Quieran o no, ¡habrá ayuda humanitaria!

Henrique Capriles R.'s picture

Es innegable que las democracias más representativas del mundo entero han reconocido que en nuestra Venezuela hay una crisis humanitaria. No hay secretos ni veladuras.

Es innegable que esta crisis humanitaria es la consecuencia de la corrupción, crueldad y la irresponsabilidad de quienes han gobernado durante las últimas décadas en nuestra Venezuela.

Es innegable que incluso sus cómplices y sus acreedores prefieren no tocar el tema, hacerse los locos y mirar para otro lado, cuidándose de que no se les asocie con el responsable de que en las calles del que alguna vez fuera el país más rico de la región haya gente comiendo de la basura.

Es innegable que cada vez que un funcionario de la cleptocracia intenta mentir, en alguna declaración a algún medio internacional o alguna entrevista, a los periodistas les basta echar mano de cualquier imagen, dato o testimonio para decirles en la cara que mienten.

Y también es innegable que ya están ahí, en nuestras fronteras, las primeras toneladas de ayuda humanitaria que demuestran que Nicolás Maduro y sus cómplices se han quedado solos y que desde las fuerzas democráticas de Venezuela y el mundo se empieza a hacer justicia.

¿Y cuál ha sido la respuesta del régimen? Bloquear puentes con contenedores vacíos, idénticos a aquellos donde alguna vez dejaron que toneladas de comida se pudrieran. Peor aún: llenarse la boca diciendo que “no somos mendigos”, cuando mantienen extorsionados a sus cuadros políticos con cajas de comida que ya no llegan y tienen a los venezolanos buscando comida en la basura.

Hoy nuestra Venezuela padece una necesidad extrema de alimentos y de medicinas que está matando a quienes menos tienen.

Hay venezolanos muriendo de hambre. Hay niños sin fórmulas lácteas. Hay madres dando a luz sobre cartones en el suelo de las maternidades. Hay hospitales sin agua ni electricidad. Hay muertes por mengua en cada dependencia pública.

Hay venezolanos muriendo de malaria, de sarampión, de infecciones que podían haberse curado con antibióticos de los más simples. Hay venezolanos sin tratamientos oncológicos, sin retrovirales y sin diálisis.

Por eso es tan importante que la Asamblea Nacional, y que nuestro Presidente Encargado Juan Guaidó, le hayan dado una relevancia destacada a atender la crisis humanitaria, a conseguir soluciones y a elaborar una estrategia eficaz para recibir la ayuda de todos los países que han decidido apoyar nuestra lucha por devolver la Democracia a Venezuela.

El contraste que hoy pueden cubrir todos los medios internacionales en la frontera de Cúcuta habla más que cualquier análisis político: de un lado la solidaridad internacional y contenedores llenos, con comida y medicamentos disponibles para ayudar a quienes más lo necesitan, y del otro unos contenedores vacíos y un camión destartalado arrancando un puente.

Ése es el contraste más claro entre la nueva manera de hacer Política y el fracaso de la “revolución” y sus prácticas.

Así que al usurpador ahora se le presenta un enorme problema político: eso que varios han llamado “el dilema del opresor”, donde dejar pasar la ayuda que millones de venezolanos necesitan significa reconocer una crisis pero impedir que llegue esa ayuda se traduce en una falta de humanidad que puede terminar de cercarlo y convertirlo en la primera víctima de su soberbia.

Ahora bien: como los líderes debemos ser responsables y hablar claro, para que la gente no se genere falsas expectativas que nos lleven a una decepción. Así que es necesario decir que la ayuda que va a entrar a Venezuela (¡porque va a entrar y no podrán impedirlo!) no es ni la invasión que está diciendo el régimen, ni mucho la solución a todos los males tan grandes que sufrimos. Son años acumulados de destrucción.

La ayuda que va a entrar a Venezuela será una de las primeras y más importantes demostraciones de que existe una estructura de trabajo, una estrategia y un equipo con la capacidad de canalizar desde ya la responsabilidad de ser gobierno y, sobre todo, gobernar con eficacia y generar soluciones.

Un ejemplo claro es la Estrategia Nacional de Atención a la Ayuda Humanitaria, que desde ya comprende tres fases bien determinadas,

PRIMERA FASE: atención temprana dirigida a casos de vida o muerte, poblaciones en vulnerabilidad extrema y estado crítico. Aquí serán prioridad los niños de 0 a 5 años en situación de riesgo nutricional, las mujeres embarazadas y adultos mayores en situación de riesgo nutricional. Además de los pacientes en condiciones de salud crónicas y en situación de emergencia o con necesidad de una cirugía.

SEGUNDA FASE: cuando se consolide el Gobierno de Transición, se iniciarán las acciones para la distribución y el abastecimiento de productos de primera necesidad en alimentación y salud, utilizando la ayuda internacional y las capacidades productivas nacionales de los sectores agroalimentario y agroindustrial.

TERCERA ETAPA: aquí es cuando se van a implementar las políticas sociales, porque será necesaria una estructura de políticas públicas que promuevan el abastecimiento de los alimentos y medicamentos prioritarios.

