Cómo vencer la “guerra económica”

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Nicolás Maduro ha llamado a vencer la “guerra económica” que existe en Venezuela y, para poder lograrlo, ha solicitado el apoyo de todos los ciudadanos. ¿La primera misión de la batalla?, impulsar la Ley de Precios Justos. Una estrategia que revela el evidente fracaso que tendrá la campaña (incluso antes de la movilización de las tropas), así como pone en evidencia la ausencia de un verdadero cambio, ya que se utilizan viejas tácticas que han demostrado previamente su incapacidad para neutralizar la inflación y/o reducir el desabastecimiento.

Conscientes de la inhabilidad gubernamental para subyugar la situación económica, le ofrecemos otras perspectivas que podrán ser utilizadas para contraatacar y obligar a una retirada del “enemigo” financiero:

Despliegue sistemático: Si algo ha evidenciado la política económica “revolucionaria” es el constante fracaso de imponer leyes, restricciones y controles sobre los mercados. Más allá de promover la competencia justa o la reducción de precios, este modelo ha reprimido a los sectores productivos al punto de estrangular la inversión nacional y extranjera, así como mermar la oferta de bienes y servicios. Una apuesta fallida que, según Maduro, se buscará implementar con mayor fuerza.

La solución estaría, por el contrario, en promover la apertura paulatina de los mercados a través de la reducción de los controles y normativas que coartan la posibilidad del desarrollo. No obstante, ante tantos años bajo regulaciones, se deberá realizar una apertura gradual, comenzando por los sectores más estratégicos a desarrollar y que, per sé, serían capaces de diversificar la economía nacional más allá del petróleo.

Chaleco antibalas: Antes de entrar al campo de batalla, todo soldado deberá vestir las prendas de seguridad personal, como el casco o el chaleco antibalas. En la economía la situación se repite y, antes de entrar en la “guerra económica”, será necesario dotar a las empresas e inversores de la protección de las garantías de seguridad jurídica, derecho a la propiedad privada y estabilidad financiera. Un marco que “blinda” las inversiones y que permite el avance progresivo del desarrollo hasta la conquista plena de todo el territorio.

En Venezuela no existen actualmente estas garantías y las empresas consideran que el desembarco en los mercados nacionales equivaldría al suicidio financiero. Mientras no se ofrezcan algunas seguridades a los inversores, difícil será que salgan de las trincheras para avanzar y, con el paso del tiempo, seguirán desertando para viajar a frentes mucho más preparados, como los de Colombia, Brasil, Chile y Perú.

Fuego a discreción: No es secreto que en esta “guerra” Venezuela se está quedando sin municiones. El país ha buscado recargar a través de bonos, reorganizaciones del control cambiario, acuerdos con China y buscando alianzas comerciales desesperadas con otros países de la región. Sin embargo, los resultados no han sido los esperados y las balas se acaban.

Lo recomendable será establecer una estrategia capaz de centrar los recursos existentes en impulsar la victoria de aquellas misiones clave para el crecimiento financiero. Al mismo tiempo, habrá que apostar más por la astucia que por la fuerza, con el objetivo de captar suministros a través de, por ejemplo, incentivos fiscales que permitan atraer “refuerzos” en sectores estratégicos.

A pesar de que la lista de recomendaciones puede seguir creciendo, de nada sirven los consejos si el Gobierno mantiene su línea de pensamiento que ha conllevado a la población a padecer devaluaciones, elevadas tasas inflacionarias, desabastecimiento, improductividad y altos niveles de desinversión. Su insistencia en implementar un modelo destinado al fracaso ha sido la principal causa de que los venezolanos estén enfrascados en una “guerra económica” que no ofrece ningún resultado positivo para el desarrollo, sino que, por el contrario, lleva a recordar la célebre frase de H.G. Wells: “Si no acabamos con la guerra, la guerra acabará con nosotros”.

@JosePuglisi / Informe21