A despertar y reaccionar llaman los obispos

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A falta de líderes, tenemos pastores. Los Obispos han venido llenando el vacío de liderazgo que padece Venezuela. Nunca antes en nuestra historia lo habían hecho como ahora. Es que nunca antes había habido un vacío de liderazgo como el de ahora. En el futuro no se hablará de unos solitarios Monseñor Montes de Oca cuando Gómez y Monseñor Arias Blanco cuando Pérez Jiménez, sino de una Conferencia Episcopal que asumió colectivamente el liderazgo del país ante la orfandad del pueblo por la traición de los políticos que se hicieron colaboracionistas por cobardía o por corrupción. Y sin contar los Obispos con el altavoz de un partido demócrata cristiano que potencie el mensaje eclesial transformándolo en acción política.

Son los Obispos, y no la MUD colaboracionista, los que han dicho categóricamente: “La raíz de los problemas del país está en la implantación de un proyecto político totalitario, empobrecedor, rentista y centralizado que el gobierno se empeña en mantener” (CEV, 12-07-16). Lo que ha resumido el Arzobispo de Barquisimeto, Mons. López Castillo, en distintas ocasiones para que se entienda: “es el comunismo fracasado”, cuyo balance es en palabras de Mons. Padrón: “en la historia del país ningún gobierno había hecho sufrir tanto al pueblo, por acción y omisión, como el de ahora.”

Si estas palabras fueron pronunciadas hace un año ahora adquieren mayor vigencia. Según el FMI el desplome del PIB será del 15% en 2018, que sumado al 16,5% de 2016 y 14% de 2017 significa el colapso de la economía nacional. Simultáneamente el mismo FMI calcula la inflación de 2017 en 2.400% y estima la de 2018 en un horroroso 13.000% con una moneda evaporada cuya cotización es hoy de 263.800 x dólar, equivalente a 263 millones de bolívares viejos cuando en 1998, cuando asumió Chávez, era de apenas 150 bolívares viejos. Son cifras de una catástrofe humanitaria. Es el genocidio de los venezolanos ejecutado por el comunismo importado de Cuba.

Ante esta “dramática situación que afecta a todos, especialmente los más pobres”, los Obispos nos plantean: “hay dos actitudes: la conformista y resignada, de quienes quieren vivir de las dádivas, regalos y asistencialismo populista del gobierno, y otra, la de quienes conscientes de la gravedad de los problemas, buscan instaurar unas condiciones de verdad, justicia e inclusión, aún a riesgo del rechazo y la persecución. La actitud de resignación es paralizante y en nada contribuye al mejoramiento de la situación. Lo positivo y eficaz es el compromiso, la esperanza y la solidaridad.

DESPIERTA Y REACCIONA, ES EL MOMENTO, lema de la segunda visita de San Juan Pablo II a Venezuela (1996) resuena en esta hora aciaga de la vida nacional. Despertar y reaccionar es percatarse de que el poder del pueblo supera cualquier otro poder” (CEV, 12-01-18).

Es resignación seguir a los mismos colaboracionistas de estos veinte años con el pretexto: “es que no hay otro.” Resignación es seguir legitimando todos los fraudes electorales con el pretexto: “es lo único que hay.” Resignación es el disfraz de la cobardía: “si protesto me matan.” Resignación es aceptar la rutina diaria del conformismo. Resignación es el entreguismo sumiso.

Despertar y reaccionar implica organizarse como resistencia contra la narcotiranía servil a Cuba. Una resistencia que prepare otro 23 de enero. Y que para hacerlo con eficacia se organice como ejército civil, siguiendo el ejemplo de la resistencia clandestina de los años 50 contra la anterior tiranía que, a su vez, se inspiró en la resistencia clandestina francesa contra la ocupación alemana. @petitdacosta
Jesús Petit Da Costa
Fuente: http://jesuspetitdacosta.blogspot.com/