Sabemos muy bien que la ayuda humanitaria no es la solución de la emergencia y eso se ha dicho claramente. Ahora bien: vamos a asegurarnos de que aquellos que son manipulados y chantajeados por los culpables del hambre y de la miseria ya no tengan miedo, sino soluciones.

Y toda esa ayuda humanitaria entrará al país gracias a una logística coordinada por ONGs con mucha experiencia que trabajarán junto a las iglesias y la Asamblea Nacional. Así que tenemos que entender la entrada de la ayuda humanitaria como un momento político importante, pero no definitivo. Es una acción que pretende detener la cantidad de muertes que resultan de la ineficacia de Nicolás Maduro y sus cómplices, pero también darle la certidumbre al Pueblo venezolano de que el país político que viene sabe identificar las emergencias, sabe cómo atenderlas y sabe cómo defenderlas.

Y es importante que repitamos que no es injerencia militar extranjera, ni una repartidera de comida ni la varita mágica. Se trata de una Estrategia Nacional para salvarle la vida a nuestros hermanos y hermanas, pero también se trata de liberarlos del secuestro político en que los tienen desde hace años.

Y será un momento político muy importante, pero el régimen intentará tergiversarlo, incluso querrán robarse las donaciones o intentarán manipular a quienes todavía tienen miedo.

El problema es que en ese “dilema del opresor” también saben que esas tropas que tienen abandonadas en la frontera no piensan igual que los diez militares de alto rango que trotan los cincuenta metros que aguanta Nicolás Maduro.

Y van a tener que considerar que muchos de los soldados de la Fuerza Armada de nuestra Venezuela quieren ver que esa ayuda entre al país, porque incluso lloran al ver que su pago ni siquiera les alcanza para ayudar a sus viejos, ni para las medicinas de su familia ni para construir un futuro.

Esos soldados hoy ni siquiera pueden comer decentemente ni portar el uniforme con orgullo. ¿Y son esos soldados que unos cuantos generales y coroneles pretenden poner a disparar contra quienes llevarán consigo los medicamentos, los alimentos y los productos de higiene personal que ellos y sus familiares necesitan?

Quizás esté pecando de crédulo. Quizás a algunos les parezca que no estoy considerando factores de otro tipo. Quizás alguien me dirá que en lugar de nuestros soldados terminarán poniendo a unos delincuentes disfrazados a hacer lo que sólo unos delincuentes pueden hacer.

El asunto es que a mí me cuesta dejar de pensar en la indignación y la impotencia de esos soldados, a quienes les prometieron de todo cuando había real y Poder, pero hoy son incapaces de respetar como seres humanos con necesidades, con familia, con hambre.

Y esos militares de la cúpula, que decidieron quedarse enchufados al régimen puede que estén muy dispuestos a mandar a matar a los demás, pero dudo mucho que estén dispuestos a morir por nadie. Varios deben estar calculando para dónde huir y cuánta plata pueden lavar, pero ahí ninguno está dispuesto a meter el pecho por sus jefes, aunque lo acompañen en esas demostraciones que han sido los entrenamientos militares que ya no le meten miedo al Pueblo.

Igual creo que es necesario decirles cuando la ayuda tenga que entrar al país, porque va a entrar, quienes estarán acompañando el cargamento serán las madres, las novias, las hermanas de esos soldados que ya sólo reciben amenazas y castigos.

Ahí es cuando la Ley de Amnistía se convertirá en una salida inmediata para que la tropa le deje saber finalmente al mundo cuánta corrupción y cuántos chanchullos tienen algunos comandantes en los bolsillos.

Ni siquiera el más poderoso de los ejércitos podrá detener una fuerza como ésa, porque es una fuerza que está dispuesta a pelear con las manos y con los dientes el futuro y las vidas de los suyos. Porque nada es más poderoso que un Pueblo armado de certidumbre y esperanza.

Nosotros vamos a demostrar que estamos preparados para atender la crisis humanitaria. En el equipo a cargo de esta labor hay un panel técnico de expertos a quienes respeto mucho. Además, desde las fuerzas democráticas llevamos años denunciando la emergencia humanitaria y solicitando la ayuda internacional a los organismos competentes. De modo que esto debe entenderse, también, como una conquista y un éxito político.

Dos cosas más. La primera es que en este momento la unión entre todas las fuerzas políticas es más que necesaria. Es necesario seguir haciendo presión y trabajar para que la ayuda sea distribuida a las poblaciones vulnerables. La segunda es que debemos insistir en el exhorto a la Fuerza Armada para que permitan la entrada de la ayuda humanitaria y decidan ponerse del lado del pueblo venezolano.

Las cosas están cambiando. Y es evidente. Después de que todo esto pase, quienes manejan la rosca sólo van a salvarse entre ellos. No cuidan a nadie y lo han demostrado. Y llegará el momento en que la excusa de que recibían órdenes no será suficiente.

¡Quieran o no, habrá ayuda humanitaria! ¡Habrá Democracia y habrá Libertad!

¡Qué Dios bendiga hoy y siempre a nuestra Venezuela!
Henrique Capriles