Latinoamérica despierta tarde y sin fuerza

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Tarde. Así ha sido la reacción de los países latinoamericanos ante la condena de Leopoldo López. A pesar de que durante más de un año se conoció que se trataba de un juicio carente de todas las garantías jurídicas y sometido meramente a intereses políticos, los miembros de la región no han sabido tener márgenes de movilidad para denunciar de forma contundente una violación a los Derechos Humanos y un atentado contra las garantías democráticas de todo ciudadano.

A pesar de que se puede asegurar que desde el Congreso de los Diputados en España o en la Comisión Europea se realizaron pronunciamientos relacionados, la distancia geográfica no ayuda a que sean medidas de presión de alto impacto. Al contrario, de lo que sucede cuando un grupo de líderes latinoamericanos deciden impulsar una causa para luchar contra ese fantasma de los autoritarismos de condenar a prisión a los líderes de cualquier movimiento que se interponga en los intereses del régimen. Hasta la fecha, lo más similar ha sido la reacción por parte del Congreso de Chile.

Un documento aprobado por unanimidad en la Cámara de Senadores mostró el “rechazo al proceso y sentencia que condena a 13 años y nueve meses a don Leopoldo López en razón de haberse vulnerado las garantías de un debido proceso, responsabilizándolo de hechos cuyos autores no han sido identificados”. La carta agrega que “la Organización de Estados Americanos ejerza sus buenos oficios con el objeto (de) que Leopoldo López (y otros opositores encarcelados) sean puestos en libertad”.

La medida, que ha sido la única que ha mostrado contundencia en la región, ha generado el descontento al gobierno de Venezuela, siendo consciente de que una vuelta en el tablero de la diplomacia latinoamericana implicaría un aislamiento superior al que ya padece. Sin embargo, el pronunciamiento del Congreso de Chile no logró el efecto de bola de nieve que se podía esperar, sino que generó un choque directo y bilateral, ante el silencio perturbador de una gran mayoría de gobiernos latinoamericanos.

Otras de las reacciones producidas, aunque en una medida mucho más limitada, ha sido la del gobierno de Panamá. La canciller del país, Isabel De Saint Malo, ha asegurado que están preocupados por el ambiente preelectoral que existe en Venezuela a solo tres meses de los comicios electorales. Sin embargo, las medidas que promueven no son las de liberar a Leopoldo López o a los demás presos políticos, sino en participar como intermediarios en un proceso de paz y diálogo.

Una idea que, a pesar de ser positiva por buscar la conciliación, también debería tomar en cuenta las necesidades de una transparencia en los procesos judiciales y una paralización en la persecución de la oposición venezolana. De poco sirve sentarse a hablar con quienes, una vez terminada las reuniones y apagados los micrófonos, ordenan las detenciones de todos aquellos que sean un estorbo para garantizar la permanencia en el poder de los miembros del régimen.

Latinoamérica ha despertado, pero lo ha hecho tarde y sin fuerzas. Con una resaca política que pone en riesgo la democracia venezolana y de toda la región.

@JosePuglisi