Las negociaciones en Oslo

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Tanto la dictadura de Nicolás Maduro, como la oposición a ésta, representada hoy día por la Asamblea Nacional y su presidente Juan Guaidó, conversaran en Oslo, capital de Noruega, ante el denominado Grupo Internacional, para buscar una solución al agudo y difícil problema de Venezuela. Las expectativas de que se llegue a un arreglo, no son muchas, dada la resistencia del régimen a renunciar al poder, ni a participar en nuevas elecciones; limpias y transparentes, con un nuevo y remozado CNE. Es indudable que bajo esas condiciones, la oposición ganaría holgadamente tales elecciones, vista la baja popularidad actual de Nicolás Maduro en la presidencia de Venezuela.
Juan Guaidó, a nombre de la oposición política y general del país, ha estado pidiendo el cese de la usurpación al poder en Venezuela en forma inmediata y sin condiciones, lo cual implicaría, que de aceptar en Oslo, la propuesta del grupo internacional, tendría que ceder en sus peticiones planteadas al régimen, puesto que se aspira a que las próximas elecciones, se hagan sin la presencia del régimen en estas; razón por las que también estaría cediendo en sus aspiraciones, como líder actual de tal oposición democrática.
Por otra parte, Nicolás Maduro, en su acostumbrada y esquizofrénica retórica de mentir, manipular y jugar al dialogo, negociaciones y a la política; estaría proponiendo a cambio, celebrar nuevas elecciones, para elegir a una nueva Asamblea Nacional, lo que sin duda alguna, de aceptarse, retrasaría enormemente su salida del gobierno, y recibiría aire fresco para seguir con el juego político indefinidamente. O sea, el régimen aparentemente, lo está tomando con calma, pero sin cordura, y actúa tal como dice el popular dicho: “como vaya viniendo vamos viendo”, muy peculiar forma de hacer política, posiblemente aprendida de Cuba.
Los EE.UU., el gran tutor actual de la oposición venezolana, ha anunciado recientemente estar en desacuerdo con nuevas elecciones puesto que está en línea y de acuerdo con la oposición venezolana y con Juan Guaidó, de no aceptar nuevas elecciones con el actual régimen, puesto que lo que se desea, es que vayan pacíficamente del poder y pronto, para poder tener un gobierno de transición, durante el cual se puedan organizar unas nuevas elecciones libres, limpias y transparentes, con otro CNE.
Uno de los grandes problemas en los que se piensa, pero no se atiende, sería la del clamor del pueblo democrático de Venezuela, el cual tacita y literalmente pide la cabeza del déspota de Nicolás Maduro, y de muchos de sus colaboradores. Según las redes sociales, no estarían muy de acuerdo con nuevas elecciones inmediatas, ni con la participación del chavismo en las mismas. En lo personal, estoy de acuerdo con esa posición; lo cual implica que la única salida - visto el fracaso de la persuasión, diálogos, negociaciones, y otros intentos pacíficos fallidos - que estaría pidiendo mayoritariamente el pueblo democrático de Venezuela, es la aplicación de la fuerza militar para sacar a Nicolás Maduro y a sus compinches del poder - incluyendo a Cuba. Esto, para lograr al fin, restaurar la democracia en nuestro país sin interferencias ni sabotajes. Tal salida suena a extremismo y/o fanatismo, pero no lo es. Es realismo. Existen momentos en la vida que no todo es color de rosa. En momentos especiales, vitales e importantes para nuestro futuro, como nos lo demuestra y señala nuestra crítica y actual situación, se debe hacer lo que nos dicte nuestra conciencia. Nuestro pueblo clama por orden, crecimiento, honor, respeto y justicia. Este clamor debe dársele y garantizársele. Si esto no se logra, nuestro pueblo jamás se recuperará de esta derrota tan dolorosa e infame, que nuestros propios políticos y la diplomacia mundial habrían contribuida a infringirle. “Amanecerá y veremos”.
Guillermo A. Zurga