Amor platónico con el “Imperio”

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Hipócrita. Así son las relaciones internacionales que se han venido consolidando durante los años de la 'revolución'. Especialmente, cuando de Estados Unidos se trata. Durante la primera etapa de Hugo Chávez, el 'Imperio' era un ícono empleado para transmitir en la población las ideas de luchar contra un Estado opresor que, desde hace décadas, venía robando los recursos del país para satisfacer sus necesidades de crecimiento y control mundial. Una mentira que, así como la pólvora, corrió rápidamente en un sector de la población que consideraba que era mucho más fácil culpar a terceros que asumir su propia responsabilidad y admitir que habían sido sus malas decisiones y una pésima gestión la que había llevado a una carencia social y política.

Ante la alta aceptación ciudadana, Chávez decidió dar un pasó más allá. Aprovechando las críticas internacionales de algunos sectores al gobierno de George W. Bush, el exmandatario inició un ataque frontal contra el cabeza de Estado norteamericano, con el único fin de sumar más apoyo popular entre las clases medias y bajas que le permitieran ganar, estratégicamente, los retos electorales que afrontaba dentro de las fronteras y que buscaban crear un marco legal y político que atara a la "revolución" al poder. De ahí, que diera tanta publicidad a su odio al 'Imperio', atacándole incluso en las reuniones de la ONU.

Como es de costumbre en el pensamiento socialista, la doble moral estaba oculta detrás de las palabras. Mientras frente a las cámaras se hablaba de libertad, olores de azufre y del propio demonio, en la privacidad se llegaban a acuerdos petroleros y los altos funcionarios del país se llevaban millonarias sumas de dinero al 'Imperio' para adquirir propiedades o negocios, los cuales mantenían en secreto como el mejor plan B en el caso de que tuvieran que abandonar el país, contando con una vida ya acomodada en ese país que, en los medios de comunicación, se cansaban de tanto criticar.

Ahora, que Estados Unidos a decidido dar un corte radical a los representantes chavistas y poner bajo la lupa todos los fondos destinados, el discurso ha empezado a cambiar. Ahora, es Nicolás Maduro quien incluso habla en el idioma imperial para solicitar que se retiren todas las sanciones, son los altos funcionarios quienes negocian para la liberación de familiares de la 'primera dama' involucrados en casos de narcotráfico y se hacen campañas donde, a pesar de no querer abandonar el tono beligerante para aguantar la careta un poco más, piden que se acerquen posturas. Especialmente con una condición, que les permitan a los funcionarios rojos rojitos seguir cosechando fortunas al norte del continente.

Todos los intentos han, hasta la fecha, caído en terreno baldío. Los Estados Unidos no solo han seguido firmes en sus sanciones a los representantes del gobierno chavista (lo que no se traduce en un ataque contra los venezolanos ni en una previa a una ofensiva militar como se busca vender en los canales del Estado), sino que además ha aumentado las presiones dentro de las investigaciones sobre narcotráfico proveniente de Venezuela, poniendo encima de las cabezas de las jerarquías del chavismo a la espada de Damocles. Un peligro que, conscientes de sus consecuencias, han intentado evitar a través de un diálogo carente por más de una década, cuando se expulsó a funcionarios norteamericanos y, casualmente, incluso a la DEA.

La "revolución", como todo buen socialista, tiene un discurso antiimperialista y a favor de las clases oprimidas que gritan en alto para distraer las miradas y, con un juego rápido de manos, ir enriqueciendo sus bolsillos. Sin embargo, cuando el 'Imperio' se cansa de ser una excusa para la comodidad de los demás y vela por su propia seguridad, aparece un talante inusual en los "combatientes de guerrilla" que se olvidan del Che Guevara y de las luchas de clases para pedir a Estados Unidos que les devuelva el dinero que, con tanto trabajo, han ido robando a la patria.