Los presidentes deberían cuidar su lenguaje público y privado

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Seguramente que algunos, de los lectores estarán en desacuerdo con esta afirmación, y alegaran que presidentes y ejecutivos gubernamentales son personas y tienen sentimientos humanos como todos los demás y pueden actuar como les de la gana. Allá los que defienden esa posición. No obstante, el principio y argumentación sobre lo que afirmo sobre algunos “personajes” acostumbrados a blasfemar y actuar indebidamente en público y/o en privado, al hacerlo hacen daño a sus naciones y hieren sensibilidades, susceptibilidades y sentimientos que van más allá de lo político y termina convertido en un problema moral, social y económico. Tal es el inédito caso del actual gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló; quien está siendo cuestionado por el mismo pueblo que lo eligió, dado que consideraban que era un político competente, comedido, sensato y moralmente responsable y violó la confianza de ese pueblo que esperaba una conducta moral a la altura del cargo que ejerce.
Según se sabe fue debido a la divulgación de “chats de Telegram” que detallaban sus conversaciones con algunos colaboradores en las que se burlaban con un lenguaje obsceno de enemigos y aliados políticos. Todo esto, salió a la luz pública y produjo la repulsión masiva del pueblo de Puerto Rico, que furiosamente le exige la renuncia al cargo. Lo más probable es que, más temprano que tarde tenga que renunciar al cargo; esto a pesar de que se disculpo y pido perdón públicamente. Otro opción, es que la de que cámara de representantes le expulse legalmente del poder.
En Venezuela tenemos una especia de karma nacional, puesto que el usurpador del gobierno, se cree muy gracioso y seguro en el poder, razón por la cual su lenguaje usual esta fuera de todo tipo de norma decente. No se sabe a ciencia cierta si lo hace para estar en sintonía con el sector del pueblo humilde que le respalda, o por educación insuficiente, o mala formación intelectual de su persona; o lo hace simplemente para molestar a la oposición. El hecho es que los comediantes y bromistas de Venezuela, se han aprovechado de esta circunstancia, para exaltar al máximo esa particularidad singular del dictador de Venezuela Nicolás Maduro.
Está claro que a él no le importa la opinión del pueblo de Venezuela, puesto que asume que el sector que le apoya aplaude rabiosamente estos desmanes e incoherencias, y además, es el sector al que respeta puesto que lo mantiene en el poder. El otro sector el opositor que condena y combate a su régimen y a esa forma de expresarse y dirigirse despectiva ofensivamente a la nación y al mundo, pareciera que le tiene sin cuidado. Tal como es de esperarse, este último pueblo opositor, le ha pedido la renuncia al cargo y él se ríe y blasfema más fuerte porque se siente fuerte en esa inmerecida silla presidencial como todo un dictador. Obviamente este caso es diferente al de Puerto Rico, y Nicolás Maduro deberá ser expulsado del poder y no precisamente por grosero, sino por criminal, torturador, corrupto, narcotraficante, terrorista y mal administrador, etc.
Sin duda alguna que el mundo está lleno de estos personajes pintorescos e irresponsables, como los aludidos, y cada país los trata y maneja de la forma que según sus costumbres, leyes y cultura les corresponde y les permite, o les censura hacerlo. “Amanecerá y veremos”
Guillermo A. Zurga