Economía, el gran reto de 2016

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La llegada de Año Nuevo es una oportunidad para hacer balances y nuevos planes. En el caso de Venezuela, el 2015 ha dejado poco méritos económicos que recordar, pero sí un largo listado de tareas por afrontar durante los próximo 12 meses. La resolución de los problemas no será fácil, ya que provienen de 17 años de pésimas políticas económicas y de un Gobierno enfocado en convertir el modelo productivo en una maquinaria de votos que se ha quedado seca ante la caída del precio del petróleo y la descomposición del sector privado.

Los analistas advierten que, para obtener un cambio económico real, es básico apostar por un replanteamiento total de la política económica, desmontando los controles que se han impuesto sobre el sector productivo, como han sido la nacionalización de tierras y de empresas, controles de precios, limitaciones de importación y, por supuesto, llevar a una apertura del control cambiario que permita determinar el valor real de la moneda y facilite las operaciones personales y empresariales. Sin embargo, son medidas que, por su carácter, conllevarían a una liberación del mercado y, por ende, a una pérdida del protagonismo oficialista de las finanzas del país.

Al considerar que una economía libre atenta contra las bases del ‘socialismo del siglo XXI’ (no hay que olvidar que, según Hugo Chávez, era “malo ser rico”), el Gobierno ha apostado, como es costumbre, por utilizar excusas que culpen a otros de hechos que, en la práctica, solo remiten a su entera responsabilidad. De ahí, que lejos de establecer un plan coherente que permita garantizar la reconstrucción del Producto Interno Bruto o la contracción de la inflación, la solución ha sido crearse una falsa “guerra económica” en la que involucra, a conveniencia, a Estados Unidos o a la oposición.

Las cifras, sin embargo, desconocen de tretas políticas, por lo que se estima que los próximos 12 meses transcurrirán con un incremento en el Índice del Precio al Consumidor (IPC) superior al 300%, cantidad que podría alcanzar el 800% en el supuesto de que exista una situación política inestable, así como la implementación de una devaluación nacional. Lamentablemente, el rechazo oficialista a los resultados de la última elección (que otorga la mayoría de la Asamblea Nacional a la oposición) y el anuncio de crear un nuevo billete de 500 bolívares, invitan a un caos financiero.

Asimismo, la falta de recursos nacionales limitará aún más la capacidad de importación, por lo que se agudizará la escasez y desabastecimiento de los productos básicos y alimentos, lo que se traduce en un aumento en el número de colas que realizan los ciudadanos para contar con los bienes necesarios para su cotidianidad. Además, se disparará la deuda contraída por el Gobierno con el extranjero, necesitando de fondos que sean capaces de contener, en la medida de lo posible, el desajuste económico propiciado en los últimos 17 años.

La llegada del Año Nuevo es una oportunidad, pero dependerá de las decisiones que se tomen para determinar si será un año próspero o, por el contrario, nuevos meses en los que se condena a la población a combatir contra la pérdida del poder adquisitivo y unas colas cada vez llenas de desesperación ciudadana.