Cuenta regresiva para comprar conciencias

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El Gobierno ha comenzado su habitual práctica preelectoral. Así como ha realizado desde el inicio de su historia, y copiando modelos de los que tanto critica de épocas anteriores, la ‘revolución’ se ha lanzado a las calles para intentar convencer, en menos de 30 días, de los beneficios de un sistema político que ha venido mostrando sus fracasos de forma sostenida. Conscientes de que las palabras no son suficientes, han optado por lo material, es decir, por regalar cualquier cosa a cambio de un voto en los próximos comicios electorales.

Aunque los recursos son limitados por la caída en el precio del petróleo y crisis económica, el Gobierno ha rasgado los fondos para promover una imagen de trabajo, logros y esfuerzo que le permita convencer a aquellos electores que aún tengan dudas o, al menos, calmar el alto descontento que existe entre sus filas. Al margen de los regalos y beneficios que se han anunciado en las empresas e instituciones del sector público para finales de año, la gran apuesta está en la calle, donde se buscará transmitir una sensación de normalidad, al menos hasta pasar el riesgo del 6 de diciembre.

La apuesta ha sido invertir en aquellos sectores que, aunque han estado olvidados durante los últimos años, les permitan contar con una gran visibilidad mediática y que mejoren su imagen ante la opinión pública. Por ejemplo, la educación. Si bien es cierto que los últimos esfuerzos en el ámbito académico de la ‘revolución’ se limitaron a la implementación de los libros de textos politizados para niños, ahora se les entrega cerca de un millón de tabletas y equipos tecnológicos, así como la inauguración de nuevos centros escolares, como el Liceo Pedro Camejo de Maturín.

Evidentemente, otra de las apuestas del Gobierno ha sido el sector alimentario. Tras haber fracasado con la expropiación de toda la cadena de producción, así como al convertirse en el máximo responsable de la distribución de alimentos (lo que ha obligado a la población a padecer las largas colas para comprar, además de los absurdos índices de escasez y desabastecimiento), ahora anuncian que se replantearán el sistema de producción e importación de alimentos. Por casualidad, justo unos días antes de las elecciones. Sin embargo, no hay que hacerse ilusiones, ya que la propuesta planteada es la de eliminar a los intermediarios, un sector que difícilmente será intervenido, estando conformado, en gran medida, por seguidores y familiares de representantes del régimen.

En línea con el deseo de comprar conciencias, es cuestión de tiempo antes de que sean anunciadas nuevas soluciones en materia de seguridad y sanidad. Dos de los comodines de los que mejor saber hacer uso la ‘revolución’, ya que, aunque nunca se ha realizado ningún esfuerzo real para disminuir la delincuencia o mejorar la asistencia pública, siempre están presentes en el clásico discurso de las mejoras postelectorales que, tras 17 años, siguen sin llegar.

El Gobierno está en su campaña de comprar conciencias, pero cuál es tú precio: ¿una tableta o el bienestar de tu país?

@josepuglisi