La “emergencia” del chavismo

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El chavismo convulsiona. Las políticas erradas de 17 años consecutivos ahora tambalean, como la espada de Damocles, encima de la cabeza de un régimen que sólo se ha preocupado por aferrarse al poder. El fracaso acumulado ha generado en una anarquía que se vive en las calles con el rostro de la delincuencia y la escasez, haciendo imprescindible la necesidad de un cambio que solo puede alcanzarse por medio de una oposición que, lejos de anhelar poder, sueña con la oportunidad de reconstruir un país. Un cambio que, para quienes han encontrado en el poder Ejecutivo la mejor forma de vida personal, representa una amenaza para todos sus intereses. De ahí, que ahora se apresuren a elaborar los planes económicos y sociales que, por más de una década, habían dejado engavetadas.

Aunque se pudiera pensar que el resultado electoral de la Asamblea Nacional ha invitado a la recapacitación del oficialismo, las propuestas elaboradas durante los últimos días evidencian que no han aprendido nada de los últimos años y apuestan por fórmulas anticuadas y fallidas que, lejos de impulsar el mercado nacional de la mano de la iniciativa privada, buscan que el gobierno adquiera mayor protagonismo financiero y sean los ciudadanos los que paguen todo el precio por medio de la inflación, desabastecimiento y destrucción del sistema productivo nacional. En otras palabras, intentar demostrar una reacción antes las necesidades del país, pero sin siquiera reconocer que han sido sus decisiones las que han ocasionado el problema en un primer lugar.

En este sentido, el Gobierno ha disfrazado de 'emergencia' la situación económica y social en la que ha venido trabajando durante los últimos años con la única finalidad de enriquecer a su más elevada cúpula, al mismo tiempo que obliga a la población en pensar en soluciones para encontrar comida, en lugar de preocuparse en el futuro político de su nación, reduciendo en gran medida la resistencia ciudadana y desarticulando la fuerza de calle que pueda convocar la oposición. No obstante, los resultados electorales les ha obligado a enfundar las máscaras y mostrar a la población una gama de "soluciones" que solo tienen un mensaje: sigamos por el mismo camino que nos ha traído hasta acá.

Como es conocido, el oficialismo utilizará todas las herramientas a su disposición para llegar a su objetivo final. Solo unos días atrás, Nicolás Maduro advirtió que la negativa a su plan de medidas conllevarían a una situación de violencia o de confrontación nacional, lo que permite divisar una posible intención gubernamental por fomentar los actos de agresividad civil con la finalidad de crear un ambiente de tensión social que lleve a la aprobación de su medida. La respuesta deberá estar entre los ciudadanos, quienes deben tener la habilidad para evitar todo tipo de confrontación por el bienestar del futuro de Venezuela.

La emergencia de Venezuela es real, pero no proviene (como buscan hacer creer) desde los intereses del sector privado o del imperialismo, sino de un gobierno autoritario que ha puesto al país en el último lugar y a sus bolsillos en el primero. En este sentido, mientras los venezolanos deben unirse para salvar su futuro, deberán hacer oídos sordos de un régimen que quiere sacar rentabilidad política al daño que ellos mismos han creado al país. Si no se dan los pasos acertados, la gran emergencia será la incapacidad de desconocer un modelo que solo condena a la pobreza y delincuencia.