Balsas desde La Guaira

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Durante la década de los 90, los venezolanos solían ver con tristeza las trágicas noticias de la dura migración cubana en balsas con destino a Estados Unidos. Los periódicos y los canales de televisión mostraban historias increíbles, como coches transformados en botes improvisados, familias peleando con tiburones y cientos de ahogados que perdieron, entre las olas, las esperanzas de conquistar un futuro mejor. Unas imágenes que, a pesar de la cercanía geográfica, parecían distantes a una sociedad venezolana que viajaba con total comodidad a casi todos los países del mundo.

Los tiempos han cambiado cruelmente para los venezolanos durante los últimos 15 años. Las balsas siguen en las costas cubanas, mientras los aviones amenazan con dejar de volar sobre las pistas de los venezolanos. La migración desesperada ha pasado a ser un problema en común para los dos países, donde un importante porcentaje de la población no concibe, de ninguna manera, un futuro profesional o personal dentro de sus fronteras y son obligados a tener que buscar nuevas oportunidades en otras naciones lejos del hogar.

Si hace dos décadas parecía imposible que Venezuela quedase aislada por vía aérea, en la actualidad es una tesis que toma más fuerza cada día. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) insiste en que el riesgo es real: “las aerolíneas no pueden ofrecer su servicio cuando no hay certeza de pago. El gobierno venezolano ha prometido muchas veces cumplir con sus obligaciones, pero siguen sin cancelarse 4.100 millones de dólares [que deben a las compañías aéreas]”, indicó desde Miami el director de la IATA, Tony Tyler.

La gravedad de la situación hace que sea palpable para los propios ciudadanos que buscan una oportunidad para salir al exterior, ya que encontrar un pasaje resulta tan complejo en la actualidad como comprar una canasta básica en un solo supermercado, esquivar a la delincuencia o encontrar un hospital público dotado de todos los insumos necesarios. Los venezolanos han tenido que pasar por listas de espera, altos precios, largos trámites de solicitud y miles de obstáculos que impiden su acceso al tránsito aéreo internacional. Eso por no ahondar en el caótico proceso de solicitud de divisa extranjera…

Además de coartar el derecho de los ciudadanos a viajar con total libertad, las deudas del Gobierno con las aerolíneas conllevarán a agudizar la crisis económica que afronta el país y que afecta a todos los sectores de la población por igual. “Venezuela, como todos los países, obtiene enormes beneficios de las conexiones aéreas. El transporte aéreo cataliza el crecimiento económico y es un componente clave del bienestar económico de Venezuela (…). Sin conexiones aéreas sólidas al mundo, hay poco chance de una recuperación”, precisa Tyler.

A pesar de que el Gobierno está acostumbrado a tomar medidas sin considerar el impacto o sin importarle las consecuencias, las aerolíneas no están dispuestas a manejar su negocio sobre la base de la incertidumbre, de ahí que “la capacidad internacional hacia y desde Venezuela ha caído un 49% respecto al nivel más alto del año pasado, y se ha reducido un 36% en comparación con julio de ese mismo año”, puntualiza el director de la IATA.

Unos datos que evidencian las medidas drásticas que han sido obligadas a tomar algunas compañías aéreas, tales como la suspensión de las operaciones en Venezuela de Alitalia o Air Canadá, o la disminución en 80% de la frecuencia de vuelos de American Airlines.

La falta de liquidez por parte del Gobierno hace pensar que la situación no mejorará en el corto plazo, lo que llevará a que los venezolanos sigan padeciendo de importantes trabas para salir o acceder al país. Una medida que, evidentemente, impactará negativamente en el turismo, un sector en el que, durante años, se han desembolsado importantes gastos de promoción e imagen.

Durante los últimos 10 años, los ciudadanos del mundo han visto con tristeza las trágicas noticias de la dura migración venezolana hacia Estados Unidos y Europa. Los periódicos y los canales de televisión muestran historias increíbles que, cada vez más, toman un tinte similar al de Cuba. Al parecer, sólo es cuestión de tiempo antes de que las costas de La Guaira se llenen de balsas y la historia se repita. Esta vez, con los venezolanos como protagonistas.

@JosePuglisi