Las mentiras “revolucionarias”

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Ustedes mienten, las cifras no. Durante los últimos años, el ‘Socialismo del Siglo XXI’ ha sido la excusa perfecta para desmantelar la estructura de un país que, aún joven y con grandes perspectivas, soñaba con convertirse en uno de los más grandes del mundo. Con un mar de promesas incumplidas y culpables imaginarios, la “revolución” infectó todas las bases estratégicas nacionales, extendiendo sus tentáculos hasta las zonas más nobles del país y nutriéndose con gula de ellas. Los recursos que, durante tantos años se habían cuidado con delicadeza, ahora eran engullidos por unos representantes que desconocían el valor del ahorro y el sacrificio.

Incapaces de saciar su sed, se levantaron banderas de guerra contra los sectores privados y se luchó por las vías legales o ilegales hasta lograr su expulsión del país y, de nuevo, llenar hasta el límite las cuentas de ahorro de quienes, frente a las cámaras, presumían de ser “gente de pueblo”. Usualmente, la mentira era demasiado difícil de contener y las imágenes mostraban las costosas prendas y accesorios que vestían, cuando era evidente que, cualquier persona del “pueblo”, no tendría la capacidad adquisitiva para acceder al mercado de lujo internacional. Sin embargo, las críticas fueron censuradas, mientras que el dedo incriminador hablaba de manipulación mediática.

Con la fórmula de las termitas, la “revolución” agotó los recursos internos, dejando una cáscara vacía que, ante el mínimo toque, colapsa incontenible. Así como ha quedado en evidencia durante las grandes crisis sanitarias, de seguridad ciudadana y servicios públicos (agua, electricidad, transporte), a las que se suman las económicas y políticas. Pero, una vez más, el Gobierno es incapaz de asumir responsabilidades y aboga por una treta tan vieja como la búsqueda de un enemigo externo, escogiendo entre Colombia, Estados Unidos o España a conveniencia.

Las cifras, que desconocen de tácticas políticas, dejan en evidencia la verdad detrás del ‘Socialismo del Siglo XXI’, donde las arcas públicas quedan vacías mientras que varias cuentas en el extranjero de altos funcionarios se van llenado, que la destrucción de todo el sistema productivo nacional tenía por función crear un modelo de importación que está controlado totalmente por personas afines al gobierno (habiéndose denunciado una gran cantidad de casos de corrupción), a lo que se suma la incapacidad para controlar la tasa inflacionaria, la caída del Producto Interno Bruto y, aún más difícil aún, reducir la dependencia a la renta petrolera.

Mientras los oficialistas se llenan el pecho con el tricolor y evocan a discursos llenos del más hueco patriotismo, han sido quienes han tomado las riendas hacia un despeñadero, donde la población mendiga por alimentos, medicamentos y cualquier producto básico, ante la mirada indiferente de un Gobierno cuya única preocupación es seguir aferrado al poder y sacar la mayor rentabilidad económica de su posición. Sus mentiras ya están más de demostradas, pero Venezuela se desangra diariamente, mientras que los rankings mundiales le sitúan como la economía más mísera del planeta.