitar a todas las almas vulnerables que ya no están con nosotros, pero sí es nuestro deber cívico y moral seguir normas sanitarias que contribuyen a frenar el aumento exponencial de casos. Expertos como los doctores Anthony Fauci y la Dra. Deborah Birx, que a duras penas imponen cordura en una administración que prefiere divulgar información sobre remedios de dudosa efectividad, han dicho una y otra vez que el uso de mascarillas, la distancia social y el lavado frecuente de las manos son primordiales . Se trata de recomendaciones básicas y universales.

A diferencia de Asia y Europa, donde a estas alturas el uso de la mascarilla forma parte de la vida diaria sin mayores problemas, en Estados Unidos el debate ideológico en torno a las mascarillas crea situaciones que pueden llegar hasta la violencia . Una discusión bizantina (porque desafía los datos fehacientes de la ciencia) que el presidente Trump ha avivado con declaraciones que contradicen a sus expertos y hasta Tweets que se suman al lado mágico y no al sentido común.

Hace tan solo unos días Facebook (que por otra parte no ha tenido reparos en ser un canal de teorías de conspiración y toda clase de peligrosas supercherías), decidió retirar una información divulgada por la campaña electoral de Trump que se hacía eco de una falsedad: los niños serían inmunes al covid-19, una conjetura que contradice lo que los científicos afirman: los niños sí trasmiten el virus, sobre todo a partir de los diez años y con la misma capacidad vírica que un adulto . Además, aunque no es frecuente, un niño puede sufrir complicaciones si cae enfermo de coronavirus. Son datos que padres y educadores deben tener en cuenta en víspera de que reabran las aulas en algunos estados, con el lógico temor entre los maestros y personal de las escuelas.

La pandemia ya forma parte de nuestra realidad y nos condiciona tanto en el ámbito personal como en el laboral. Más allá de los aciertos y desaciertos de los gobiernos a la hora de gestionar esta crisis global, tenemos la responsabilidad individual de cuidarnos y cuidar al prójimo más allá de las diferencias ideológicas . En este camino escarpado que ahora recorremos se nos puede ir la vida. Hagámoslo por la memoria de nuestros muertos . @ginamontaner.

Gina Montaner