La política del miedo

José Antonio Puglisi's picture

Cuando los razonamientos se acaban, se enciende la mecha del terror. Los últimos hechos ocurridos en París son una demostración del uso intencionado del miedo para alcanzar un fin que, por otros canales, resultaría imposible. Sin embargo, pensar que las organizaciones terroristas son las únicas que emplean este método, sería ingenuo. En una menor medida, la intimidación también ha estado presente en las últimas campañas oficialistas del Gobierno de Venezuela. Una técnica que, de cara a las elecciones del 6 de diciembre, están siendo desempolvadas.

En más de una ocasión se han pronunciado, desde las altas instancias del poder, amenazas en caso de que los resultados electorales no sean favorables al sector oficialista. Un método de condicionar el voto a través del miedo y de preferir “mantener las cosas como están” a correr el riesgo de padecer sanciones por el simple hecho de ejercer con libertad su decisión política. Lo que comenzó como un simple “cuidado si bajan los cerros”, se ha ampliado en todo el mensaje de las campañas preelectorales, siendo una constancia que, siquiera, los observadores internacionales denuncian.

El epicentro de la campaña se ha centrado en el canal del estado. La programación diaria está otorgando espacios continuos, que deberían estar abiertos a toda la población, para la propaganda oficialista, así como a transmitir los “riesgos” que implicaría un cambio en la actual estructura política del país. Es decir, en el supuesto de que la oposición lograse una mayoría de escaños dentro de la Asamblea Nacional, volteando el porcentaje de comodidad legislativa que ha disfrutado el Gobierno desde más de una década.

Ante el miedo, sólo hay dos fórmulas: huir o enfrentarlos. En la primera, se escapa de la situación, pero sacrificando algunos aspectos básicos de la cotidianidad. En la segunda, se entra en un proceso de autosuperación que, a pesar de los riesgos que conllevan, tendrá la finalidad de superar los temores y seguir avanzando en la dirección deseada. La pregunta, por lo tanto, radica en cuál es el camino que deberá tomar una sociedad que, tras 17 años de amenazas, se enfrenta a una nueva.

El miedo está latente en una población que, acorralada por la inseguridad y la escasez, teme que la situación se vuelva aún más insostenible. Los ciudadanos se aferran a una mínima pizca de estabilidad con la esperanza de que su paciencia sea reconocida por una mejora casi mágica de sus problemas. No obstante, hay quienes obtienen rentabilidad política del terror ciudadano y lo manejan para satisfacer sus intereses políticos, económicos o de poder consolidado. Quizá sea el mejor momento para recordar que los grandes cambios de la historia de la humanidad han sido promovidos desde la valentía y astucia del pueblo y nunca por su capacidad para esconderse de la realidad, tapándose los ojos con las manos o con un voto errado.

@JosePuglisi